La edad no convierte a nadie en un "jarrón"
Eduardo Ortega HernándezFoto: Eduardo Parra (Europa Press)
Jueves 19 de febrero de 2026
2 minutos
Foto: Eduardo Parra (Europa Press)
Jueves 19 de febrero de 2026
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Ana Redondo, ministra de Igualdad, sobre Felipe González: “Hay jarrones chinos que ya no quedan bien en las estanterías”.
La discrepancia política es legítima. Forma parte del debate democrático. Pero en una democracia constitucional la crítica debe dirigirse al contenido de las opiniones y a la solidez de los argumentos, no a la circunstancia personal de quien los emite ni a su permanencia o no en la política activa.
Cuando se sugiere que alguien “ya no encaja”, especialmente tratándose de una persona de edad avanzada, el mensaje trasciende lo retórico. Se proyecta la idea de que el paso del tiempo resta legitimidad pública. Y esa premisa, aunque formulada mediante metáfora, conecta con un fenómeno jurídico y social claramente identificado: la discriminación por razón de edad.
La igualdad ante la ley (art. 14 CE) no admite categorías selectivas. La prohibición de discriminación incluye también la edad. El edadismo no siempre se manifiesta mediante descalificaciones abiertas; con frecuencia opera de manera sutil, asociando envejecimiento con pérdida de vigencia o de encaje social.
La legitimidad de una opinión no depende de la edad ni del ejercicio actual de un cargo. Depende exclusivamente de la consistencia de sus argumentos.
Por ello, desde una perspectiva de igualdad real y efectiva, el debate político debería elevar su estándar: confrontar ideas, rebatir posiciones, discrepar con firmeza… pero sin deslizar mensajes que puedan interpretarse como desvalorización por razón de edad.
Ministra, la igualdad no tiene límites generacionales. Las personas mayores no son piezas decorativas del pasado, sino ciudadanos con plena dignidad en el presente. Todos podemos atravesar distintas etapas de responsabilidad pública. Pero el derecho a opinar, a participar y a ser escuchado no caduca con el paso del tiempo.


