Ramón Sánchez-Ocaña
Opinión

Enfermedades que llegan con el frío

Ramón Sánchez-Ocaña
Gripes y catarros mal curados
Pildoras

 

La primera, aunque no le demos mucha importancia es el catarro. Por término medio cada adulto pasa cuatro catarros al año. Y los niños seis. Y pese a los avances, no parece que haya soluciones eficaces. El problema es que hablamos del catarro, como si fuera un sólo virus el causante. Y sin embargo, hay más de cien virus distintos que pueden causar esta infección que  aunque molesta, suele ser benigna. La época en que más se sufre es al final del otoño, mitad del invierno y comienzo de primavera.

¿Solución? El tratamiento sintomático y el descanso. Que nos afecte más o menos depende del agente que lo provoque. Es decir, del virus que nos infecte. Por si fuera poco, debe saberse que por lo menos diez de cada cien catarros están causados por una bacteria y no por virus.

Los virus y el frío

Si el catarro o la gripe están causados por un virus, ¿qué relación tiene o puede tener con el frío? Muchas; y no se olvide que al catarro se le llama comúnmente “resfriado”. El frío favorece la difusión de los virus. El virus se contagia mejor a temperaturas inferiores a 5 grados y escasa humedad. El frío, por otra parte, disminuye los mecanismos de defensa del aparato respiratorio y hace que los virus sean más estables y sobre todo, que puedan permanecer más tiempo en circulación. Por si fuera poco, con bajas temperaturas solemos estar más tiempo en locales cerrados y posiblemente más agrupados. Y eso facilita la transmisión.

El reuma

Es fácil achacar un dolor reumático al frío y al tiempo que hace. Cualquier reumatismo se disculpa con los cambios de tiempo. Sin embargo, todas las estadísticas afirman que el clima tiene muy poca relación con el reuma. Y hablamos no sólo de frío, sino también de humedad, cualidad que se asocia aún más con el reuma.

Puede afirmarse que hay la misma cantidad de reumáticos en Santiago de Compostela, por citar un lugar húmedo, que en Almería, por citar un lugar seco. El clima no produce más reumatismos, sino más cantidad de síntomas reumáticos. Es decir, que puede doler mas.

Bronquiolitis, anginas, catarros...

Un niño normal puede sufrir entre 6 y 10 contagios cada año. En esta época, el frío y la guardería se convierten en los frentes contra la salud del niño. Empiezan las enfermedades infantiles, una tras otra. Por eso, es el momento de visitar al pediatra para la oportuna revisión. Un aspecto de gran importancia es comprobar el calendario de vacunas. Anginas y catarros no tienen mayor importancia. Porque una de las grandes preocupaciones es la bronquiolitis. De hecho es la causa de que en esta época, alrededor de 20.000 bebés ingresen en urgencias. Es la inflamación de los bronquiolos (las últimas ramificaciones de los bronquios).

Después de unos síntomas que parecen un catarro normal, empiezan a observarse sibilancias (pitos), una tos distinta, más seca, y dificultades para respirar. No suele ser grave salvo que se produzca en niños muy pequeños o entre niños que ya padecen una enfermedad respiratoria de otro tipo. Es fácil entonces que se le solicite una placa de tórax y sobre todo, esa prueba de ponerle una especie de pinza en los dedos para saber el volumen de oxígeno en sangre. Porque si el niño tiene dificultades respiratorias es posible que no tenga una buena oxigenación y por tanto necesite ingreso hospitalario y aporte de oxígeno.

Distinta a la bronquitis

No se debe confundir con la bronquitis. La bronquitis es la infección o inflamación, aguda o crónica de los bronquios; es decir, afecta al comienzo del árbol bronquial. Puede estar producida por agentes patógenos, por irritación o por la acción de productos tóxicos. Entonces la cubierta interna de los bronquios se inflama. Al dilatarse, el calibre del bronquio disminuye, la respiración se hace sibilante y  aparece tos seca. Suele cursar con fiebre y ceder tras unos días de tratamiento médico. Desaparece y no deja rastro. No es grave, y el tratamiento esta perfectamente contrastado.

El alcohol no quita el frío

Beber para contrarrestar el frío es contraproducente. El alcohol  aumenta la pérdida de calor. El alcohol da la sensación inicial  de calor porque se calientan los vasos superficiales de la piel (por eso aparece rojez). Pero precisamente esa superficie caliente al contacto con el frío, produce pérdida de calor interno, con lo que la temperatura del cuerpo disminuye. Muchos alcohólicos han aparecido muertos de frio por ese fenómeno.

Escribe tu comentario aquí 0
0

No hay comentarios ¿Te animas?