Josep Moya Ollé
Opinión

Duelo por la muerte de Fernando Onega

Josep Moya Ollé

Martes 10 de marzo de 2026

4 minutos

Artículo de Asjubi40: Adiós a Fernando Ónega, la voz que nos dio un lugar

Martes 10 de marzo de 2026

4 minutos

El martes pasado nos dejó Fernando Onega, afamado periodista y presidente de 65YMAS, a los 78 años de edad. Fernando Onega fue director de comunicación del presidente Adolfo Suárez, exdirector de informativos de la Cadena SER, COPE, Onda Cero y director de varios programas en TVE. También fue colaborador en otros muchos medios. Fernando Ónega fue una de las voces más respetadas de la Transición y la democracia española. Con su muerte no solo hemos perdido a un gran periodista, sino a un hombre comprometido con su época y con sus conciudadanos.

Al escribir este artículo he querido hacer una reflexión sobre el duelo, el dolor por la pérdida de un ser querido, y para ello he recuperado un texto que escribí hace ya algunos años en relación al dolor psíquico.

El dolor psíquico, que podríamos relacionar con el dolor de amar, es el afecto que resulta de la ruptura brutal del lazo que nos vincula con el ser o la cosa amados. Esta ruptura violenta suscita inmediatamente un sufrimiento interior vivido como un arrancamiento del alma, como un grito mudo que emana de las entrañas.

Esta definición, tomada del psicoanalista Juan David Nasio, nos indica que nos encontramos ante una modalidad de dolor que nada tiene que envidiar al dolor corporal. La expresión “arrancamiento del alma” nos sugiere una experiencia que afecta al sujeto en lo más profundo de su ser. En efecto, cualquiera de nosotros ha experimentado el dolor atroz que aparece a raíz de la muerte de un ser especialmente significativo: el padre, el cónyuge, el hijo, un amigo muy querido o una persona con la que nos hemos sentido vinculados por diversos motivos, como es el caso de Fernando Onega. “Nunca estamos menos protegidos contra las cuitas que cuando amamos; nunca más desdichados que cuando hemos perdido el objeto amado o a su amor”, dijo Freud en un texto que se ha convertido en cita clásica: El malestar en la cultura.

Toda persona en situación de duelo experimenta la dolorosa sensación de que el ser que ha perdido es irreemplazable y que ella no volverá a ser la misma de antes. ¿Qué será de mi sin ella? Se pregunta el amante que ha perdido a su amada para siempre. Dolorosa vivencia que coloca al sujeto en un estado de desesperanza.

Para intentar comprender la naturaleza del dolor que sentimos cuando perdemos a un ser querido es necesario retroceder en el tiempo y preguntarnos qué nos ocurre cuando amamos a una persona. La persona nos seduce, despierta nuestro interés y, progresivamente, nuestro deseo. Poco a poco nos vamos aferrando a esta persona hasta llegar a incorporarla y hacer de ella una parte de nosotros mismos. Nasio lo describe con una acertada metáfora: “Insensiblemente, la recubrimos como una hiedra recubre un muro”. La envolvemos con una multitud de imágenes superpuestas, cada una de ellas cargada de amor, de odio o de angustia. Toda esa hiedra que ha germinado en el psiquismo del sujeto, todo ese conjunto que enlaza mi ser con la persona viva del amado hasta transformarla en una especie de doble interno es lo que se denomina “fantasma” del amado. De ahí que la pérdida del ser amado suponga para el sujeto la pérdida de una parte de sí mismo. En definitiva, al perder a quien amamos, perdemos una fuente nutricia, el objeto de nuestras proyecciones imaginarias y el ritmo de nuestro deseo común.

Podemos afirmar que el dolor psíquico no se debe a la pérdida de la persona amada. Se sufre no por la pérdida del otro, sino por los efectos en mí de dicha ausencia. Sufro porque la fuerza de mi deseo está privada del excitante que significaba la sensibilidad de su cuerpo vivo. La lesión que provoca el dolor psíquico no es por la desaparición física del ser amado, sino por la perturbación interna engendrada por la desarticulación del fantasma del amado.

A partir de estas consideraciones podemos decir que el trabajo del duelo consiste en volver a colocar las cosas en su lugar, esto es, en desinvestir poco a poco la representación saturada del amado que se ha perdido para volverla nuevamente conciliable con el conjunto de red de representaciones del yo. Dicho de otra manera, el duelo es un proceso en virtud del cual la energía psíquica deja de concentrarse en un punto y se redistribuye por el campo de objetos susceptibles de despertar el interés del yo.

Sentimos dolor por la pérdida de Fernando Onega, especialmente sus familiares, amigos y colaboradores, sentimos que algo de nosotros mismos se ha perdido con su marcha. Algo de la hiedra que nos enlaza con el ser amado se ha desgarrado. Su partida deja en nosotros un vacío que nada puede llenar, pero nos queda el consuelo de su legado, de todo aquello que de él perdurará para siempre.

Termino con unas palabras de Washington Irving: “Hay algo sagrado en las lágrimas. No son la marca de la debilidad, sino del poder. Son los mensajeros de un dolor abrumador, de una profunda contrición y de un amor inefable”. 

Sobre el autor:

Josep Moya Ollé

Josep Moya Ollé

Josep Moya Ollé (Barcelona, 1954) es psiquiatra y psicoanalista. Actualmente es presidente de la Sección de Psiquiatras del Colegio Oficial de Médicos de
Barcelona.

Ha trabajado activamente en el ámbito de la salud pública, siendo presidente del comité organizador del VII Congreso Catalán de Salud Mental de la Infancia y psiquiatra consultor del SEAP (Servei Especialtizat d'Atenció a les Persones), que se ocupa de la prevención, detección e intervención en casos de maltratos a mayores.

Es el fundador del Observatori de Salut Mental i Comunitària de Catalunya.

Su práctica clínica privada la realiza vinculado a CIPAIS – Equip Clínic (Centre d’Intervenció Psicològica, Anàlisi i Integració Social) en el Eixample de Barcelona.

Como docente, imparte formación especializada en ACCEP (Associació Catalana per a la Clínica i l’Ensenyament de la Psicoanàlisi), en el Departament de Benestar Social i Família y en el Centro de Estudios Jurídicos y Formación Especializada del Departament de Justícia de la Generalitat de Catalunya.

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