Entrenar el brazo 'bueno' tras un ictus mejora las habilidades motoras, según un estudio
Los participantes eran capaces de completar una prueba de destreza más rápido que al comienzo
Entrenar el brazo bueno, es decir, el menos afectado, tras un accidente cerebrovascular crónico mejora las habilidades motoras, tanto la coordinación y la velocidad como el control del movimiento.
Así lo revela un nuevo estudio, publicado en la revista JAMA Neurology, que apunta que, si a diferencia de la terapia tradicional de rehabilitación en estos casos, centrada en recuperar la fuerza y el movimiento del lado más afectado del cuerpo, la terapia se centra en el brazo menos afectado, se mejora significativamente el movimiento y el control.
Para llegar a esta conclusión, este ensayo clínico aleatorizado, dirigido por investigadores de Penn State y la Universidad del Sur de California (USC), comparó este nuevo enfoque con la terapia estándar de mejores prácticas utilizada actualmente. En el estudio participaron 53 personas que habían sufrido un ictus crónico al menos tres meses antes. Todas ellas presentaban una discapacidad grave en un brazo y dependían del otro para las tareas cotidianas.
Durante el ensayo, recibieron terapia de rehabilitación tres veces por semana a lo largo de cinco semanas. Veinticinco de ellos recibieron terapia en el brazo menos afectado, la cual incluía entrenamiento de destreza enfocado en actividades cotidianas y juegos de realidad virtual; mientras que los veintiocho restantes fueron asignados al grupo de control y recibieron terapia estándar.

"Al entrenar el brazo menos afectado, los pacientes mejoraron”, explica Candice Maenza, directora de proyecto del Laboratorio de Investigación en Neurorrehabilitación de la Facultad de Medicina de Penn State y primera autora del estudio. “Esto podría mejorar la calidad de vida y reducir la carga de atención para los cuidadores, ya que los supervivientes de un accidente cerebrovascular con parálisis severa en un lado dependen de este brazo para tareas cotidianas como comer o vestirse”.
Por su parte, el coautor del estudio Robert Sainburg, catedrático distinguido Dorothy F. y J. Lloyd Huck en Kinesiología y Neurología en Penn State, explica que la rehabilitación física tradicional se centra en el lado más afectado del cuerpo debido a que la falta de fuerza y movimiento son tan evidentes que el otro lado del cuerpo parece que puede conservar una función normal. Pero este lado, aun siendo el menos afectado, también pierde una función significativa, señala, provocando movimientos lentos y mal coordinados, lo que dificulta que se compense la capacidad reducida del otro brazo más afectado.
"El efecto del derrame cerebral en el brazo menos afectado ha añadido un déficit adicional, digamos una pérdida de coordinación motora de entre el 10% y el 25% en la mano con mayor función. Esto es muy importante en cuanto a qué tareas puedes realizar por ti mismo y cuáles requieren asistencia", explica.
Teniendo esto en cuenta, este estudio, realizado en Penn State y USC, y basado en un estudio piloto previo de Sainburg y Maenza, es el primero que "utiliza un diseño de ensayo clínico aleatorizado riguroso para investigar el uso del entrenamiento de extremidades ipsilesional (entrenamiento del brazo menos afectado) en sobrevivientes de accidentes cerebrovasculares crónicos con paresia severa”, afirma Carolee Winstein, profesora emérita y profesora adjunta en biokinesiología y fisioterapia en la USC y coinvestigadora principal del estudio.
“Lo que estamos haciendo es una remediación nunca antes realizada. Estamos modificando la función de la mano menos afectada para que sus actividades cotidianas sean más eficientes”, señala, y explica que las terapias estándar, aunque involucran la mano menos afectada, solo lo hacen para compensar el uso de la otra pero no para restaurar su capacidad de antes del accidente.
Mejoras significativas
Los resultados son claros, y es que los participantes que entrenaron el brazo menos afectado mostraron mejoras significativas en la función motora del brazo frente al grupo de control, siendo capaces de completar una prueba de destreza estándar un 12% (casi 6 segundos) más rápido que al principio.
“Los pacientes con ictus podían hacer cosas como abrocharse un botón, pero les llevaba tanto tiempo que no merecía la pena hacerlo solos. Al ser un poco más rápidos, les dan ganas de intentarlo por sí mismos”, señala Maenza. “Esto puede cambiar la vida no solo del paciente, sino también de su cónyuge o cuidador, ya que se reduce la carga del cuidado”.
Cabe destacar que estas mejoras se extendieron hasta, al menos, seis meses tras finalizar la terapia. “La intervención dirigida coloca a los pacientes en lo que los terapeutas llaman un círculo virtuoso”, explica Sainburg. “Una vez que se logra un poco de funcionalidad, se usa y las cosas siguen mejorando”.
"Nuestros resultados abren la puerta a futuras direcciones de investigación, como enfoques multimodales donde se combina el entrenamiento de extremidades ipsilesional, como se hizo aquí, con un entrenamiento dirigido a ambos brazos, donde cada lado es controlado de manera única por el sistema nervioso", señala Winstein.


