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La carencia de vitamina C origina el escorbuto, pero ¿sigue existiendo esta enfermedad?

Teresa Rey

Foto: Bigstock

Lunes 12 de agosto de 2019

2 minutos

El ácido ascórbico interviene en la formación de los vasos sanguíneos, los cartílagos o el colágeno

La carencia de vitamina C origina el escorbuto

El escorbuto es una enfermedad producida por la carencia de vitamina C. Antaño, era una enfermedad muy común, sobre todo, entre los marineros, sin embargo en la actualidad apenas se produce. Esporádicamente sí se dan casos que a veces se catalogan como epidemias en los campos de refugiados, en hambrunas y en algunas cárceles, explican desde la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO). 

Los síntomas del escorbuto

El ácido ascórbico o vitamina C interviene en la formación de los vasos sanguíneos, los cartílagos, el colágeno de los huesos y los músculos. También tiene propiedades antioxidantes, de modo que protege frente a los radicales libres. Y al mismo tiempo ayuda a que el cuerpo absorba el hierro. Paralelamente participa en la síntesis de neurotransmisores y hormonas como la dopamina y adrenalina, entre otras.

Si se produce una carencia grave de esta vitamina puede aparecer el escorbuto. Cuando se padece esta enfermedad el organismo presenta dificultades para sintetizar algunos tejidos, principalmente el colágeno. Así pueden aparecer manchas en piel, mucosas, dientes o encías. La sangre se altera y en ocasiones surgen ulceraciones y hemorragias.

En general, puede desencadenar debilidad y la aparición de anemia y algunos problemas bucales como la gingivitis. Es habitual que cuando no se tiene suficiente cantidad de esta vitamina se presente una ralentización en la cicatrización de las heridas.

En el caso de que esta ausencia no se trate puede tener consecuencias muy graves como la muerte, sin embargo hoy en día no es un trastorno habitual y no suelen darse estos extremos, explican los expertos.

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Cómo prevenirlo

La mejor manera de prevenir una carencia significativa de vitamina C y así del escorbuto, es introducir su consumo en la dieta a través de frutas, verduras y hortalizas frescas. Lo ideal es que los alimentos que la contienen de forma generosa se ingieran sin cocinar, ya que así la preservan mejor. En cuanto a las frutas destacan los cítricos, principalmente el kiwi y el pomelo, la papaya, el mango o las moras, entre otros.

Los pimientos rojos son también ricos en este micronutrientes, así como las coles de Bruselas, el perejil, la cebolla, las espinacas o el tomate. Está presente además en los hígados de cerdo, ternera, vaca y pollo.

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