Juana Rivas

Confieso que me he dejado seducir por Juana Rivas. Me conmovieron sus lágrimas, su forma de reclamar a sus hijas, su imagen de mujer desvalida, sus denuncias, su tristura sin consuelo. Me pareció que era la madre más injustamente tratada del mundo y pienso que ella o es una magnífica actriz dramática o también se lo ha creído. Y ahora, tras esa sentencia que entrega la custodia exclusiva de los niños al padre, tras ver su condena a prisión, ¿en qué se me queda Juana Rivas? En un juguete roto con el que jugaron las televisiones. En un clamoroso ejemplo de cómo una mala asesoría puede arruinar una vida y destrozar a una persona. ¡Una mala asesoría! ¡Qué gran lección política para tiempo electoral!