¿Son suficientes las pensiones actuales para vivir con dignidad?
Josep Moya OlléMartes 24 de febrero de 2026
5 minutos
Martes 24 de febrero de 2026
5 minutos
El pasado sábado 21 de febrero, el diario 65YMAS publicaba la noticia, firmada por la periodista Pepa Montero, en la que se explicaba que entre los días 21 y 23 de febrero las calles de numerosas poblaciones españolas vuelven a llenarse de pensionistas que protestan, y esta vez con manifestaciones y concentraciones durante tres días seguidos en distintos puntos de la geografía, en un movimiento de lucha pacífica por las pensiones.
El detonante puntual de esta movilización es el caos y la incertidumbre por el retraso en la revalorización de pensiones para 2026 (todavía pendiente de ser validada por el Congreso de los Diputados), pero el enfado va mucho más allá: recoge el hartazgo de los más de 10 millones de pensionistas tras ver cómo, por segundo año consecutivo, sus pagas "se están usando como moneda de cambio de las luchas partidistas", según denunciaban recientemente en 65YMÁS.
Ciertamente, el hartazgo está más que justificado ya que hemos visto, con estupor, cómo determinadas formaciones políticas emitían su voto en contra del decreto ley que hacía efectivo el incremento de las pensiones. Nuevamente comprobamos cómo desde ciertos discursos políticos se emiten mensajes que, con mayor o menor sutileza, se sugiere que los mayores somos una carga para el sistema. Y cuando se escribe “sistema” hay que aclarar que se trata del sistema social y sanitario, principalmente. Sin embargo, se evita explicar que las pensiones son el resultado de años y años de cotización a la Seguridad Social y es la única manera de garantizar que los mayores podamos vivir con cierta dignidad los años siguientes a nuestra jubilación.
Hace ya algunos años, circuló una noticia en internet según la cual la entonces directora del Fondo Monetario Internacional, la señora Christine Lagarde, había afirmado que los ancianos vivían demasiado y ello era un riesgo para la economía global. Posteriormente, la agencia EFE desmintió aquella noticia y se puntualizó que lo dicho por la señora Lagarde era que "las implicaciones financieras de que la gente viva más de lo esperado (el llamado riesgo de longevidad) son muy grandes" y que "es un tema que exige más atención ya". El FMI propuso entonces "combinar aumentos de la edad de jubilación (obligatoria o voluntaria) y de las contribuciones a los planes de jubilación con recortes de las prestaciones futuras".
De acuerdo pues con que la Sra. Lagarde no hizo aquella afirmación, sin embargo, el mensaje en el que se sigue insistiendo desde diversos medios y actores políticos y sociales es que los mayores somos un problema. En cambio, no parece que seamos un problema cuando hemos de hacernos cargo de nuestros nietos o, incluso, cuando hemos de ayudar económicamente a nuestros hijos, mileuristas o aspirantes a serlo.
Y ahora vamos al punto de la pregunta del titular: ¿son suficientes las pensiones actuales para poder vivir con dignidad?
La respuesta no es simple, entre otras razones porque hay considerables diferencias entre los diversos colectivos de pensionistas. Así, según el informe de la Seguridad Social, con datos de octubre de 2025, la pensión media en España es 1.315,3 euros (un 4,4% más que hace un año), teniendo en cuenta todos los distintos tipos de pensiones. El Ministerio de Empleo y Seguridad Social presentó una tabla en la que se puede ver la comparativa de la pensión media por comunidades, que van desde los 1.112,45 euros de Extremadura hasta los 1.621,06 euros del País Vasco. La Comunidad de Madrid tiene 1.283.356 pensionistas, siendo la pensión media de 1.523,57 euros. Cataluña tiene 1.819.601 pensionistas y la pensión media es de 1.367,49.
Dentro de las propias comunidades, también existen grandes diferencias entre provincias. Así, por ejemplo, mientras que la pensión media en Valladolid es de 1.437,15 euros, en Zamora es de 1.131,77 euros. O los 1.394,38 € de pensión media en Guadalajara frente a los 1.134,35 € de Cuenca.
Hasta aquí algunos datos referentes a las pensiones. Veamos ahora si esas pensiones permiten una jubilación digna.
En un artículo firmado por el periodista Pablo Martín Henche, en fecha 3 de diciembre del 2025, se afirmaba que mantener un estilo de vida adecuado sin depender de sobresaltos financieros requiere combinar la pensión con ahorros o inversiones previas. En el mismo artículo se hacía referencia a la economista y cofundadora de HelpMyCash, Olivia Feldman. Según ésta, es necesario realizar una planificación financiera a largo plazo. Para Feldman, "el secreto está en tener un plan de ahorro e inversión adaptado a tus necesidades y metas personales. Solo así se podría asegurar unos ingresos adecuados durante la jubilación y evitar sobresaltos financieros".
En el mismo artículo se explicaba que “los expertos estiman que un jubilado podría generar unos gastos aproximados de 1.500 euros mensuales, que se pueden dividir en 1.000 euros destinados a gastos fijos, y 500 euros reservados a gastos extraordinarios”. Cabe añadir que los gastos fijos incluirían vivienda, alimentación, servicios básicos, transporte y atención sanitaria. Y los gastos extraordinarios podrían contemplar viajes, ocio, regalos o reparaciones imprevistas en el hogar.
De todo ello se infiere que para un determinado colectivo de jubilados, el que cuenta con una pensión de 1.500 euros/mes y, además, tiene unos ahorros para cubrir posibles déficits o imprevistos, ello les permitiría tener una jubilación digna. Estos son los pensionistas codiciados por las agencias de viajes, los gimnasios y, sobre todo, por las entidades bancarias, depositarias de los planes de pensiones y fondos de inversión.
Pero, ¿qué ocurre con el resto? ¿con los que tienen dificultades para llegar a final de mes? Es más, ¿qué les sucede si viven en zonas alejadas de los núcleos urbanos y tienen dificultades de movilidad?
Antes estas situaciones siempre habrá quien diga que “se lo tenían que haber pensado antes de ir a vivir a zonas alejadas de los núcleos urbanos” o, que “tenían que haber cotizado más o haberse procurado un plan de pensiones”. Frente a estos argumentos solo me queda decir que el cinismo se sitúa en las antípodas de la solidaridad.

