Familia

¿Tus hijos mayores han regresado a casa? Consejos para una buena convivencia

Mariola Báez

Foto: Bigstock

Domingo 10 de noviembre de 2019

3 minutos

Cómo mantener una buena convivencia en el hogar cuando el “nido” vuelve a estar lleno

hijos mayores vuelven a casa

Antes de hablaba de nido vacío, cuando los hijos “volaban” e iniciaban su vida como adultos independientes. Los psicólogos señalan que, en ese momento vital, es normal, especialmente para las madres, experimentar cierta sensación de tristeza o soledad que, en los casos más graves, puede derivar en algún tipo de patología, como una depresión, que requiera tratamiento.

Lo que no estaba “previsto por la vida” era que se diese la situación contraria, es decir, que un hijo tras años independizado, regresase a casa solo o con su propia familia. Este efecto bumerán y sus consecuencias es lo que se empieza a conocer como síndrome del nido lleno.

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Cómo afecta a los padres la vuelta de un hijo adulto

Aunque existen excepciones, en general los hijos son bienvenidos por años que cumplan, pero los expertos coinciden en que esa vuelta genera cierto desequilibrio, en una situación ya establecida, que hay que saber manejar para evitar conflictos.

Un reciente estudio realizado por investigadores de la London School of Economics and Political Science (@LSEnews), tras analizar el fenómeno de la “generación bumerán” en distintos países europeos, concluye que cuando ese regreso se produce, la calidad de vida de los padres mayores disminuye.

Tras sacar a los hijos adelante y disfrutar de la tranquilidad de ver que inician su camino en solitario, los padres comienzan una nueva etapa en la que, probablemente, dispongan de más tiempo libre coincidiendo con la jubilación. No solo cambia el destino del tiempo propio, también lo hace la economía familiar (gastos de estudios, alimentación, ocio…). Seguramente habrá habido, además, una redistribución del espacio, de las habitaciones… mil detalles que hacen que, cuando el hijo regresa, la vida en familia no tenga nada que ver con la que dejó atrás.

También hay que tener en cuenta que el adulto que vuelve no suele hacerlo por voluntad propia, sino porque es la única solución a su alcance. El inestable mercado laboral, la dificultad de acceso a la vivienda, una posible ruptura con su pareja… son motivos habituales que “obligan” a ese retorno. 

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Los conflictos habituales

En la mayoría de los casos, los padres siempre están dispuestos a ayudar a un hijo y también el “joven” (en ocasiones de 30 o 40 años) intentará poner de su parte para que la nueva relación funcione. Aun así, que surjan conflictos es prácticamente inevitable.

Cada situación es distinta y cada familia única, pero muchos de los roces propios de la convivencia, tienen una solución más sencilla de lo que parece si se establece una buena comunicación basada en dos pilares básicos: el respeto y la capacidad de ser flexibles.

El tema de las finanzas familiares y del reparto de los gastos, el respeto a los horarios, al orden o las costumbres que se siguen en el hogar y que quizá sean nuevas para el hijo que regresa, la relación con la pareja del hijo o hija y también con los nietos si los hay, el espacio físico (habitaciones, uso del salón o de los baños que todos queremos utilizar al mismo tiempo…) son detalles que pueden acabar generando más de una discusión que podría evitarse con un diálogo pausado.

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Qué medidas concretas tomar para mejorar la convivencia

En la Guía de Ayuda a las Familias, la Comunidad de Madrid (@ComunidadMadrid) recoge una serie de consejos para intentar evitar discusiones.

Como idea general, los conflictos en la convivencia entre adultos se producen cuando las iniciativas y los derechos de unos y de otros resultan incompatibles o bien cuando las expectativas no se cumplen. Entre personas adultas, la comunicación entre iguales es la clave, pero en estas situaciones, el parentesco familiar resulta determinante. Aveces, a los padres les cuesta ver que su hijo ya no es un niño y que la manera de establecer un diálogo no puede ser la misma que la empleada en su infancia. También el hijo tiene que entender que sus padres ya no son los “conseguidores”, dispuestos a todo por su felicidad.

Entender el nuevo rol de cada uno es el primer paso para que la convivencia funcione. A la hora de plantear una conversación, en la que se pueda tratar una situación conflictiva, algunas premisas que pueden ayudar a la hora de llevarla a cabo son:

  1. Tratar el problema concreto y de manera directa. Callarse y “aguantar” no da buen resultado. Si crees que tu hijo, que ha vuelto a encontrar empleo, debería colaborar con los gastos de la casa, simplemente exponlo.
  2. Procurar hablar en positivo, sin reproches y siempre aceptando sugerencias y buscando posibles alternativas que debéis encontrar juntos.
  3. Intentar ponerse en el lugar del otro, es importante para dar con la solución.
  4. Aclarar con tu hijo una situación que no te gusta, no implica falta de cariño (no te sientas culpable), sino todo lo contrario, es la manera de mantener y reforzar lazos familiares.
  5. Aunque tu hijo os haya “invadido”, recuerda que probablemente para él tampoco sea sencillo y que se trata de una situación temporal que, con respeto mutuo, en poco tiempo, quedará como una etapa más de vuestra vida en común.
  6. En caso de conflictos graves, los Centros de Apoyo Familiar de las distintas comunidades autónomas o la Terapia de Familia que imparten especialistas psicólogos son posibles ayudas que hay que tener en cuenta.
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