Ramón Sánchez-Ocaña
Opinión

Catarata, el cristalino se vuelve opaco

Ramón Sánchez-Ocaña
Ojo con cataratas, discapacidad visual (bigstock)

El nombre es curioso y significa caída con fuerza. Así entendemos por qué a los grandes desniveles de agua se les llama cataratas. Pues bien en principio se creyó que la catarata de los ojos se producía por una caída de humor acuoso. De ahí su nombre.

De los elementos del ojo hay uno que interesa especialmente al abordar este tema. Es el cristalino, la lente intermedia que tenemos en la córnea. Su misión en el ojo es clara. Está situada entre las dos membranas sensibles del ojo y es la lente que nos permite enfocar sin necesidad de cambiar la distancia. El cristalino permite en definitiva que podamos levantar la vista de 65YMÁS y podamos, sin variación alguna mirar la ventana o la pared de enfrente.

En un momento determinado, unas veces por causas conocidas, otras veces sin que se sepa por qué, esa lente pierde su transparencia y se opacifica. Desaparece entonces no solo su poder de acomodación, si no su posibilidad de admitir la luz. La luz sigue llegando a la retina, pero con una imagen sin foco, sin contorno, sin definición, como si miráramos a través de un cristal traslúcido.

Tipos de catarata

Hay dos grandes grupos: las congénitas y las adquiridas. De estas últimas, las más comunes son las seniles. No se sabe exactamente cuál es la causa; pero muchos especialistas sostienen que si viviéramos lo suficiente, prácticamente todos tendríamos alguna catarata.

De las congénitas, las de mayor incidencia eran las de origen rubeólico, aunque en la actualidad, con las campañas de vacunación, las secuelas de la rubéola no tienen ya significación.

Las que más interesan, porque son más generales, son las seniles. Suelen producirse a partir de los sesenta y cinco años, aunque hay  casos en que se producen hacia los cincuenta y tantos. Se llaman entonces preseniles.

No se sabe exactamente por qué se producen. Se sabe mucho de su clínica, de su tratamiento, pero muy poco de por qué surgen. Se sospecha, claro, que es una degeneración asociada al desgaste general del individuo.

No importa ni la raza, ni el sexo, ni la condición social. Todos pueden tener cataratas aunque se constata que en las zonas de malnutrición, en donde por ello hay un envejecimiento precoz, se producen en mayor número.

Síntomas de alerta

Uno de los síntomas más significativos que pueden alertar es que de pronto, con más luz se ve peor. Y sin embargo, en un ambiente de iluminación media -de esos en que antes no se veía- se empieza a ver mucho mejor. Típico es el ejemplo de ver mejor la carta del  restaurante.

Un síntoma inequívoco es que un poco antes de que se produzca una catarata varía el índice de refracción del cristalino, de manera que el ojo se hace ligeramente miope. En consecuencia, el individuo ve un poco peor de lejos pero nota cómo mejora de pronto su visión de cerca. Puede llegar a leer el periódico sin gafas.

Poco después ve cómo una ligera neblina empieza a empañar la visión. El  último eslabón es la opacidad total, como si las gafas se empañaran absolutamente.

Es curioso anotar que no se pierde  la visión cromática, de modo que aunque no se distingan las formas, se ven los colores.

Otras cataratas

Tras las seniles, las más frecuentes son las traumáticas. El juego con tijeras, lápices, bolígrafos pueden desembocar en un accidente de este tipo. En las industrias metálicas hay muchas cataratas como resultado de accidente laboral. Una viruta que salta puede -y de hecho así es- lesionar el cristalino.

Otro gran porcentaje de las traumáticas nos lo sirve la triste estadística del tráfico.

Soluciones

Hoy las soluciones son rápidas e incluso ambulatorias. La cirugía ocular de este tipo ha tenido avances sobresalientes. Incluso se aprovecha la intervención para  insertar una lente graduada y así no solo retirar la catarata, sino corregir la visión del paciente. Es decir ,que se le implanta una lentilla correctora.

Sobre el autor:

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña (Oviedo, 1942) es miembro del Comité Editorial de 65Ymás. Estudió Filosofía y Letras y es licenciado en Ciencias de la Información. Fue jefe de las páginas de Sociedad y Cultura de El País, y profesor del máster de Periodismo que este periódico organiza con la Universidad Autónoma de Madrid. 

En 1971 ingresa en TVE. En una primera etapa se integra en los servicios informativos y presenta el programa 24 horas (1971-1972). Entre 1972 y 1975 continúa en informativos, presentando el Telediario. No obstante, su trayectoria periodística se inclina pronto hacia los espacios de divulgación científica y médica, primero en Horizontes (1977-1979)​ y desde 1979 en el famoso Más vale prevenir, el cual se mantiene ocho años en antena con una enorme aceptación del público.

Tras presentar en la cadena pública otros dos programas divulgativos, Diccionario de la Salud e Hijos del frío, fue fichado por Telecinco para colaborar primero en el espacio Las mañanas de Telecinco y posteriormente en Informativos Telecinco.

Es colaborador habitual de radio, periódicos y revistas, y autor de una veintena de libros, entre los que destacan Alimentación y nutrición, Francisco Grande Covián: la nutrición a su alcance, El cuerpo de tú a tú: guía del cuerpo humano, Guía de la alimentación y Enciclopedia de la nutrición

En 2019 entró en el Comité Editorial del diario digital 65Ymás, en el que colabora actualmente.

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