El paro sénior resiste a la recuperación
Desireé García ChicoFoto: Europa Press
Martes 3 de febrero de 2026
5 minutos
Foto: Europa Press
Martes 3 de febrero de 2026
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Los últimos datos de la Encuesta de Población Activa confirman una realidad que se repite trimestre tras trimestre desde hace tiempo: el desempleo entre las personas mayores de 50 años permanece prácticamente sin cambios a pesar de la mejora general del empleo. Al cierre de 2025, 755.500 personas de más de 50 años estaban desempleadas, lo que representó aproximadamente el 30 % del total de parados en España, es decir, uno de cada tres. A lo largo del año, este porcentaje apenas se ha movido, lo que indica que la recuperación del mercado laboral no ha llegado por igual a todos los colectivos y que las personas con más experiencia siguen enfrentándose a barreras persistentes para regresar al empleo.
Asimismo, es preocupante que más de la mitad de estos desempleados sénior lleven un año o más sin encontrar trabajo, una condición que no solo prolonga la incertidumbre, sino que hace cada vez más difícil su reincorporación al mercado. Muchos de ellos viven lo que desde SAVIA (@GeneracionSavia) denominamos “el síndrome del teléfono apagado”, una sensación de invisibilidad laboral que experimentan los seniors que se quedan sin empleo: donde antes un profesional tomaba todas las decisiones, gestionaba equipos, tenía la bandeja de entrada llena de emails… de la noche a la mañana, el teléfono parece haberse silenciado, y los contactos desaparecen.
¿Qué sucede en otros países? ¿Es España un rara avis? En muchos países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), fomentan la formación a lo largo de la vida y reducen los incentivos para la salida temprana del mercado laboral, además se propone alargar de manera voluntaria la edad legal para la jubilación en aquellos casos que se desee seguir trabajando. En ciertos países europeos, por ejemplo, la combinación de reformas en la edad de jubilación y programas educativos específicos ha contribuido a una mayor participación laboral de quienes superan los 55 años, reduciendo las brechas que se observan en otros contextos.
Suecia destaca especialmente por su elevada tasa de empleo entre las personas de 55 a 64 años, que en el último año ha alcanzado el 77,3%, muy por encima de la media europea. Este resultado se apoya en un sistema de pensiones flexible, que permite incrementar la pensión si se retrasa la jubilación, y en una legislación que protege explícitamente a los trabajadores frente a la discriminación por edad. El mensaje es claro: permanecer en activo más tiempo está incentivado y socialmente reconocido.
Otro de estos ejemplos es Japón, un país con una de las poblaciones más envejecidas del mundo, donde la participación laboral de las personas mayores ha alcanzado niveles significativos en 2025. Según el Ministerio de Interior y Comunicaciones de Japón, cerca de 9,3 millones de personas de 65 años o más estaban empleadas en el país, lo que representa una proporción destacada de la fuerza laboral.
Respuesta a la realidad demográfica
Este enfoque no es casualidad, sino una respuesta estructurada a una realidad demográfica concreta. En Japón, donde casi el 30% de personas tiene más de 65 años, el envejecimiento de la población y la falta de relevo generacional ha impulsado marcos que no solo incentivan la prolongación de la vida laboral mediante reformas legales y de jubilación, que no siempre van acompañados de pensiones, que a menudo no son suficientes y se debe trabajar por ello más tiempo, sino que también promueven la capacitación continua y la permanencia en empleo activo más allá de la edad tradicional de retiro, considerado culturalmente como parte de su propósito y mejora de la salud.
¿Y qué sucede en nuestro país? España, por su parte, sigue dependiendo en gran medida de enfoques tradicionales que no han logrado romper el estancamiento del paro sénior. Aunque muchas personas mayores de 50 años se forman, actualizan sus competencias y aceptan cambios de sector, siguen encontrando un mercado que no siempre valora esos esfuerzos. También tienen un papel clave ante el avance de la IA donde sus capacidades analíticas y de gestión son necesarias frente a otros perfiles que todavía no han adquirido este bagaje. Además, su figura es fundamental para un relevo generacional donde no se pierda conocimiento, sino que se traspase de unas generaciones a otras.
Igualmente, España será uno de los países más longevos en 2050, lo que unido a la inversión de la pirámide demográfica, por la que cada vez tenemos menos jóvenes, hará que no podamos prescindir de este talento.
Sin embargo, la persistencia de prejuicios por edad y la falta de adaptación de prácticas empresariales y de selección contribuyen a que el desempleo en este grupo etario siga enquistado, sin reflejar el potencial real que tienen estos trabajadores para contribuir a la productividad y la competitividad.
Si España quiere avanzar hacia un mercado laboral más inclusivo y aprovechar plenamente todo su talento disponible, es imprescindible que la reflexión no quede en una cuestión estadística. Hace falta promover políticas que fomenten el aprendizaje continuo, adaptar los procesos de selección para que reconozcan la experiencia como un activo y facilitar rutas de reinserción laboral que no penalicen la edad, sino que valoren la trayectoria, la formación y la capacidad de adaptarse a nuevos sectores. Solo así los datos dejarán de ser una foto fija de exclusión para convertirse en un relato de oportunidades reales y sostenibles para todos.
Desde SAVIA, proyecto de Fundación Endesa en colaboración con Fundación Máshumano, llevamos más de siete años impulsando al talento senior que ha sido desvinculado de manera prematura del mercado laboral a causa de su edad. En esta plataforma, con cerca de 50.000 profesionales sénior, les ofrecemos herramientas y recursos gratuitos de formación para el empleo y orientación laboral, además de networking y punto de encuentro con el tejido empresarial.


