El cáncer, el gran enemigo de la longevidad: “La edad es uno de los principales factores de riesgo"
Los expertos advierten de que no estamos preparados para el desafío del envejecimiento y el cáncer
Hoy, en el Día Mundial del Cáncer, debemos ser optimistas porque hay motivos para ello. El preludio de las buenas noticias lo relataba este diario hace tanto solo una semana comunicando el gran hallazgo de investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO): han logrado eliminar por completo tumores de páncreas en modelos experimentales de ratón utilizando una triple combinación terapéutica, un hito alcanzado por primera vez que abre la puerta a tratamientos en humanos para uno de los cánceres más mortales.
El estudio, liderado por el director del Grupo de Oncología Experimental del CNIO, Mariano Barbacid, y que ha contado con financiación de la Fundación Cris Contra el Cáncer, se ha centrado en el adenocarcinoma ductal de páncreas (ADP), que representa la mayoría de los tumores de páncreas. Los resultados, publicados en 'Proceedings of the National Academy of Sciences' (PNAS) tras seis años de trabajo. Y se espera que la ciencia avance por este camino. y en otros muchos más.
Golpe al cáncer de páncreas: logran eliminar por completo el tumor en ratones con una triple terapia
Se dice que el hombre del milenio ya nació. La idea es que los avances en medicina son cada vez mayores y de gran trascendencia que un bebé tiene décadas de nuevos descubrimientos por delante. Se debate ya, incluso, si viviremos 150 años.
La nueva realidad
Pero mientras tanto la realidad se impone: a medida que vivimos más tiempo, también aumenta la probabilidad de desarrollar enfermedades crónicas, entre ellas y, sobre todo, el cáncer. De hecho, un novedoso estudio realizado por investigadores de la Escuela de Medicina Icahn del Monte Sinaí (Nueva York, EE.UU) ha abordado la cuestión principal: ¿Por qué el envejecimiento es el mayor factor de riesgo para el desarrollo de cáncer?
Este estudio ofrece nuevas perspectivas sobre cómo el envejecimiento del sistema inmunitario promueve el crecimiento tumoral, abriendo nuevas puertas para la prevención y el tratamiento del cáncer, especialmente en adultos mayores. Los hallazgos se han publicado en 'Science'. En él se revela que un sistema inmunitario envejecido no sólo acelera el crecimiento tumoral, sino que también debilita la capacidad del organismo para combatir el cáncer. Sin embargo, la buena noticia es que el rejuvenecimiento del sistema inmunitario en ratones redujo significativamente la progresión del cáncer. Esto resalta la importancia de abordar la inflamación crónica relacionada con el envejecimiento para reducir el riesgo de cáncer en adultos mayores.
Las cifras que se avecinan
En los últimos años se ha avanzado notablemente en el estudio y el tratamiento del cáncer, pero pese a ello sigue siendo habitualmente la segunda causa de muerte, por detrás de las enfermedades cardíacas, en un gran número de países. El número de enfermos crece cada año a causa del aumento de la longevidad y el cáncer se ceba especialmente en la tercera edad. En EE.UU, se calcula que en 2030 el 70% de los enfermos de cáncer serán personas que han superado la barrera de los 65 años.
En declaraciones a este diario, Dr. Francesc Solé, investigador principal del Instituto de Investigación contra la Leucemia Josep Carreras y Jefe del grupo de investigación en Síndromes mielodisplásicos, lo constata: "En nuestro país contamos con registros poblacionales de los distintos tipos de cáncer. Estos datos muestran que, en la mayoría de los cánceres, la incidencia es mayor en individuos de edad avanzada".
Y explica una de las razones: "Sabemos que, a medida que envejecemos, las células de nuestro cuerpo acumulan más mutaciones y sus mecanismos de reparación fallan más. Dado que vivimos más años, parece que la incidencia del cáncer sube. De hecho, los estudios revelan que la incidencia y las tasas de mortalidad de diversos tipos de cáncer en las personas mayores y en personas extremadamente mayores están en aumento en todo el mundo, con la mayoría de los tipos alcanzando su punto máximo alrededor de los 75 a 90 años, seguido de un marcado descenso. La franja de edad de entre los 75 a 90 es, efectivamente, aquella en la que aparecen más cánceres, y a partir de los 90 se observa un descenso de la incidencia. Además, en el grupo de 75 a 90 años, el cáncer suele progresar de forma más rápida, mientras que en personas mayores de 90 años, cuando aparece, la progresión tiende a ser más lenta".
Para la Dra. Mercedes Cavanagh, coordinadora de la Sección de Oncogeriatría de Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y oncóloga médico del Hospital Universitario de Getafe: "El descenso observado a partir de edades muy avanzadas se atribuye principalmente a factores como una menor intensidad diagnóstica, la presencia de comorbilidades, la menor especificidad de los síntomas y la reducción en la realización de procedimientos diagnósticos invasivos. Autopsias en este grupo de población revelan que una proporción significativa de neoplasias no son diagnosticadas en vida, lo que sugiere que la incidencia podría ser mayor de lo que indican los registros clínicos".
Apunta, no obstante, estas cifras: "Según los datos de GLOBOCAN5 de la IARC (Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, OMS), en Europa se anticipan 4,1 millones de nuevos casos de cáncer en 2030, lo que representa un aumento de 700,000 casos en comparación con 2012. Ese mismo año, se prevé que el cáncer cause la muerte de 2,2 millones de personas en Europa y 8.2 millones a nivel global. En España, esto se traducirá en un nuevo diagnóstico cada 1,8 minutos y una muerte cada 3,8 minutos. Aunque no se cuentan con cifras específicas para 2030, la evidencia procedente de GLOBOCAN y EUROCAR-6 indica que la proporción de pacientes oncológicos mayores de 65 años podría acercarse o superar el 60%, alineándose con las proyecciones europeas y globales. Esta evolución refleja tanto el aumento de la esperanza de vida como la mayor incidencia del cáncer en edades avanzadas".
Y certifica: “La edad es uno de los principales factores de riesgo para el desarrollo del cáncer. Desde el punto de vista biológico, el envejecimiento favorece la carcinogénesis a través de la acumulación progresiva de alteraciones genéticas y epigenéticas, la disfunción de los mecanismos de reparación del ADN, la senescencia celular, la inflamación crónica, la disfunción mitocondrial y los cambios en el microambiente tisular. Estos procesos incrementan la posibilidad de transformación maligna y progresión tumoral en tejidos envejecidos”.
Para Begoña Barragán, presidenta de Grupo Español de Paciente con Cáncer (GEPAC): "Sabemos que el riesgo de desarrollar cáncer aumenta con la edad, por lo que el envejecimiento poblacional tendrá un impacto muy relevante en la incidencia global de la enfermedad. No es una hipótesis futura: es una realidad que ya estamos empezando a ver en las consultas y en los hospitales. La incidencia y mortalidad del cáncer aumentan en personas mayores, alcanzando su pico entre los 75 y 90 años" .
¿Estamos preparados para este desafío?
La directora del GEPAC defiende que "los datos expuestos reflejan dos cuestiones clave. Por un lado, que vivir más años aumenta la probabilidad de desarrollar cáncer. Por otro, el sistema sanitario todavía no está plenamente adaptado a las necesidades específicas de las personas de edad avanzada. El descenso posterior en las cifras puede estar relacionado tanto con factores biológicos como con infradiagnóstico o con decisiones clínicas más conservadoras. Por eso es fundamental analizar estos datos con una mirada integral, que tenga en cuenta no solo la edad cronológica, sino el estado funcional y la calidad de vida de cada persona".
Por tanto, definde: "Sinceramente, no estamos preparados del todo. El sistema sanitario ya está tensionado y el incremento de pacientes mayores con cáncer va a exigir más recursos, más coordinación y una visión a largo plazo. Pero el reto no es solo económico, es organizativo. Los cuidados sociosanitarios, el apoyo domiciliario, la atención a la dependencia y el acompañamiento a cuidadores son piezas clave que todavía no están suficientemente integradas. Si no abordamos este reto ahora, llegaremos tarde y lo pagarán, como siempre, las personas más vulnerables".
De hecho, y desde GEPAC, "reivindicamos una atención realmente centrada en la persona, no solo en la enfermedad. Es imprescindible incorporar de forma sistemática la valoración geriátrica integral en oncología, adaptar los tratamientos a la situación real de cada paciente y garantizar la equidad en el acceso, independientemente de la edad. También pedimos más coordinación entre niveles asistenciales y un reconocimiento claro del papel de los cuidadores, que en muchos casos son también personas mayores", documenta su directora.
Defiende la doctora de la SEOM que el crecimiento de la población mayor “está generando un aumento de la incidencia y mortalidad por cáncer, lo que plantea un desafío para la sostenibilidad del sistema sanitario”.
Parte de este reto, en palabras del Dr. Francesc Solé, "se está abordando principalmente desde proyectos de investigación que pretenden demostrar que un seguimiento de los pacientes con tecnologías ómicas puede ser útil para un diagnóstico y seguimiento más precoz de la enfermedad. La siguiente etapa, que será transferir dichos avances a la práctica clínica diaria, puede ser más lenta debido al coste de las técnicas de diagnóstico".
Los cánceres más frecuentes que vendrán
Las neoplasias que se prevé experimenten "un mayor aumento de incidencia en personas mayores de 70 años incluyen el cáncer de pulmón, colorrectal, de próstata, de mama y de vejiga. El cáncer de pulmón continúa siendo el principal contribuyente tanto en incidencia como en mortalidad en este grupo etario, seguido del cáncer colorrectal. En varones destacan los aumentos en cáncer de próstata y vejiga, mientras en mujeres el mayor incremento corresponde al cáncer de mama y colorrectal”, documenta la Dra. Cavanagh.
Además, el experto de la Fundación Carreras cree, "una neoplasia hematológica que está aumentando en frecuencia es la neoplasia mieloide relacionada con tratamiento previos. Todos los pacientes que han tenido cáncer y han sido tratados y curados, presentan un riesgo de desarrollar dicho cáncer hematológico, que actualmente tiene un pronóstico muy desfavorable. Dado que cada vez se curan más cánceres, la incidencia de este cáncer hematológico está aumentando”.
Mayores en los ensayos clínicos
Una denuncia de buena parte de buena parte de la población, de la que también hemos hablado en 65YMÁS, es que los ensayos clínicos a menudo excluyen a las personas mayores, lo que limita nuestra comprensión de los efectos de los tratamientos contra el cáncer.
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El Dr. Albert Oriol, investigador principal del Instituto de Investigación contra la Leucemia Josep Carreras. Jefe del grupo de investigación en Mieloma Múltiple, documenta: "Afortunadamente la mayor parte de ensayos clínicos no tienen un máximo de edad como criterio de inclusión. Aún así, los pacientes de edad avanzada tienen más dificultades para entrar en un ensayo clínico por varios motivos. En primer lugar, problemas logísticos y organizativos, con frecuencia no son totalmente autónomos y no disponen de un cuidador que les garantice asistir a un centro de referencia o acudir a todas las exploraciones que requiere un ensayo”.
E insiste: “Muchas veces los consentimientos informados son largos y demasiado difíciles de entender y esto les crea incomodidad o desconfianza. El aspecto más limitante es que la persona mayor con mucha frecuencia tiene varias enfermedades asociadas, comorbilidades, o criterios geriátricos de fragilidad que sí son un impedimento para participar en ensayos, aunque la edad en sí misma no lo sea”.
A pesar de que los adultos mayores representan la mayoría de los pacientes con cáncer, “continúan siendo infrarrepresentados en los ensayos clínicos oncológicos, lo que limita nuestra comprensión de los tratamientos. Esta situación se debe a criterios de elegibilidad restrictivos (como límites de edad, comorbilidades o estado funcional), preocupaciones sobre toxicidad, sesgos de los investigadores y barreras logísticas como transporte o apoyo social insuficiente”, concreta la Dra. Cavanagh.
Subraya, además, que “la escasa inclusión de pacientes mayores limita la validez externa de los resultados y obliga a extrapolar datos de poblaciones más jóvenes y con menor carga de comorbilidad, lo que incrementa la incertidumbre en la toma de decisiones clínicas. Entre las estrategias propuestas para revertir esta situación se incluyen la flexibilización de los criterios de elegibilidad, el diseño de ensayos clínicos específicos para mayores, incorporar cohortes paralelas o estratificadas por edad y fragilidad, utilizar de forma sistemática la valoración geriátrica integral (VGI) y simplificar los procedimientos de seguimiento y consentimiento”.
La queja también se escucha por parte de los pacientes. "Sabemos que esta exclusión de los mayores en los ensayos clínicos limita enormemente nuestro conocimiento sobre cómo funcionan los tratamientos en la población que más los necesita. Muchas personas mayores no están representadas en los ensayos, especialmente aquellas con comorbilidades. Para avanzar, es necesario diseñar estudios más inclusivos, con criterios basados en el estado funcional y no únicamente en la edad, y promover también la investigación en vida real. Sin evidencia sólida, no es posible tomar buenas decisiones clínicas".
Factores ambientales en el mayor y cáncer
Ante todo este debate asalta la pregunta: ¿Cómo ha cambiado el conocimiento sobre los factores de estilo de vida, las exposiciones ambientales y los mecanismos biológicos que pueden hacer que las personas mayores sean más susceptibles al desarrollo de cáncer?
Responde la doctora de la SEOM: "Los factores de estilo de vida, las exposiciones ambientales y los mecanismos biológicos del envejecimiento interactúan de forma compleja para aumentar la susceptibilidad al cáncer en edades avanzadas. El ejercicio físico se ha relacionado con reducción significativa en la incidencia y mortalidad por cáncer. Además, mejora la calidad de vida y reduce la toxicidad asociada a los tratamientos oncológicos al mejorar la capacidad cardiorrespiratoria de los pacientes, producir una reducción de la fatiga y mejorar la percepción de salud por parte del paciente".
Y añade: "Otras intervenciones clave incluyen evitar el tabaquismo, la reducción del consumo de alcohol, mantener un peso saludable, mantener una dieta equilibrada rica en frutas y verduras y la limitación de la exposición a carcinógeno ambientales".

Begoña Barragán, presidenta del GEPAC.
De la misma opinión se muestra el Dr. Oriol: “Hoy sabemos que una alimentación saludable, no fumar o hacer ejercicio físico pueden influyen en la reducción del riesgo de desarrollar cáncer. La teoría es bien conocida y la repetimos a menudo, pero todavía falta que una parte importante de la población siga estos consejos mínimos. Cuidar la alimentación y mantener una actividad física saludable permitiría prevenir muchos casos de cáncer. Es mejor prevenir que curar”.
Y los pacientes lo saben, o empiezan a interiorizarlo: “Una buena noticia es que hoy en día entendemos mucho mejor cómo la exposición acumulada a factores de riesgo, como el tabaco, la dieta poco saludable, el sedentarismo o determinados contaminantes ambientales, influyen en el desarrollo del cáncer con el paso del tiempo. También conocemos mejor los cambios biológicos asociados al envejecimiento, como la inflamación crónica o el deterioro del sistema inmunitario. Aún así, queda mucho por investigar, especialmente en cómo interactúan todos estos factores en edades avanzadas”, recuerda Begoña Barragán.
Retos del tratamiento en el paciente mayor
Un reto más al que se enfrentan las mayores con cáncer son problemas específicos, como tener otros problemas de salud, no poder hacer ciertas cosas y posiblemente experimentar efectos dañinos de su tratamiento, todo lo cual puede tener un impacto significativo en las decisiones y los resultados clínicos.
"Efectivamente, la coexistencia de comorbilidades, limitaciones funcionales y mayor susceptibilidad a efectos adversos condiciona de manera significativa el manejo clínico del paciente mayor. Estos factores influyen en la selección de tratamientos, aumentan el riesgo de toxicidad y hospitalización y obligan a priorizar objetivos como la calidad de vida y la preservación de la autonomía", concreta la experta de la SEOM.
Para ella, "la VGI se ha consolidado como una herramienta fundamental para identificar vulnerabilidades, guiar la toma de decisiones y personalizar el tratamiento. Su uso se asocia a reducción de la toxicidad, una mejora de la calidad de vida y optimización del uso de recursos sanitarios, modificando el plan terapéutico del paciente en función de sus características individuales
Es una buena noticia que hoy en día tantas enfermedades tengan “tratamientos efectivos y por tanto que la esperanza de vida de la población haya aumentado significativamente. Sin embargo, esto conlleva que una parte importante de la población de edad avanzada presente simultáneamente diversas enfermedades que requieran tratamiento y control incluyendo diabetes, hipertensión, enfermedades cardiacas, insuficiencia respiratoria o insuficiencia renal. En este contexto, la aparición de un cáncer es un problema en dos sentidos, por la propia gravedad de la neoplasia y por el impacto que tienen tanto la neoplasia como sus tratamientos, sobre el resto de los procesos activos. Las descompensaciones de los procesos de base o las interacciones farmacológicas pueden tener consecuencias graves y, en muchas ocasiones difíciles de predecir. En oncología y hematología cada vez se recomienda más una valoración geriátrica integral del estado basal del paciente antes de indicar un tratamiento oncológico”, destaca el Dr. Oriol.
Y también por ello “es tan importante individualizar. No se trata de tratar menos por ser mayor, sino de tratar mejor, con información clara, decisiones compartidas y respeto a las prioridades del paciente. Y esto no es teoría: es lo que vemos y vivimos a diario desde las asociaciones de pacientes”, enfatiza Begoña Barragán
Necesidades únicas del paciente mayor con cáncer
En lo que están de acuerdo todos los expertos consultados es en que más investigación para centrarse en las necesidades únicas de los adultos mayores con cáncer. “Dado que vivimos cada vez más años y que esto conlleva un mayor número de diagnósticos de cáncer, es necesario reforzar la investigación en esta población. Por ejemplo, en el caso de las leucemias, los pacientes pediátricos presentan buena supervivencia y un pronóstico favorable, mientras en adultos la supervivencia es menor y el pronóstico más desfavorable”, determina el doctor de la Fundación Carreras.
Para la doctora de la SEOM tampoco hay dudas: "Sí, es fundamental intensificar la investigación enfocada en las necesidades específicas de los adultos mayores con cáncer. Este grupo enfrenta desafíos únicos, como comorbilidades, limitaciones funcionales y una mayor vulnerabilidad a los efectos adversos de los tratamientos, que influyen notablemente en sus decisiones y resultados clínicos".
Recuerda, también que "la implementación de la VGI y sus intervenciones ha demostrado ser eficaz en la reducción de la toxicidad y en la mejora de la calidad de vida, pero su aplicación clínica todavía es limitada. Se requieren más estudios para definir estrategias óptimas y evaluar su coste-efectividad".
Una investigación que tiene que ampliarse a otros aspectos del paciente mayor, como concreta la presidenta del GEPAC: "Necesitamos más investigación clínica, pero también investigación en cuidados, adherencia a los tratamientos, toxicidad, soporte emocional y procesos de toma de decisiones. El cáncer en personas mayores no es solo un reto médico, es un reto social y sanitario que requiere conocimiento específico, recursos adecuados y políticas públicas alineadas”.
Por una longevidad sin cáncer
Para vivir más, pero vivir libres de cáncer hay que tener presentes las estrategias más eficaces que reducen su incidencia y promover un envejecimiento saludable. "Se centran en la modificación de los factores de estilo de vida, la disminución de las exposiciones ambientales nocivas y la intervención sobre los mecanismos biológicos asociados al envejecimiento. Entre las medidas prioritarias destacan la eliminación del consumo de tabaco, la reducción del consumo de alcohol, el mantenimiento de un peso corporal adecuado, la práctica regular de actividad física y la adopción de una dieta equilibrada rica en frutas y verduras y baja en carnes procesadas. Asimismo, es fundamental limitar la exposición a carcinógenos ambientales, como la radiación ultravioleta y los contaminantes atmosféricos”, informa la Dra. Cavanagh.
Avances
En los últimos años, "uno de los avances más relevantes ha sido la consolidación de la VGI como herramienta clave para identificar vulnerabilidades y guiar la toma de decisiones terapéuticas en adultos mayores con cáncer. La evidencia indica que las intervenciones basadas en VGI no solo reducen la toxicidad de los tratamientos, sino que también disminuyen la incidencia de caídas y polifarmacia y mejoran la comunicación entre médicos y pacientes sin comprometer la supervivencia. Además, la VGI permite personalizar la intensidad del tratamiento y priorizar la calidad de vida, especialmente relevante en un contexto de mayor susceptibilidad a efectos adversos y comorbilidades. Se han desarrollado modelos de atención multidisciplinaria y rutas asistenciales específicas para mayores frágiles, aunque todavía se necesita más investigación en estos ámbitos", destaca la doctora.
Otras áreas emergentes incluyen "el uso de tecnologías digitales y dispositivos portátiles para monitorizar funcionalidad y comorbilidades, así como la investigación en senescencia celular y microbioma, con potencial para una mayor personalización del abordaje clínico”.
También, como aclara el Dr. Oriol, hay que tener en cuenta “que la incorporación de la genómica en el diagnóstico ha sido clave y es la base de la medicina personalizada. Además, los costes de dichas técnicas están disminuyendo progresivamente, lo que facilita su aplicación en el diagnóstico de un mayor número de pacientes. Además, la medicina de precisión desempeña un papel fundamental, ya que cada paciente es diferente y su tratamiento debe adaptarse de forma específica en función de sus marcadores genéticos. Gracias a la medicina de precisión, los pacientes podrán recibir tratamientos más específicos, efectivos, y con menor toxicidad.
La esperanza contra el cáncer
Precisamente, y en el día de hoy especialistas del Cancer Center Clínica Universidad de Navarra han coincidido en destacar todos los motivos que existen para la esperanza contra esta enfermedad. Destacan los grandes avances en el diagnóstico, tratamiento y seguimiento integral de los pacientes oncológicos Los científicos del Cima y los profesionales clínicos reúnen también su trabajo en las nuevas unidades de investigación colaborativa
Ante la pregunta "¿Crees que hay esperanza en la lucha contra el cáncer?", los médicos del CCUN repasan los progresos de las últimas dos décadas en el diagnóstico, tratamiento y seguimiento de los pacientes que afrontan un proceso oncológico.

Hoy, el diagnóstico del cáncer —en el laboratorio o por imagen— permite diseñar y valorar con más precisión el tratamiento de cada paciente. Así lo explica el Dr. Gonzalo Fernández Hinojal, oncólogo médico del Área de Cáncer de Cabeza y Cuello: "El conocimiento profundo de la biología molecular permitirá tratamientos cada vez más personalizados para cada tumor”; o el Dr. Gorka Bastarrika, radiólogo del Área de Cáncer de Pulmón: “Apoyados por la inteligencia artificial logramos un diagnóstico más precoz, mejor pronóstico y terapias guiadas que potencian la medicina personalizada".
Para los pacientes que requieren el concurso de la cirugía, estos especialistas, acostumbrados a tratar con los tumores en primera línea, también destacan un horizonte alentador. El Dr. Carlos Pastor, del Área de Cáncer Gastrointestinal, subraya el camino recorrido gracias “a la atención multidisciplinar, que permite diseñar un plan de tratamiento personalizado para cada paciente”. Por su parte, el Dr. Bartolomé Bejarano, neurocirujano del Área de Tumores del Sistema Nervioso Central, cree que “el panorama del cáncer cerebral está cambiando. Entendemos mejor estos tumores, lo cual genera terapias más selectivas, menos tóxicas y mejor dirigidas”.
Junto con las posibilidades de la quimioterapia, la radioterapia, la inmunoterapia o la cirugía, el abordaje de los pacientes oncológicos es cada vez más multidisciplinar y completo. La Dra. Ana Hernández Moreno, endocrinóloga del Área de Nutrición, recuerda que “conocemos el impacto de otros factores como la nutrición y el ejercicio en el pronóstico del cáncer”; y la Dra. María Die Trill, psico-oncóloga, enfatiza que “he pasado de ayudar a personas a morir de cáncer hace unos años a atender a supervivientes que, o bien han terminado tratamientos oncológicos, o viven con enfermedad avanzada y necesitan adaptarse a su cronificación”.
La investigación es necesaria en todas las edades, "pero, como hemos comentado, la supervivencia del cáncer en personas mayores es menor. Por ello, hay que impulsar la investigación en pacientes de esta franja, para conseguir mejores índices de curación", recalca el Dr.Oriol.
Coincide la experta de la SEOM: "Sí, es necesario reforzar de manera significativa la investigación dirigida específicamente a los adultos mayores con cáncer. La literatura médica muestra de forma consistente que esta población presenta una alta prevalencia de comorbilidades, fragilidad y deterioro funcional, factores que condicionan la tolerancia y la eficacia de los tratamientos. A pesar de ello, los pacientes mayores continúan estando infrarrepresentados en los ensayos clínicos oncológicos, lo que limita la aplicabilidad de los resultados y dificulta la toma de decisiones individualizadas. La VGI y el cribado de fragilidad han demostrado mejorar la selección de tratamientos y optimizar los resultados clínicos, pero su integración tanto en la práctica asistencial como en el diseño de estudios clínicos sigue siendo insuficiente".
La investigación futura "debe centrarse en el desarrollo de ensayos clínicos específicos para población mayor, recopilación de datos en la vida real, desarrollo de intervenciones adaptadas y validación de herramientas de evaluación geriátrica para mejorar la calidad de atención en esta población", agrega.
El impacto del cáncer en mayores
El impacto "será muy significativo. Aumentará la necesidad de cuidados domiciliarios, de apoyo a la dependencia y de acompañamiento emocional, tanto para las personas mayores con cáncer como para sus familias. También crecerá la carga sobre los cuidadores informales. Si no reforzamos de forma decidida los recursos sociosanitarios y el apoyo comunitario, corremos el riesgo de dejar desatendida a una parte muy vulnerable de la población. El envejecimiento con cáncer debe ser una prioridad en la planificación sanitaria.



