Ramón Sánchez-Ocaña
Opinión

La alergia de contacto, un suplicio para muchas mujeres

Ramón Sánchez-Ocaña
Una nueva terapia para la forma común de eccema: ¿también válida para los mayores?
Píldoras

 

Se puede calcular que un 20% de la población va a sufrir algún problema alérgico a lo largo de su vida. Pero un porcentaje mucho más elevado sufre la alergia de contacto, una especie de erupción que está provocada por una especial sensibilidad a algunos metales.

El metal de una pequeña hebilla puede ser suficiente. Muchas mujeres, por ejemplo, no pueden soportar metales que no sean nobles: la hebilla de un reloj o pendientes de fantasía provocan enrojecimiento y picor, para acabar formando unas ampollitas y una costra. Para quien padece este tipo de alergia es fácil localizar la causa. Y eliminándola, desaparece el problema.

Pero quede claro que nunca podrá usar nada que contenga los metales a los que está sensibilizada.

La mayoría de la población desconoce que el níquel es uno de los causantes más frecuentes. Es un material que está contenido sobre todo en bisutería y en monedas y es el alérgeno más frecuente en la mujer (afecta a un 25%). La forma clínica más común es el eccema, una afección cutánea con vesículas rojizas que forman placas irregulares con costras y escamas. Pican mucho y son muy molestas.

El problema es de tal envergadura (no en gravedad, sino en incidencia) que la Unión Europea trata de contenerlo con directivas que limiten la concentración de níquel en monedas y en objetos que puedan entrar en contacto con la piel.

Aunque el problema es fundamentalmente femenino, el varón tiene también su alergia de contacto particular, pero normalmente asociada al cromo (presente en el cemento). Más del 8% de varones presenta esa alergia.

La dermatitis de contacto

Se trata de una reacción inflamatoria cutánea producida por la acción de agentes irritantes sobre la piel. También se puede originar por un mecanismo inmunológico de hipersensibilidad retardada que está determinada por el contacto del organismo con sustancias con capacidad sensibilizante, como es la dermatitis alérgica.

La consecuencia más común es el eccema.

No siempre se debe a la presencia de metales. Otros elementos capaces de producir esta reacción son algunos compuestos del tinte del pelo (la parafenilendiamina), algunos perfumes, el tiurán (antioxidante del caucho, presente en guantes de goma, calzado, piezas de automóviles); o el látex, que está presente en preservativos, guantes quirúrgicos...

Edema y urticaria

Cuando se habla de alergia y piel deben mencionarse también dos problemas que suelen estar asociados: los edemas y la urticaria. No es preciso definir la urticaria: manchas rojizas más o menos elevadas que pican y escuecen y que se localizan en la parte superficial de la piel.

Sin embargo, el edema no. El edema se debe a una inflamación de las capas profundas de la piel. La urticaria pasa con cierta rapidez. Y en algún momento de nuestra vida, veinte de cada cien ciudadanos vamos a padecer algún tipo de urticaria. En la mayoría de los casos no encontraremos la causa. Será algo que se haya comido, pensamos.

Una prueba que suele hacerse es lo que se llama escribir sobre la piel. En muchos casos esa línea se convierte en una roncha alargada, lo que indica la tendencia a la urticaria. Es lo que se llama dermografismo. Y es lo que indica, sin duda, que nuestra piel tiene una especial sensibilidad.

Por cierto, cada 5 centímetros cuadrados de piel humana contienen 19 millones de células; 60 pelos; 90 glándulas sebáceas; 5,80 metros de vasos sanguíneos;  625 glándulas sudoríparas y 19.000 células sensoriales. A lo largo de la vida media de un individuo –alrededor de 75 años– mudamos más de 20 kilos de piel. Es decir, renovamos 20 kilos de células muertas de la piel.

Sobre el autor:

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña (Oviedo, 1942) es miembro del Comité Editorial de 65Ymás. Estudió Filosofía y Letras y es licenciado en Ciencias de la Información. Fue jefe de las páginas de Sociedad y Cultura de El País, y profesor del máster de Periodismo que este periódico organiza con la Universidad Autónoma de Madrid. 

En 1971 ingresa en TVE. En una primera etapa se integra en los servicios informativos y presenta el programa 24 horas (1971-1972). Entre 1972 y 1975 continúa en informativos, presentando el Telediario. No obstante, su trayectoria periodística se inclina pronto hacia los espacios de divulgación científica y médica, primero en Horizontes (1977-1979)​ y desde 1979 en el famoso Más vale prevenir, el cual se mantiene ocho años en antena con una enorme aceptación del público.

Tras presentar en la cadena pública otros dos programas divulgativos, Diccionario de la Salud e Hijos del frío, fue fichado por Telecinco para colaborar primero en el espacio Las mañanas de Telecinco y posteriormente en Informativos Telecinco.

Es colaborador habitual de radio, periódicos y revistas, y autor de una veintena de libros, entre los que destacan Alimentación y nutrición, Francisco Grande Covián: la nutrición a su alcance, El cuerpo de tú a tú: guía del cuerpo humano, Guía de la alimentación y Enciclopedia de la nutrición

En 2019 entró en el Comité Editorial del diario digital 65Ymás, en el que colabora actualmente.

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