Alimentación

El desayuno de los españoles es un desastre y estos son los motivos para afirmarlo

Victoria Herrero

Viernes 19 de abril de 2019

1 minuto

Errores como abusar de la bollería industrial, no tomar proteínas o dedicarle unos pocos minutos

Desayuno típico de los españoles (bigstock)

Tenemos que admitirlo. En España tenemos muchas cosas buenas y la gastronomía es una de ellas, pero no la mañanera. Y es que en nuestro país hay una costumbre muy extendida de no fijarnos mucho en lo que desayunamos.

Lo más común es que, por las prisas o por la pereza, tomemos apenas un vaso de leche o un café y la primera magdalena o el primer bollo de chocolate que cogemos del armario donde tenemos los dulces. Es un error.

Y algunos ni siquiera desayunan. Doble error como explican los nutricionistas de Sha Wellness Clinic. Un desayuno saludable debería tener su parte de leche o derivados lácteos, como yogur o queso. Deberemos acompañarlo de cereales que nos aportan proteínas, pocas grasas, vitaminas, fibra y minerales; además de fruta fresca. Si ya queremos un desayuno mucho más completo, podemos añadir algo de frutos secos, huevo cocido o algo de jamón. 

¿Qué tiene de malo nuestro desayuno típicamente spanish?

Sin embargo, son pocos los que se decantan por esta sana opción a primera hora de la mañana; ya sea por las prisas o por las pocas ganas para prepararlo. Por ello seguimos desayunando a la manera española, que en la mayoría de las veces no es muy equilibrada:

  • El desayuno es la primera comida del día y debería aportar el 20-25% de las necesidades energéticas diarias. Y nosotros lo solemos hacer escueto; apostando por una comida más copiosa al mediodía, cuando no tendría que ser así.
  • Muchos ni desayunan ya que dicen que no tienen hambre al levantarse. Su alternativa es picar algo más tarde, normalmente en la barra de un bar o en una máquina expendedora de comida rápida. 
  • Lo mejor es hacer el desayuno sentados y de forma tranquila durante unos 15 o 20 minutos; y normalmente en 5 minutos lo hacemos mientras lo compaginamos con otra actividad. 
  • Abusamos de la bollería industrial y los azúcares. 
  • Poca ingesta de proteínas: leche, pan integral o fruta; o de fibra.
  • Comemos muy poco por la creencia errónea de que de esta manera no engordamos.
  • No consumir grasas por ese miedo de coger kilos cuando son necesarias para afrontar el día con energía.
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