Preguntas

¿Por qué el agua fría tiene un impacto directo en nuestra digestión?

Carlos Zapatero

Viernes 29 de marzo de 2019

1 minuto

Después de comer, conviene evitar al máximo los cambios bruscos de temperatura

¿Por qué el agua fría tiene un impacto directo en nuestra digestión? (Big stock)

Especialmente en los meses de más calor del año, conviene extremar las precauciones cuando hemos terminado de comer y queremos disfrutar de un baño. El agua fría siempre ha sido uno de los aspectos más temidos cuando nuestro cuerpo se encuentra en pleno proceso digestivo, asimilando todos los alimentos que acabamos de ingerir. Por este motivo, conviene tener en cuenta una serie de consideraciones antes meternos en la piscina o en el agua del mar.

El agua fría y su importancia en nuestra digestión

Aunque no está reconocido en el campo médico, tal y como afirman desde AMF, cuando hacemos referencia a un corte de digestión realmente estamos hablando de lo que se conoce como síndrome de hidrocución. Esta patología es la que nuestro cuerpo experimenta cuando es expuesto a un cambio drástico de temperatura a consecuencia de introducirnos en una piscina o en un lugar con agua fría.

Cuando la temperatura del agua es inferior a 27º, el organismo tiene que realizar un importante esfuerzo para poder mantener su temperatura general de nuestro cuerpo.

Es precisamente en este punto, cuando nuestro cuerpo se ve obligado a conservar la temperatura corporal, en el que nos vemos completamente expuestos al peligro de no poder seguir realizando la digestión, como consecuencia de los esfuerzos que se derivan por equilibrar nuestra propia temperatura. 

¿Cómo puedo evitar la hidrocución?

Con el fin de evitar los efectos generados por los cambios de temperatura a consecuencia de una inmersión en el agua, es conveniente que, especialmente después de comidas copiosas, dejemos reposar a nuestro cuerpo, facilitando así su correcta digestión

También es recomendable que, tras haber reposado la comida, no nos metamos en la piscina o en el mar de forma brusca, sino que entremos de manera paulatina, con el fin de ir acostumbrando a nuestro organismo a la nueva temperatura a las que se tiene que enfrentar. 

Antes de entrar en el agua, es conveniente preparar las zonas más sensibles de nuestro cuerpo, como la nuca, los tobillos o las muñecas, tal y como afirma el Dr. Francisco Javier Adell.

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