Salud

'Cuídate. Quince vivencias personales de cuidadores', historias que dan visibilidad a esta labor

65ymás

Martes 5 de noviembre de 2019

3 minutos

Libro escrito por la periodista Gemma Bruna y el especialista en enfermería geriátrica Josep París

 'Cuídate. Quince vivencias personales de cuidadores', historias que dan visibilidad a esta labor

“Esta obra da visibilidad a un mundo que con frecuencia se desarrolla a puerta cerrada, pero que es tan real como la vida misma”, escribe Francesc Torralba en el prólogo del libro 'Cuídate. Quince vivencias personales de cuidadores' (Plataforma Editorial) escrito por la periodista Gemma Bruna y el enfermero especialista en Enfermería Geriátrica y Gerontológica Josep París.

Hoy en día, la figura del cuidador es imprescindible al lado de una persona enferma o necesitada de atenciones. Pero ¿qué hacer cuando sin previo aviso alguien se ve en la necesidad de ejercer ese rol sin tener la formación adecuada? ¿Cómo actuar si ese enfermo es un familiar o un amigo cercano? ¿Cómo debe cuidarse el cuidador así mismo? Josep París y Gemma Bruna conocen, por experiencia profesional, las sombras y las luces de esta actividad trascendental en la vida humana. Forman parte del mundo de las profesiones de ayuda, pero no han querido ofrecer un libro técnico sobre esta práctica. Quieren dar voz y visibilidad a un mundo que, con frecuencia, se desarrolla a puerta cerrada, en las habitaciones de muchos hogares, de los geriátricos o en los centros de salud mental, pero que es absolutamente real.

En 'Cuidate. Quince vivencias personales de cuidadores' nos regalan un abanico de relatos y vivencias anónimas de quince hombres y mujeres reales, donde la práctica del cuidado se convierte en el punto de enlace de todas ellas. Personas que tuvieron que acompañar, cuidar y dar apoyo a otra persona, en su mayoría a familiares o amigos cercanos y que han querido aportar su visión personal sobre cómo afrontar una situación de pérdida o cambio, provocada en muchas ocasiones por una enfermedad.

Gemma Bruna. Foto: Laura Guerrero

El libro aborda, sin complejos ni tapujos, la extrema vulnerabilidad de la condición humana. La fragilidad es presentada con naturalidad, sin dramatismo pero, a través de las historias, el lector se percata de que esta constituye el rasgo más común de todos los protagonistas y que iguala a todos los seres humanos. A lo largo del libro, se expone una tesis poco desarrollada: cuidar de un ser humano es una obra de arte y el arte exige imaginación, sensibilidad, talento y técnica. No se puede cuidar en serie, ni homogéneamente. Cuidar bien exige trascender la aplicación de protocolos, pues cada ser humano es singular y único, y ello exige un cuidado personalizado, centrado en sus necesidades y en sus posibilidades.

En las historias que narran los autores, se pone de manifiesto que la bondad es discreta, que actúa sin hacer ruido, sin necesidad de tener visibilidad, que se abre camino en los espacios íntimos. También se exploran los valores inherentes a la práctica de cuidar como la compasión, el sacrificio, la paciencia, la empatía, la discreción y la generosidad, entre otros. El cuidador, máxime si cuida a un ser querido, su madre, su padre o su hijo, se sumerge en un
océano de emociones. Emerge la impotencia, la indignación, el miedo, la desesperación, la rabia y la cólera, pero también la compasión, la ternura, el amor, la piedad, la empatía, la gratitud, el sacrificio y la abnegación. Pero también es muy importante que uno debe cuidarse para poder cuidar correctamente de los demás.

El lector se percatará que no es nada fácil ejercitarse en éste arte, pero que todavía es más arduo manejar correctamente el arte de dejarse cuidar. Hallar momentos para el autocuidado es decisivo, porque el cuidador también es vulnerable y, como tal, está expuesto a la fatiga, al cansancio, a la fractura, a la enfermedad, a la muerte. El cuidador debe abrirse al otro, tener la audacia de solicitar su ayuda no constituye en ningún caso una debilidad, sino una expresión de fortaleza, pues uno debe vencer la pulsión del ego y la arrogancia. El buen cuidador responde con discreción; responde a la llamada del ser vulnerable sin humillarle, situándose en su plano.

Josep París

Cada historia es una ventana, una mirada sobre la condición humana, sobre nosotros mismos. Todos estamos comprometidos en la tarea del cuidar, ya sea por razones profesionales o estrictamente personales. Quien ahonde en estas historias, se percatará del valor que tiene el cuidar en la vida humana y de la necesidad que todos tenemos de pensar a fondo cómo cuidamos y de qué manera tratamos a los seres queridos cuando sufren alguna forma de vulnerabilidad.Con humanidad y cercanía, “Cuidate” da voz a la lucha, los valores y el esfuerzo de los cuidadores en un mundo anónimo y ofrece consejos para que los lectores no olviden que, además de ayudar, también es muy importante cuidar de uno mismo.

“La conclusión es evidente: el ser humano es constitutivamente vulnerable; en consecuencia, existe la necesidad intrínseca del cuidado de uno mismo y del cuidado de los demás. Solo podemos sobrevivir si somos cuidados. Soy cuidado, luego existo. El cuidado exige reconocimiento, como desarrolla el filósofo alemán Axel Honneth, pero también respeto a todas las dimensiones del ser humano”, concluye Francesc Torralba en su prólogo del libro.

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