Ramón Sánchez-Ocaña
Opinión

Dieta para la gota: qué alimentos están permitidos y cuáles no

Ramón Sánchez-Ocaña

Miércoles 11 de noviembre de 2020

5 minutos

Saltan las alarmas: los casos de personas con gota no dejan de crecer

Miércoles 11 de noviembre de 2020

5 minutos

Pildoras

 

Las constantes que no están en equilibrio nos las suele descubrir un análisis rutinario. Nos fijamos en el colesterol, en la glucosa y pocas veces en el ácido úrico. Excepto quien haya tenido ya algunos problemas con su consecuencia más conocida: la gota.

Cuando comemos, ingerimos como componentes básicos de la alimentación grasas, hidratos de carbono, y proteínas. Pues bien, como consecuencia de digestión de algunas proteínas, aparecen unas sustancias, que se llaman purinas. De la degradación de esas purinas, resulta, en parte, el ácido úrico.

Como nuestras células están en una renovación constante, también las que se mueren se degradan. Y como producto final, aparece ácido úrico. Es decir, que tenemos dos vías de obtención de ese ácido: la alimentación –proteínas y por tanto purinas– y la renovación celular.

Normalmente, dos terceras partes del ácido úrico se eliminan por la orina, a través del riñón. El otro tercio, se elimina por el aparato digestivo. Y es curioso hacer una observación: el exceso de ácido úrico nunca aparece en zonas de hambruna o en épocas de escasez. Por eso suele decirse que está ligado a la abundancia.

Un problema metabólico

Cuando el ácido úrico sube es porque hay un exceso. Y sólo hay dos razones para que eso ocurra: o porque en la dieta hay demasiadas purinas, (y por tanto un exceso de alimentos proteicos) o porque hay algún problema metabólico, que lo acumula o que impide una correcta eliminación. Y este suele ser el más general.

Su presencia muchas veces no se detecta. Aunque en ocasiones, el ácido úrico se deposita en lugares muy concretos. Por ejemplo, en unos abultamientos, como bolsitas, que técnicamente se llaman tofos y que no son otra cosa que auténticos depósitos de ácido úrico. Suelen aparecer en el borde de las orejas, en los codos o en el tendón de Aquiles. Por cierto: nunca se deben apretar, porque tienen una enorme facilidad para infectarse.

La manifestación más conocida del exceso de ácido úrico es la gota. Y concretamente, ese ataque doloroso en la articulación del dedo gordo del pie que se llama podagra. Un día, o mejor, una noche, un dolor fortísimo se localiza en el dedo gordo del pie. Y es que el ácido úrico se ha depositado en forma de uratos, auténticos cristales precisamente ahí, alrededor de la articulación del dedo gordo. Los cristales se clavan materialmente en la delicada disposición articular. Y como cuerpos extraños que son, movilizan nuestra defensa. Nuestros glóbulos blancos entonces establecen la lucha y es cuando se producen los típicos signos de hinchazón, enrojecimiento y dolor.

La preferencia por el dedo gordo del pie se debe a la temperatura y, por eso, las articulaciones más alejadas son las más propensas: el noventa por ciento de los ataques de gota se producen ahí. El diez por ciento restante, se puede localizar en cualquier otra articulación, aunque siguiendo esa misma regla de las distancias, el lugar más frecuente, tras el pie, es la rodilla, y después la muñeca.

El dolor que la gota produce es tal, que el gotoso suele decir que no puede soportar ni siquiera la sábana sobre el pie. Y es este un detalle interesante que añade otra característica del ataque de gota. Habla de sábanas, porque casi siempre los ataques se producen de noche.

Causa-efecto

Cuando se habla de ácido úrico suele asociarse a la gota. Sin embargo, debe saberse que la relación causa-efecto, no siempre se corresponde.

- No en todos los casos de exceso de ácido úrico hay gota. 

- Ni en todos los casos de gota hay exceso de ácido úrico.

De todas formas, las estadísticas son claras: el 90 por ciento de gotosos tiene problemas con su ácido úrico. Y cuando se reducen sus niveles, la enfermedad queda controlada.

Controlar la dieta

El 75 por ciento de los gotosos son obesos. Y hay una serie de alimentos que están absolutamente contraindicados para quien tenga algún problema de este tipo. Y son los que tienen un alto contenido en purinas.

No debe comer: vísceras de cualquier animal, pescados grasos, como sardinas, boquerones y arenques; almejas y huevas de pescado. Abstenerse también de bebidas alcohólicas. No es que el alcohol actúe sobre la cantidad de ácido úrico, pero ayuda.

De vez en cuando puede comer: carne poco grasa (pollo, ternera, jamón de york), pescados como lenguado, lubina, bacalao, trucha, merluza; legumbres, setas, espárragos o espinacas. También vino muy aguado o cerveza de poca graduación.

Puede comer libremente, si no tiene limitaciones de otro tipo, huevos, leche, yogur, patatas, arroz o verduras, que no contienen prácticamente purinas.

¿Y el marisco?

A pesar de su contenido en acido úrico, muchos reumatólogos relativizan su peligrosidad. Lo que está demostrado es que el marisco afecta a la gota más si su consumidor es obeso, que si tiene un peso correcto. El marisco que más acido úrico contiene es el pulpo

¡Qué curioso!

Gotosos famosos han sido Carlos V, Felipe II, Enrique VIII, Lutero, Darwin, Benjamín Franklin, Miguel Angel, Newton...

Cada día es más frecuente. En el Reino Unido es donde más abunda. Y es muy escasa en los países árabes de religión mahometana, sin duda por la prohibición de comer carne de cerdo y de consumir alcohol.

La gota no suele producirse en gente joven. Y si se produce, hay que pensar que se trata de un hijo de gotosos porque, normalmente, es una enfermedad hereditaria y familiar.

Sobre el autor:

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña (Oviedo, 1942) es miembro del Comité Editorial de 65Ymás. Estudió Filosofía y Letras y es licenciado en Ciencias de la Información. Fue jefe de las páginas de Sociedad y Cultura de El País, y profesor del máster de Periodismo que este periódico organiza con la Universidad Autónoma de Madrid. 

En 1971 ingresa en TVE. En una primera etapa se integra en los servicios informativos y presenta el programa 24 horas (1971-1972). Entre 1972 y 1975 continúa en informativos, presentando el Telediario. No obstante, su trayectoria periodística se inclina pronto hacia los espacios de divulgación científica y médica, primero en Horizontes (1977-1979)​ y desde 1979 en el famoso Más vale prevenir, el cual se mantiene ocho años en antena con una enorme aceptación del público.

Tras presentar en la cadena pública otros dos programas divulgativos, Diccionario de la Salud e Hijos del frío, fue fichado por Telecinco para colaborar primero en el espacio Las mañanas de Telecinco y posteriormente en Informativos Telecinco.

Es colaborador habitual de radio, periódicos y revistas, y autor de una veintena de libros, entre los que destacan Alimentación y nutrición, Francisco Grande Covián: la nutrición a su alcance, El cuerpo de tú a tú: guía del cuerpo humano, Guía de la alimentación y Enciclopedia de la nutrición

En 2019 entró en el Comité Editorial del diario digital 65Ymás, en el que colabora actualmente.

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