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¿Qué implica para los mayores tener el urato alto o bajo en la sangre?

Teresa Rey

Foto: Bigstock

Jueves 23 de enero de 2020

3 minutos

El urato monosódico se forma por la acumulación de ácido úrico en la sangre y los tejidos

Qué implica para los mayores tener el urato alto o bajo en la sangre

El urato monosódico se forma a consecuencia de una acumulación de ácido úrico en la sangre y los tejidos. La formación y el depósito de cristales de esta sal se realiza principalmente en las articulaciones. Para que estos surjan, los niveles de ácido úrico en la sangre tienen que ser elevados. Esta sustancia la produce el hígado tras la descomposición de las purinas, que se producen normalmente en el cuerpo y a su vez se encuentran en algunos alimentos y bebidas.

Formación de los cristales

Cuando todo funciona con normalidad la mayor parte del ácido úrico se disuelve en la sangre y se traslada a los riñones, y desde estos se expulsa por medio de la orina. Ahora bien si este mecanismo no se produce correctamente es posible que acontezcan distintas enfermedades. Este químico se encuentra sobre todo en alimentos como el hígado, las anchoas, la caballa, las judías blancas, ciertos mariscos y la cerveza. Por la dieta se obtiene cerca del 40 % de las purinas, y el 60% restante lo genera el propio organismo.

Lo que se sabe es que cuanto más cantidad ácido úrico se posea en el cuerpo más probabilidades hay de que aumente la formación de urato monosódico. Un estudio realizado en el año 2015, publicado en la revista Nature Reviews in Rheumatology, descubrió que estos cristales se forman en la superficie del cartílago articular sobre fibras colágenas  y que se encuentran alteradas por un proceso de artrosis precoz. Estos van generando unas filas muy ordenadas a lo largo de ondulaciones. Primero se sitúan en tendones, rotulianos, flexores de los dedos y ligamentos, donde al no producir inflamación pasan desapercibidos ya que no provocan ningún tipo de molestias. Luego se generan nódulos o tofos que acaban creciendo hasta hacerse palpables. Sobre los cristales iniciales van surgiendo otros que se sitúan sobre ellos y dan lugar a tofos de diferente tamaño.

Gota en mujeres

Hiperuricemia

Cuando se ha llegado a esta situación y las cantidades de ácido úrico sobrepasan las cifras recomendadas, se produce la denominada hiperuricemia. Esta condición es el principal riesgo para padecer una forma de artritis que se conoce como gota y que es común es hombres de mediana edad y en mujeres tras la menopausia. En esta patología, el dedo gordo del pie es el principal afectado, pero también se puede dar en articulaciones de las piernas y, en menor medida, en la de los brazos.

Los cristales de ácido úrico, que como ya hemos visto están relacionados con el urato de sodio, también se pueden formar en el riñón, dando lugar a piedras en el este órgano o cálculos renales. En estos caso influye además el pH de la orina y la cantidad de ácido úrico excretada por los riñones.

Hay que destacar que no todas las personas con niveles altos de ácido úrico en sangre desarrollan gota, ya que la capacidad de los riñones de deshacerse de esta sustancia se hereda en parte. Del mismo modo, el hecho de que algún miembro familiar posea esta patología no significa que otros miembros la tendrán igualmente. Existen otros factores de riesgo que contribuyen a que surja, como la edad y el sexo (afecta más a los hombres), entre otros.

Otro de los problemas de salud asociados a la hiperuricemia es que el ácido úrico se deposite en los riñones causando inflamación renal y, por ende, riesgo de insuficiencia renal crónica.

Dolor en el riñón por cálculo de ácido úrico

Hipouricemia

Por otro lado, también puede ocurrir todo lo contrario, es decir, que los niveles plasmáticos de ácido úrico sean más bajos de lo normal, y en este caso nos encontraremos ante una hipouricemia. Esta se produce cuando los niveles plasmáticos de ácido úrico son menores o iguales a 2,0 mg/dl.

Estos casos son menos frecuentes según los expertos, y “no tienen síntomas reconocidos y por ello no requieren tratamiento”, indican varios expertos en el documento Hipouricemia y manejo renal del ácido úrico.

No obstante, no es un hecho que se deba obviar porque puede esconder la presencia de otras patologías subyacentes. Algunos pacientes con diabetes de tipo 1 y tipo 2 poseen esta alteración. Del mismo modo, puede desencadenar una nefrolitiasis y fracaso renal agudo inducido por el ejercicio en pacientes portadores de mutaciones en unos genes concretos.

En estas situaciones, se suelen tener síntomas específicos como fatiga generalizada, náuseas o vómitos y malestar abdominal difuso. Esto sucede normalmente dos semanas después de haber realizado el ejercicio físico. Si ha habido un diagnóstico previo de hipouricemia su abordaje es sencillo y el tratamiento se podrá efectuar de forma más rápida. Por este motivo, los expertos recomiendan que en las revisiones médicas rutinarias previas a la realización de ejercicio físico se determinen los niveles de ácido úrico, al menos en aquellos pacientes en los que hay sospecha de que puede desencadenarse este trastorno.

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