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¿Cómo funciona la ghrelina? La hormona que puede reducir nuestro apetito

Verónica Mollejo

Foto: Bigstockphoto

Jueves 31 de octubre de 2019

2 minutos

Se trata de una hormona sintetizada fundamentalmente por el estómago y vinculada a nuestro cerebro

Ghrelina, la hormona que puede reducir nuestro apetito

Tal y como explican desde la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular (SEBBM @SEBBMDivulga), la ghrelina "es una hormona gástrica que regula el apetito y la homeostasis nutricional. Los niveles circulantes de esta hormona aumentan durante el ayuno e inducen al hambre. [...] Su papel en la regulación del apetito y el peso convierte a esta hormona en una interesante diana terapéutica para el tratamiento de la obesidad".

En este sentido, numerosos científicos y expertos en la materia llevan años investigando las funciones de esta hormona, así como su impacto en el organismo, para diseñar diferentes tratamientos que ayuden a controlar el apetito y, por consecuencia, a mantener a raya el sobrepeso.

Sin ir más lejos, un estudio desarrollado en Estados Unidos logró bloquear esta hormona, con la colaboración de otra sustancia, para evitar el temido efecto rebote que provocan algunas dietas de adelgazamiento. Sus resultados fueron de lo más satisfactorios en ratones de laboratorio, por lo que sus responsables aseguran que una vez se aplique en seres humanos podrá convertirse en una gran herramienta para erradicar la obesidad y las enfermedades relacionadas.

Ghrelina

Otras funciones de la ghrelina

Sin embargo, su observación no acaba aquí. Otros trabajos han permitido avanzar nuestro conocimiento de las diferentes funciones de la ghrelina. Una de las más importantes es su influencia a la hora de favorecer la acumulación de lípidos en la grasa visceral, es decir, aquella que se sitúa en la zona abdominal y que cuesta tanto eliminar.

Como hemos visto anteriormente, la ghrelina se encarga de informar al cerebro de que el cuerpo debe alimentarse, por lo que su dosis aumenta antes de comer y se reduce una vez saciado dicho apetito. Por lo tanto, siempre ha sido considerada un factor de riesgo en el desarrollo de la obesidad y, por lo que ahora sabemos, también de la grasa abdominal.

Además, este tipo suele ser el más peligroso al fomentar la aparición de enfermedades como la hipertensión, el hígado graso, la hipercolesterolemia, el síndrome metabólico o la diabetes tipo 2.

Pero la cosa no acaba aquí, otras de las funciones de la ghrelina en el organismo son estimular la secreción de otras hormonas en la glándula pituitaria, disminuir la presión arterial, fomentar la secreción de ácido gástrico, regular positivamente el metabolismo de los huesos y la homeostasis de la glucosa, entre otras, según la SEBBM.

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