Francisco Olavarría Ramos
Opinión

Abuelos en un mundo distópico

Francisco Olavarría Ramos
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Quizá tú no hayas tenido la suerte de conocer a tus abuelos, pero seguro que entenderás que éstos ejercen un papel relevante en las familias, siendo una fuerte influencia para el desarrollo personal y profesional de sus nietos.

Existen diferentes formas de ejercer ese abuelazgo, siendo el más preocupante el que se vive con pesar y que la Organización Mundial de la Salud, ha identificado con el síndrome del abuelo esclavo. Considerado por esta institución como una nueva enfermedad del siglo XXI; que especialmente viven -y sufren- las abuelas, con impacto en su salud física y mental. Tanto así, que se alerta como una forma más de maltrato hacia las personas en su vejez. 

Del abuelo esclavo al abuelo golondrina

En esta línea de denuncia, Francisco Muñoz, presidente de ABUESPA (Asociación de Abuelos y Abuelas de España) lo expresa así: "el abuelo esclavo es el padre de un egoísta", que fruto de no saber poner límites renuncia a sus quehaceres por satisfacer a los demás, con el desgaste que todo esta sobrecarga, muchas veces en soledad, provoca en la vida de las personas.

Relacionado con todo ello, existe otro rol que con frecuencia padecen las personas mayores. Se trata de lo que la literatura ha denominado como “el abuelo golondrina”, para refererirse a esos abuelos que con su maleta a cuesta viven por temporadas en las casas de sus hijos, justo en los años que cuando necesitan un entorno estable que les ofrezcan seguridad, tranquilidad y calidez. Por lo que he tenido la oportunidad de investigar en mi entorno más cercano, esta decisión que se toma para repartir las cargas asociadas de los cuidados, esto no responde, en la mayoría de las ocasiones, a una determinación consensuada con la persona mayor.

Abuelos maleta

Ser un abuelo/a golondrina o como en otras ocasiones se les llama, un abuelo/a maleta puede ocasionar un problema de adaptación, tanto para la persona mayor como para su familia, sobre todo si no se ofrecen los espacios necesarios y las decisiones no se someten a acuerdos entre todas las partes. Además de que los hijos no son cuidadores profesionales y estas tareas, sin formación, pueden generar conflictos que compliquen las relaciones familiares.

Seguir disfrutando, con autonomía y libertad de la vejez no debe ser un hecho aislado sino un derecho al que que toda la población debe aspirar. Sin cargas y sin cargos que no respondan a una voluntad, sin presiones ni sujetos a visiones antiguas de lo que significa ser abuelo o abuela en esta distopía. En nuestras manos está cuidar con respeto a los más mayores de nuestra familia, para que puedan disfutar del amor que se merecen.


Francisco Olavarría Ramos, director de Relaciones Institucionales de Depencare. Empresa de cuidadores a domicilio para personas mayores y personas con algún grado de dependencia y/o discapacidad

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