El 47 no es un número, es una trinchera: cuando la Constitución es un libro de sueños
Foto: BigStock
Martes 24 de febrero de 2026
3 minutos
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Martes 24 de febrero de 2026
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Se les llena la boca con la palabra Constitución. La levantan como un escudo en los debates, la citan como si fuera un texto sagrado y se autoproclaman sus guardianes. Pero, al caer el telón, la realidad es otra: para quienes ostentan el poder, la Carta Magna se ha convertido en un catálogo de promesas incumplidas, un 'libro de sueños' que se lee en voz alta pero se traiciona en silencio.
La lección de 'El 47': La justicia no se pide, se conquista
Si habéis visto la película El 47, sabréis que los derechos no caen del cielo ni emanan de la buena voluntad de los despachos. Aquel autobús que subió las cuestas de Torre Baró no llegó a su destino por un decreto administrativo, sino por la pelea de un colectivo indomable liderado por alguien que no aceptó un "no" por respuesta.
Es una metáfora perfecta y dolorosa. Curiosamente, es el artículo 47 de nuestra Constitución el que dice blindar el acceso a una vivienda digna y adecuada. Pero, ¿dónde está ese blindaje cuando los precios de los alquileres expulsan a las familias de sus barrios? ¿Dónde está la dignidad cuando la vivienda es un activo financiero antes que un derecho humano?
El secuestro del artículo 47 de la Constitución
La situación es grave. Mientras el ciudadano sufre, asistimos a un espectáculo de insumisión institucional. Tenemos gobiernos autonómicos que, movidos por una fe ciega en la liberalización salvaje, se niegan a acatar la Ley de Vivienda. Prefieren proteger el mercado antes que a las personas, convirtiendo un derecho constitucional en un privilegio de pocos. Generan una malvada y perversa gentrificación. Un dolor que siempre soportan los mismos; los más vulnerables, gente mayor que tiene que irse de sus viviendas en beneficio de los grandes especuladores.
"La Constitución es el papel donde escribimos lo que queremos ser, pero la calle es el lugar donde decidimos si estamos dispuestos a serlo"
¿Cómo hacemos que el 47 circule de nuevo?
Para que el espíritu de aquel autobús vuelva a recorrer nuestras calles y llegue a donde es necesario, no basta con lamentarse. La solución es política y es colectiva:
1.- Exigencia de cumplimiento. No podemos permitir que los gobernantes elijan qué leyes cumplir y cuáles ignorar según su conveniencia electoral o intereses de otra índole.
2.- Responsabilidad en las urnas. Es imperativo señalar y derribar democráticamente a aquellos gobiernos que bloquean el acceso a la vivienda y favorecen la especulación mientras sus ciudadanos se asfixian.
3.- Unidad frente a la injusticia. Al igual que en la lucha por las pensiones dignas, que lideramos varias asociaciones, la vivienda requiere una movilización que no entienda de rendiciones.
La Constitución no puede seguir siendo un refugio de nostalgia o un poema romántico sin aplicación técnica. Si el artículo 47 dice que tenemos derecho a un hogar, es hora de que ese autobús empiece a subir la cuesta, por encima de los intereses de partido y de la codicia de los mercados.
Porque si la ley no sirve para proteger al débil, entonces no es ley, es solo tinta sobre papel mojado.


