Fernando Ónega
Opinión

La señora del cava

Fernando Ónega
La señora del cava

Este verano me fascinó una señora fantástica. Me interesé por ella una tarde que la vi tomándose un vino en la terraza del hotel. Hablaba por teléfono con alguien a quien aseguraba que no había probado el alcohol en todo el mes de agosto. Al día siguiente la vi en el desayuno: iba como una estrella de cine, elegante y con una pamela que parecía una maceta de flores. De bebida no tomó un zumo, tomó su copa de cava. Y así la contemplé todos los días: sola, con su móvil y su colección de pamelas, siempre impecable. Entendí que había resuelto el drama de la soledad. Mentía en lo del vino, pero a mí me pareció una dulce mentira. Calculo que había cumplido los 90 años. Desayunar con cava a esa edad me pareció envidiable. Sueño con envejecer y mentir como aquella señora.

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