Joaquín Ramos López
Opinión

Paliativos: dignidad de vivir y morir

Joaquín Ramos López
Las claves de la nueva ley de eutanasia: quién, cómo y cuándo se podrá solicitar

Hará un año aproximadamente que acudí curioso al debate en una Mesa de Expertos convocada por la Universidad de Barcelona que reunía Representantes de Áreas y Disciplinas, públicas y privadas, relacionadas con la presentación en el Congreso de los Diputados de una “Proposición de Ley Orgánica de regulación de la Eutanasia”.

La convocatoria, tuvo éxito y hubo lleno rebosante del gran salón habilitado. Cada interviniente expuso su punto de vista a favor o no de tal legalización, apoyados en sus consideraciones políticas, sociales, filosóficas, jurídicas y críticas casuísticas. Deduje que iba a ser muy difícil conciliar, poner en común, los pros y contras debatidos y confieso que salí confuso por lo escuchado.

Creo fuera de toda duda que el derecho a la vida es una condición natural indiscutible de la propia existencia humana. Y si la muerte es una parte final de la vida, parece razonable que toda la protección que aquél recibe de los Ordenamientos Jurídicos que la defienden, se ocupen también de ésta.

Existe cuerpo legal estatal y autonómico abundante al efecto, pero necesitado de normalizar y actualizar los diferentes principios rectores, cada cual más relevante y a la par más correoso. También considero importante el hecho de que sus regulaciones, algunas no exentas de preclaro dogmatismo, no han sido suficientemente divulgadas ni contrastadas.

No es tarea fácil. Siquiera la reciente aprobación el mes pasado por el Parlamento español de la referida Ley reguladora de la Eutanasia, ahora mismo en trámite legislativo del Senado, cuenta con el deseado consenso –que no la mayoría parlamentaria, que sí obtuvo a favor– en un tema tan trascendente.

Y ya se anuncian Recursos ante el Tribunal Constitucional para cuando sea puesta en vigor. O sea, otra vez nos tocará clamar por una regulación de los Derechos Fundamentales legislada sin alcanzar el necesario “pacto de Estado”. Una más.

Cito en mi título el término DIGNIDAD y lo hago a propósito de estimar así el merecimiento de respeto y atención que debe suponer para cualquier persona la existencia de su propia vida. Una vida digna es el bien más alto que el ser humano puede alcanzar (coloque Ud. los adjetivos calificativos morales que desee). E incluyo, naturalmente, una muerte digna.

Pongo también PALIATIVOS para catalogar un final digno de la existencia de quienes sufren sin remedio y son víctimas de una muerte anunciada, si bien “se agarran a la vida” y no debieran padecerla. Lo he visto de cerca en algunas personas y estoy convencido de que los llamados Cuidados Paliativos significan algo muy positivo en aras de esa justificada dignidad para el enfermo terminal.

No hace mucho vi una entrevista –está en YouTube– del periodista Jordi Évole al Dr. Marcos Gómez Sancho, más de 20 años al servicio de Paliativos. Sencillamente sublime.

Pero llegados aquí debo realizar una dura crítica por como se trata este problema –y su solución–, médica y social en España. Una información televisiva nacional de hace pocas semanas situaba a nuestro país en el antepenúltimo lugar (tercero o cuarto por la cola) de los 20 países de Europa occidental; ocupamos el lugar 16 y no cito los que nos siguen por más rubor.

Ello me ha llevado a interesarme por las causas y las tareas que se llevan a cabo al efecto de este desaguisado social y he sabido que en un estudio denominado EAPC Atlas of Palliative Care in Europe 2019, auspiciado por la International Association for Hospice & Palliative Care, con la colaboración de investigadores del Institute for Culture and Society (ics-Universidad de Navarra) en España habían registrado la existencia de 228.264 personas enfermas con previsión de morir que necesitaban de cuidados paliativos.

En el mismo informe, computando a nivel de toda Europa, el número de Centros especializados que atienden a este tipo de enfermos (desde -1x100.000 habitantes) nos otorga con un 0,6 el puesto 31 de 49 países; con 260 centros nada más. ¿No le parece querido lector que somos una calamidad nacional? Otra más.

Algunos de nuestros representantes políticos, que se llenan la boca de soluciones sociales progresistas y propugnan y obtienen reformas singulares respecto de otros países (muy pocas naciones y de nuestra cultura occidental tienen reconocida la Eutanasia, p.e.), no tienen recato en mandar a la m…. a los viejos, o dicen esperar fallezcan para conseguir cambios de su interés sin sus votos. Mientras tanto, se endulzan económicamente programas de dudosa inclusión y se olvidan del mejor estar de las residencias de ancianos.

¿No tendríamos que ser, por contra, consecuentes y agradecidos? ¿No le parece que habría que impulsar decididamente toda una energía de mejoras a fin y efecto de situarnos cabalmente en el lugar correspondiente equitativo?

Le invito, amigo lector, a darse un “paseo” por las páginas de Internet que registran datos, noticias e información más que interesante sobre Cuidados Paliativos, entre ellas la web de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL) y a tomar conciencia de la conveniencia de exigir a nuestros gobernantes, incluyan o incrementen presupuestos, construcciones, contrataciones profesionales, conciertos empresariales, educandos, lo que sea, para que esos enfermos terminales que desean morir al final natural de su existencia, reciban también la prueba definitiva de la dignidad de su vida.


Joaquín Ramos López es abogado y autor del blog Mi rincón de expresión.