Siempre en nuestra memoria
El 1 de noviembre tiene unas raíces profundamente religiosas y forma parte de nuestra tradición. Para muchas personas continúa siendo un día para visitar el cementerio, llevar flores y recordar a quienes ya no están. Para otras, quizás, esta dimensión religiosa tenga hoy menos presencia. Pero, independientemente de las creencias de cada uno, creo que hay algo que vale la pena conservar: detenernos por un momento y recordar.
Es evidente que no necesitamos un día señalado para recordar a quienes ya no están, pero vivimos deprisa, demasiado deprisa. Vamos de un lado a otro, pendientes de nuestras obligaciones, y pocas veces encontramos ese momento de tranquilidad para pensar en las personas que han formado parte de nuestra vida y que, de una manera u otra, han dejado huella en nosotros.
Es cierto que los recuerdos pueden despertar nostalgia y, en ocasiones, tristeza. Pero no deberíamos tener miedo a esos sentimientos. Porque recordar a alguien que hemos querido también puede hacernos sonreír.
Hoy quiero tener un recuerdo especialmente cariñoso para dos personas que nos han dejado demasiado pronto durante este año. Para un amigo, Eduard, y Patricia Matey, periodista de esta diario gracias a quien inicié mi colaboración con 65YMÁS. Dos personas que, por distintos motivos, forman parte de mi historia y a quienes quiero dedicar estas líneas.
Y es precisamente en días como hoy cuando comprendemos que recordar no significa únicamente mirar hacia atrás. Es también una manera de mantener presentes a quienes han compartido parte de nuestro camino. Porque, aunque las personas se vayan, algo de ellas permanece en nosotros: en nuestras palabras, en nuestros gestos y en nuestra manera de entender la vida.
Hay algo que me parece especialmente importante: compartir esos recuerdos con nuestros hijos y nietos. Hablarles de sus abuelos, de quiénes fueron, de cómo vivieron y de las historias que marcaron sus vidas. Quizás algunos ni siquiera llegaron a conocerlos, o eran demasiado pequeños para recordarlos. Somos también parte de quienes nos precedieron, y transmitir sus recuerdos es una forma de conseguir que signa presentes generación en generación.
Así, pues, más allá de las tradiciones y de las creencias, merece la pena conservar este día como una oportunidad para detenernos, aunque solo sea un momento, y pensar en quienes ya no están y en su legado.
Siempre en nuestra memoria.
