Salud

La exposición a pantallas en la infancia se asocia a decisiones más lentas y ansiedad juvenil

Miriam Gómez Sanz

Lunes 19 de enero de 2026

5 minutos

Un seguimiento de más de diez años detecta cambios en el desarrollo cerebral temprano

La exposición a pantallas en la infancia se asocia a decisiones más lentas y ansiedad juvenil. Fuente: BigStock.
Miriam Gómez Sanz

Lunes 19 de enero de 2026

5 minutos

Una investigación liderada por la Agencia para la Ciencia, la Tecnología y la Investigación de Singapur (A’STAR) advierte de que la exposición a pantallas antes de los dos años se asocia a efectos que pueden sentirse años después, ya en la adolescencia. El estudio, publicado en la revista eBioMedicine, vincula este consumo temprano con una toma de decisiones más lenta en la infancia y con mayores niveles de ansiedad en la adolescencia.

Según los investigadores, los niños que pasaron más tiempo frente a pantallas en sus primeros años muestran una maduración acelerada de ciertas redes cerebrales, en concreto las relacionadas con el procesamiento visual y el control cognitivo. Esta aceleración podría estar provocada por la "intensa estimulación sensorial" que ofrecen las pantallas.

Lo relevante, subraya el estudio, es que este efecto no se observa cuando el tiempo de pantalla se mide a los tres o cuatro años, lo que confirma que los primeros años de vida son un periodo "particularmente sensible".

La exposición a pantallas en edades muy tempranas puede tener efectos a largo plazo. Fuente: bigstock.
La exposición a pantallas en edades muy tempranas puede tener efectos a largo plazo. Fuente: bigstock.

Qué ocurre en el desarrollo normal

El primer autor del trabajo, el doctor Huang Pei, explica que "la maduración acelerada ocurre cuando ciertas redes cerebrales se desarrollan demasiado rápido, a menudo en respuesta a la adversidad u otros estímulos".

En un desarrollo habitual, las redes del cerebro se especializan de forma gradual. Sin embargo, en los niños con alta exposición a pantallas, las áreas que controlan la visión y la cognición se especializan antes de tiempo, sin haber construido todavía las conexiones eficientes necesarias para el pensamiento complejo.

"Esto puede limitar la flexibilidad y la resiliencia, lo que reduce la capacidad de adaptación del niño en etapas posteriores de su vida", añade Huang.

Decisiones más lentas y más ansiedad

Esta especialización prematura tiene consecuencias prácticas. El estudio observó que estos niños tardaban más en tomar decisiones durante una tarea cognitiva a los 8,5 años, lo que apunta a una menor eficiencia o flexibilidad mental.

Además, a los 13 años, los mismos participantes reportaron más síntomas de ansiedad. Los autores señalan que estos resultados indican que la exposición temprana a pantallas no se limita a la primera infancia, sino que puede influir en el comportamiento y el bienestar emocional muchos años después.

La investigación se apoya en datos de 168 niños de la cohorte GUSTO (Creciendo en Singapur Hacia Resultados Saludables), a los que se ha seguido durante más de diez años. Los científicos realizaron imágenes cerebrales a los 4,5, 6 y 7,5 años, lo que permitió observar cómo evolucionaban las redes neuronales con el tiempo.

Leer juntos aporta estímulos que las pantallas no ofrecen de forma pasiva. Fuente: BigStock.
Leer juntos aporta estímulos que las pantallas no ofrecen de forma pasiva. Fuente: BigStock.

Leer juntos como contrapeso

No todo son malas noticias. Los investigadores recuerdan que un estudio previo, publicado en 2024 en Psychological Medicine, mostró que la lectura compartida entre padres e hijos puede contrarrestar parte del impacto de las pantallas.

Entre los niños cuyos padres les leían con frecuencia a los tres años, el vínculo entre el tiempo frente a pantallas y las alteraciones cerebrales se debilitó de forma significativa. La lectura aporta algo que las pantallas no ofrecen: interacción recíproca, lenguaje, atención compartida y conexión emocional.

Para Tan Ai Peng, investigador principal del IHDP A*STAR y autor principal del estudio, los resultados son claros: "Esta investigación nos da una explicación biológica de por qué es crucial limitar el tiempo frente a pantallas durante los dos primeros años. Además, destaca la importancia de la participación parental, demostrando que las actividades entre padres e hijos, como leer juntos, pueden marcar una diferencia significativa".

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Miriam Gómez Sanz

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