Un personaje de John Steinbeck dice en Las uvas de la ira que “los gobiernos se preocupan más de los muertos que de los vivos”. Los periodistas, también. Murió Blanca Fernández Ochoa y se confirmó: ahora, los jóvenes se enteran de la gran deportista que fue; los mayores nos enteramos de que era tan desdichada que no se rechazó la hipótesis del suicidio y de que, lejos de tener una vida holgada, sufría problemas económicos. Cuando vivía, nadie le preguntó si necesitaba algo. Nadie fuera de su familia se preocupó de auxiliarla. La dejamos pasar de la gloria al silencio y del silencio a la desesperación. Y, como siempre, nos disponemos a hacerle un gran entierro. En este país sigue siendo preciso morir para que te hagan justicia. Y algo peor: para recordar que existías.

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Thers Hace 2 meses
Totalmente de acuerdo. El olvido del ser, de aquellos que vivieron y levantaron sus vidas, la de sus familias. Aportaron valor a la vida de otras personas, y después, el olvido más absoluto. Ojala seamos capaces de vibrar con el alma y acariciar a cada ser. Gracias.