La jubilación del 'baby boom', una transición que no podemos improvisar

4 min
Artículo de Estrella Martín, experta en talento sénior: "La jubilación del 'baby boom', una transición que no podemos improvisar" Miia

En la próxima década, en España se jubilarán más de cinco millones de personas pertenecientes a la generación del baby boom. No estamos, por tanto, ante un asunto individual ni anecdótico, sino ante una de las grandes transiciones sociales de los próximos años. La pregunta no es solo si el sistema será capaz de sostener económicamente ese cambio, sino si las personas, las empresas y las administraciones estamos preparando suficientemente una etapa vital que puede durar 25 o 30 años.

Esa fue precisamente la razón que me llevó a realizar una encuesta sobre la preparación de la población española para la jubilación, con 532 respuestas válidas de personas residentes en España, en distintas situaciones laborales: personas en activo, autónomas, desempleadas y jubiladas. Quería entender no solo si pensamos en la pensión, sino cómo nos sentimos ante la jubilación, qué recursos consideramos importantes, qué estamos haciendo para prepararnos y qué carencias percibimos.

Una de las ideas que aparecen con claridad es que la jubilación no se puede preparar solo desde lo económico. Las finanzas importan, por supuesto. Tener seguridad económica permite decidir con más libertad y vivir con menos incertidumbre. Pero los datos muestran que, para las personas encuestadas, la salud física y la salud mental ocupan un lugar central. En muchos grupos aparecen incluso por encima de la preocupación económica. Es decir, cuando pensamos seriamente en la jubilación, no pensamos solo en cuánto vamos a cobrar; pensamos también en si tendremos salud para disfrutarla.

Esto debería hacernos reflexionar. Durante años hemos puesto mucho peso en preparar la pensión, pero quizá hemos hablado menos de preparar el cuerpo, la mente, la red social o el proyecto vital. Y, sin embargo, si después de jubilarnos pueden quedar por delante 25 o 30 años de vida, la calidad de esos años dependerá de muchas variables a la vez.

La salud física será decisiva para mantener autonomía, movilidad y capacidad de disfrutar. La salud mental será clave para gestionar el cambio de etapa, la pérdida de rutinas o la adaptación a una nueva organización del tiempo. El bienestar cognitivo será fundamental para seguir aprendiendo, participando y sintiéndonos activos. La red de apoyo personal marcará la diferencia entre vivir esta etapa acompañado o en soledad. Y el propósito vital ayudará a responder a una pregunta que no siempre se formula a tiempo: “¿Para qué quiero estos años?”

La encuesta muestra también que no todas las personas llegan a la jubilación desde el mismo lugar. La edad, el sexo, el estado civil, el nivel educativo, la situación laboral o la categoría profesional influyen en la forma de anticipar esta etapa. Las personas más jóvenes expresan más incertidumbre. Las mujeres muestran mayor preocupación económica y menor percepción de preparación. Las personas desempleadas presentan más carencias en salud mental. Las personas jubiladas, en cambio, suelen manifestar mayor tranquilidad y otorgan más importancia a cuestiones como la autonomía, el aprendizaje, el voluntariado o la contribución social.

No existe una única jubilación

Esto confirma algo importante: no existe una única jubilación. Hay tantas formas de vivirla como trayectorias previas, recursos disponibles, historias personales y redes de apoyo. Por eso tampoco debería existir una única forma de prepararla. No necesita lo mismo una persona que llega a la jubilación con estabilidad económica y buena red social que alguien que afronta esta etapa con incertidumbre financiera, soledad o una salud frágil. No necesita lo mismo quien desea descansar que quien quiere seguir aprendiendo, cuidando, emprendiendo, transmitiendo conocimiento o participando en la comunidad.

Uno de los resultados que más debería hacernos pensar tiene que ver con el propósito. Muchas personas reconocen su importancia, pero lo preparan tarde. A menudo se empieza a pensar en ello en los años inmediatamente anteriores a la jubilación o incluso cuando la jubilación ya ha llegado. Y el propósito no se improvisa de un día para otro. Se construye con tiempo, explorando intereses, vínculos, capacidades, deseos y formas de seguir aportando.

Aquí hay un cambio cultural pendiente. Preparar la jubilación no debería significar vivir preocupados por el futuro, sino llegar a esa etapa con más opciones. Igual que planificamos una carrera profesional, una formación, una mudanza o un cambio importante de vida, deberíamos poder planificar también una etapa que puede durar varias décadas. No para controlarlo todo, sino para llegar mejor.

Esa preparación tiene una dimensión individual evidente. Cada persona debería preguntarse cómo quiere vivir esa etapa, qué recursos necesita fortalecer y qué decisiones puede empezar a tomar antes. Pero no podemos dejar toda la responsabilidad en manos del individuo. Las empresas y las administraciones públicas también tienen un papel importante.

Papel de las empresas en la transición hacia el retiro

Las empresas podrían acompañar mejor las transiciones hacia la jubilación. No solo desde la gestión administrativa de la salida, sino desde una mirada más humana y estratégica: programas de preparación, transferencia de conocimiento, mentoría, salidas progresivas, orientación sobre salud, bienestar, finanzas y propósito. En una sociedad longeva, acompañar bien la última etapa profesional debería ser tan importante como acompañar la incorporación o el desarrollo del talento.

Las administraciones públicas, por su parte, deberían impulsar una mayor concienciación social sobre lo que significa prepararse para una jubilación larga. No basta con hablar de pensiones. También hay que hablar de prevención, autonomía, participación, salud mental, aprendizaje a lo largo de la vida, redes comunitarias y lucha contra la soledad no deseada.

La jubilación no es solo un asunto privado. Es también un desafío social. Si millones de personas van a vivir dos o tres décadas tras dejar su trabajo principal, necesitamos que esos años sean años de calidad, de autonomía, de participación y de sentido. Eso beneficia a cada persona, pero también al conjunto de la sociedad.

Quizá la pregunta no sea solo si podremos jubilarnos. La pregunta, cada vez más urgente, es cómo queremos vivir todo lo que viene después.

Y para eso hace falta algo más que esperar a que llegue el momento. Hace falta prepararlo.