Son muchos los que hoy se encuentran con una sensación permanente de cansancio. Un poco esa sensación de “ya  no puedo más”. La pandemia, los cambios de vida que nos ha impuesto, el no haber podido desarrollar normalmente nuestra actividad… nos pasan factura. Intentamos buscar el origen y son tantos los factores que influyen que lo achacamos al sistema de vida, al estrés, a la alimentación, a la falta de sueño, al desequilibrio con que organizamos nuestra vida.

Consecuencia del estrés

En su origen, el estrés fue uno de nuestros mecanismos de defensa. En momentos de peligro cuando nuestros antepasados eran cazadores, el estrés hacía que el organismo entero se prepara para el esfuerzo. Por eso, en situación de tensión, el cuerpo se transforma: toda la energía disponible se acumula para presentar batalla o para huir. El músculo se tensa. Se inhibe el pensamiento. El cuerpo se dispone para el salto, la huida, el ataque. El estímulo da la señal de alarma: el nervio simpático avisa a las glándulas suprarrenales que instantáneamente ponen en la sangre la adrenalina y la noradrenalina. La adrenalina dilata las coronarias, y hace que el corazón lata más deprisa, para que haya más y mejor riego sanguíneo. Como hace falta más percepción, también se dilatan las pupilas. No se puede perder energía, así que se tensa la piel y da la orden al hígado para que se movilicen las reservas de glucosa que el hígado guarda en su despensa de glucógeno. Se eleva la presión. La reservas de azúcar y grasa se movilizan. Los músculos reciben así una inyección tonificante. Otra hormona mientras tanto actúa: la hidrocortisona. Todo el cuerpo se concentra en el esfuerzo que hay que realizar. Se bloquean todos los mecanismos que reclaman energía, menos el muscular. Se bloquea el pensamiento. Se desconectan los procesos de la digestión y las funciones sexuales. Así toda la potencia queda dispuesta para el encuentro con el peligro. Es más, aumenta prodigiosamente la capacidad de coagulación de la sangre para que, si se producen heridas, puedan ser rápidamente cerradas. Todo está listo para el esfuerzo, para cazar, para huir o para pelear.

Pero...

El problema es que el hombre de hoy no tiene enfrente a un oso, ni tiene que huir de un tigre. Tiene cuatro paredes, un teléfono, un telegrama, un jefe, una declaración de la renta, una multa de tráfico, un conductor irritante a su lado... El estímulo es muy distinto. Pero el mecanismo de reacción es el mismo.

Ese es el problema. Que todo se dispone para la lucha, pero no hay lucha. Ni siquiera hay un manotazo sobre la mesa o una protesta airada, porque la educación lo impide... Y ahí está lo grave. Hay una acumulación de tensiones que poco a poco van a ir quemándonos, van a ir poniendo en nuestro carácter irritabilidad, insomnio, cierta pesadez de estómago, fatiga, riesgo coronario, vaivén de tensiones. Y sobre todo, cansancio, un cansancio que empieza a parecer crónico.

¿Qué hacer?

Lo primero, ser conscientes de que hay un problema. Por un lado, descargar tensiones acumuladas; revisar la escala de valores de cada uno y compartir, sentirse compartido como ser humano.

Es recomendable aprender a relajarse. El método 6-3-6 es muy práctico. Inspire por la nariz durante 6 segundos, retenga la respiración durante otros 3 segundos, exhale durante 6 segundos más. Si aprende a utilizar el diafragma, en vez de los músculos del pecho, descargará el corazón. (Es facilísimo. Ponga una mano sobre el centro del pecho y la otra justo encima del ombligo. Cuando vea que es esta última la única que se mueve al respirar, lo está haciendo correctamente).

Si no padece problemas circulatorios, ni acaba de practicar ejercicio fuerte, el baño caliente es uno de los mejores remedios para calmar los nervios. Añada al agua sales relajantes y no sobrepasen los 15 minutos. Tome alguna infusión.

Es útil recurrir a todos los alimentos que nos puedan proporcionar vitaminas del grupo B, como son verduras de hoja verde, pimiento, tomate, y carnes...También es útil acudir a los alimentos ricos en hierro porque quizá ese cansancio pueda estar relacionado con un déficit de este mineral. Carne roja, legumbres, pescado azul. Y no olvide entonces aportar vitamina C con frutas como la naranja, porque así permitirá una mejor absorción del hierro.

Sobre el autor:

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña (Oviedo, 1942) es miembro del Comité Editorial de 65Ymás. Estudió Filosofía y Letras y es licenciado en Ciencias de la Información. Fue jefe de las páginas de Sociedad y Cultura de El País, y profesor del máster de Periodismo que este periódico organiza con la Universidad Autónoma de Madrid. 

En 1971 ingresa en TVE. En una primera etapa se integra en los servicios informativos y presenta el programa 24 horas (1971-1972). Entre 1972 y 1975 continúa en informativos, presentando el Telediario. No obstante, su trayectoria periodística se inclina pronto hacia los espacios de divulgación científica y médica, primero en Horizontes (1977-1979)​ y desde 1979 en el famoso Más vale prevenir, el cual se mantiene ocho años en antena con una enorme aceptación del público.

Tras presentar en la cadena pública otros dos programas divulgativos, Diccionario de la Salud e Hijos del frío, fue fichado por Telecinco para colaborar primero en el espacio Las mañanas de Telecinco y posteriormente en Informativos Telecinco.

Es colaborador habitual de radio, periódicos y revistas, y autor de una veintena de libros, entre los que destacan Alimentación y nutrición, Francisco Grande Covián: la nutrición a su alcance, El cuerpo de tú a tú: guía del cuerpo humano, Guía de la alimentación y Enciclopedia de la nutrición

En 2019 entró en el Comité Editorial del diario digital 65Ymás, en el que colabora actualmente.

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