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Opinión

Parque de El Retiro que estás en los cielos

Enrique J. Salván
retiro

Crónica de un ciclista sesentón en plena desescalada

Contaban nuestras madres la importancia que tuvo para los madrileños la apertura de la Casa de Campo, recién estrenada la República, en 1931. Importancia porque, por primera vez, los ciudadanos españoles podían disfrutar de un parque construido para el uso exclusivo de Reyes y sus nobles servidores. Casi un siglo ha pasado de aquello. Pero esta semana muchos madrileños han sentido el disfrute de una libertad recuperada cuando entraron a alguno de los grandes parques de las grandes ciudades. 

Fue a las seis de la mañana (o hay que decir de la madrugada) cuando este ciclista impenitente se postró frente a una de las puertas principales de El Retiro, el otro gran parque madrileño. Cruzó la puerta de entrada, dejó a su izquierda la verja de hierro y sintió una sensación nueva. Como si la vida tuviese, pese a todo (y pese al coronavirus), esos regalos cotidianos, mucho más sublimes que las grandes hazañas épicas. De la ensoñación, al ciclista sesentón le despertó el sonido de un faisán que ya había madrugado igual que el paseante.

Más verde que nunca

Y el ciclista se adentró, como si fuese la primera vez, por la entrañas del Palacio de Cristal, descubrió que la venerable pareja de cipreses calvos seguía ahí, porque Manu, el jardinero, y toda una cuadrilla se ha ocupado durante semanas en conservar nuestro patrimonio. El Retiro está más verde que nunca, más hermoso, probablemente porque durante dos meses ni los paseantes, ni los turistas, ni los ciclistas, ni los novios a punto de coger la barca del lago, ni los deportistas hemos transitado por sus alamedas pisoteando todo lo que encontramos en medio. ¿O será que los ojos del ciclista sesentón están más abiertos ahora después de la cuarentena?

Más abiertos, sí, para caminar despacio recorriendo algunos de los monumentos del parque. Descubrir que el doctor Cortezo, no es sólo un nombre anónimo en el callejero, sino uno de los primeros protagonistas que se interesaron por la Sanidad, por la reforma sanitaria. El ciclista sesentón, que vivió años después otro intento de reformar el sistema sanitario durante la Transición se pregunta con ingenuidad: ¿Dónde está la reforma prometida? Al menos, nos quedan los profesionales que han velado por nosotros durante esta pandemia

Paseo por monumentos y rosaledas

Y volver a ver el busto de Ponce de León, inventor del lenguaje para sordos o la desconocida estatua de Tolosa Latur, pediatra ocupado en promover la protección de menores. Tantos que hicieron tanto por las cuestiones importantes, aunque sus estatuas sean menos grandilocuentes que la de patricios, reyes y generales. Tienen el tamaño de las personas, de las personas que caminan por el parque, y dirigieron su saber hacia ellas. Pero la Rosaleda está hoy en rojo primaveral. Por más que el paseante no pueda acceder a ella porque ha llegado muy pronto, demasiado pronto a la cita. Y recuerda que en aquel espacio, los madrileños se divertían patinando en una increíble pista de hielo hace cien años.

A punto de retornar a casa para no incumplir los tramos horarios, el parque ofrece otro regalo: en un banco, debajo de un castaño de indias, una madre joven da de mamar a su bebé de apenas un mes de vida. Y el paseante vuelve con el alma ensanchada, tan ensanchada que se permite tomar su primer café en la terraza del bar, recién inaugurada para avanzar en la desescalada.


Enrique J. Salván es periodista especialista en Economía y Comunicación de Crisis, con experiencia de más de 40 años en medios y departamentos de comunicación

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Encar jurado Hace 3 meses
Parque del retiro que estás en los cielos, bendito tu seas entre todos los parques y bendito sea el poder adentrarnos hasta el centro de su corazón el primer dia del pase a la fase 1. Enhorabuena por el articulo.
Carmen Salván Hace 3 meses
Qué bien aprovechas el tiempo, querido primo. ¡Qué envidia de paseo! Te felicito, me gusta tanto lo que escribes...