Ramón Sánchez-Ocaña
Opinión

Por qué el ejercicio físico también es bueno para la mente

Ramón Sánchez-Ocaña
Ejercicios sencillos para runners mayores de 65 años que quieran mejorar su rendimiento
Pildoras

 

Pocas veces se destaca al hablar del ejercicio físico el rendimiento adicional que tiene para nuestro estado de ánimo. Sin embargo, está demostrado que el ejercicio obtiene además de una mejora del estado físico una buena compensación mental. La sensación de bienestar inunda después toda la jornada.

En principio, al demandar mayor oxigenación obliga al corazón a latir más deprisa con lo que aumenta el envío de sangre a todo el organismo. Eso se traduce de forma inmediata en que todo el cuerpo tiene una mayor oxigenación, un mayor riego. Y como consecuencia, sentirse más a gusto. Hay quien dice que el deporte –y cuanto más duro, más– estimula las endorfinas de nuestro cerebro; es decir, estimula los receptores placenteros y de ahí la recompensa del bienestar.

Pero los beneficios concretos son muchos. Como primera consecuencia, uno se encuentra mejor, más tónico, más sereno. Es también una baza contra el estrés. La actividad muscular descarga la mente y la agresividad. Esta demostrado que hacer deporte o ejercicio de forma metódica mejora el sueño. Se hace más estable y también más regular.

Y por último, mejora la respiración y la oxigenación de todos los tejidos, con lo que retrasa el envejecimiento.

Pero…

Todos esos beneficios pueden tornarse nocivos si no se toman precauciones. Por ejemplo, si queremos hacerlo de manera brusca. Siempre hay que iniciarse poco a poco. Incluso haciéndolo a diario, hay que dedicar unos minutos al calentamiento muscular. Porque si no, pueden surgir calambres, esguinces o rotura de fibras. Si además se ha ganado peso, es posible que se someta a toda la máquina a un esfuerzo excesivo y pueda tener algún fallo importante. Y piense que un ejercicio moderado quema más calorías que el intenso porque se realiza durante más tiempo y, por tanto, es un consumo de energía sostenido.

Por otra parte su corazón se lo agradecerá. Según las estadísticas, el riesgo de desarrollar una enfermedad coronaria se multiplica por 2,5 si se es fumador; por 2,4 entre los que tienen una tasa elevada de colesterol; por 2,1 entre los hipertensos; y por 1,9 entre los sedentarios. Andar todos los días un buen rato, con cierto ritmo, es suficiente.

Eso sí: lo importante es hacerlo de manera continuada y constante.

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