8M: las mujeres siguen siendo las que cuidan y todo apunta a que no va a cambiar
Alertan de que el cambio hacia la paridad avanza muy "lento" y avisan del riesgo de "retroceso"
El cuidado de los mayores con dependencia o de las personas con discapacidad con necesidades de apoyo sigue recayendo mayoritariamente en las mujeres. Tanto a nivel familiar como profesional, son ellas las que asumen, por lo general, unas tareas, que además no están bien remuneradas, reconocidas ni compensadas.
En concreto, en el ámbito no profesional, el 72,3% de las personas cuidadoras no profesionales en España son mujeres, según explica Moisés Torres, secretario de Acción Sindical de UGT Servicios Públicos.
Y esta feminización se replica en el mercado laboral: un reciente informe de Fedea elaborado por los investigadores Sergi Jiménez-Martín y Analía Viola detalla que el sector de los cuidados de larga duración ocupa a más de 700.000 personas en España –lo que representa el 3,2% del empleo total–, de las cuales un aplastante 82% serían mujeres.
Consecuencias de esta desigualdad
Para comprender los cimientos de esta situación es necesario mirar hacia la estructura histórica, social y cultural, contextualiza Torres. Y es que, apunta, nos enfrentamos a una "desigualdad estructural que se mantiene en el tiempo" y viene de lejos. De hecho, matiza, "hasta 1983, en el carné de identidad de la mayoría figuraba como profesión: ama de casa o sus labores".
En ese sentido, el sindicalista denuncia que la "cultura patriarcal" habría perpetuado la creencia de que las mujeres están biológicamente preparadas para cuidar, "como si al nacer con el sexo femenino desarrolláramos instintivamente esta capacidad y no fuera aprendida a través de la socialización".
Y a esta herencia se sumaría la presión psicológica. Este 8 de marzo, Cruz Roja pone un especial énfasis en este factor, a través de su campaña con motivo del Día de la Mujer, Que lo hagamos, no significa que debamos. Ana Daza, referente estatal de Inclusión Social de Cruz Roja Juventud, explica que las mujeres asumen una "responsabilidad organizativa" de forma casi exclusiva y que se trata de una "gestión constante emocional, práctica y estética que interiorizamos desde jóvenes, y que muchos hombres no incorporan del mismo modo debido a la educación y a los roles con los que hemos crecido", añadiendo que la sociedad simplemente da por hecho que "se nos da mejor".
Los datos recopilados por la ONG en 2025 dan cuenta de esta tendencia: de las más de 26.400 personas usuarias de Cruz Roja que declararon dedicar tiempo al cuidado de familiares, un 83% son mujeres.
Y esta dedicación desigual, indican, en el ámbito no profesional, es el principal motivo de abandono laboral o de merma en el desarrollo personal, indican. El 25% de las usuarias afirma que estas responsabilidades suponen una barrera para su desarrollo, frente a menos del 10% de los hombres. Es más, entre las personas que afirman no poder plantearse siquiera buscar un empleo formal debido a estas cargas, el 94% son, de nuevo, mujeres.

Generación sándwich
Y en este complejo ecosistema de cuidados no profesionales ha surgido un perfil específico que soporta también esta presión: la generación sándwich. El experto y consultor en longevidad, Juan Carlos Alcaide, define a estas mujeres como el "Pilar Invisible del Sistema de Cuidados".
Se trata de una generación de mujeres atrapadas en una triple jornada: cuidan de sus hijos pequeños o adolescentes, atienden simultáneamente a sus padres mayores en situación de dependencia y, al mismo tiempo, intentan mantener a flote su puesto de trabajo remunerado.
"Aunque las mujeres se han incorporado masivamente al mercado laboral, los roles de género no han cambiado al mismo ritmo. Esto provoca que muchas mujeres continúen asumiendo una doble o incluso triple jornada: empleo, cuidados familiares y tareas domésticas", confirma la secretaria de Mujeres e Igualdad de la federación CCOO del Hábitat, Concepción Santodomingo.
Laura Baena, fundadora del Club de Malasmadres, advierte de que el coste de esta dedicación es muy alto a todos los niveles. Denuncia que la conciliación, cuando se trata de atender a personas mayores, es un auténtico "apañátelas como puedas", siendo un problema mucho más invisible y menos reconocido socialmente que el cuidado infantil. Y critica que la escasez de servicios públicos de calidad y la brecha laboral existente se convierten en "una trampa perfecta para que seamos nosotras las que nos encarguemos", obligando a miles de trabajadoras a solicitar reducciones de jornada, acogerse a excedencias o a abandonar directamente y para siempre su carrera profesional.
Todo esto provoca, alerta, que estas cuidadoras tengan "más posibilidades de empobrecer, de no tener independencia económica" y vean desaparecer por completo su tiempo libre, sufriendo el conocido síndrome de la cuidadora quemada.
"El gran problema es que mientras siga siendo cosa de mujeres seguirá existiendo la brecha salarial", sentencia Baena, que recuerda el gran desgaste emocional que supone el acompañamiento a citas médicas o el durísimo cuidado en la última etapa de la vida de un familiar.
Cuidadoras mayores
Además, la brecha no sólo castiga a las mujeres sénior, también afecta a las mayores de 65 años, quienes sufren una dimensión del cuidado frecuentemente invisibilizada, según explican las expertas.
En una etapa vital en la que deberían estar recibiendo apoyos, muchas se enfrentan también a una "doble o triple carga", atendiendo a sus parejas enfermas, a hijos adultos dependientes o a sus propios nietos, lo que genera un impacto profundo en su salud y aumenta su riesgo de aislamiento en la vejez.
"Las mujeres se han ocupado de todo tipo de cuidados y esto no cambia fácilmente. La demografía también manda: mientras las mujeres se emparejen con hombres mayores que ellas y sea mayor su esperanza de vida, en las edades avanzadas siempre habrá esposas disponibles para cuidar esposos y no al contrario. En cuanto a las razones económicas, en las edades avanzadas los hombres suelen disponer de más recursos económicos para recompensar de algún modo el trabajo de las mujeres, y el precio medio de mercado de la hora trabajada por mujeres es más baja que la de hombres. Para muchas mujeres, su única ocupación posible en la edad avanzada es cuidar a un familiar, de cuya pensión puedan vivir ambos", explica María Ángeles Durán, catedrática de Sociología y Premio Nacional de Sociología.

El gran coste olvidado
En total, los autores del informe de Fedea, Sergi Jiménez-Martín y Analía Viola, explican que si el país tuviese que monetizar este "gran coste olvidado", es decir, pagar los cuidados informales que proveen las familias, el gasto total real se dispararía hasta situarse entre el 1,2% y el 1,7% del PIB –calculan que actualmente estaría entre el 0,9% y un 1%–.
En términos de personal, indica María Ángeles Durán, esto supondría "cinco empleados" por hogar para cumplir con la legislación laboral vigente, lo que le hace llegar a la siguiente conclusión: el Estado sigue basando la viabilidad de los cuidados de larga duración en "el cuidado familiar gratuito".
Y esto se ve reflejado en los datos del sistema de Dependencia: en torno al 40% de las prestaciones otorgadas en España seguirían siendo económicas, destinadas principalmente a compensar de forma precaria los cuidados familiares, según el informe de Fedea. A lo que habría que sumarle el impacto del "limbo de la dependencia". A mediados de 2025, más de 250.000 personas se encontraban atrapadas en la burocracia, esperando una valoración de grado, la asignación de su Programa Individual de Atención (PIA) o la recepción efectiva de la prestación aprobada. Y ante esta realidad, el peso muchas veces recae irremediablemente en la familia.
¿Y las profesionales?
Por otro lado, cabe señalar que la desigualdad no se limita sólo a los cuidados informales, también existe una brecha en el ámbito profesional. Las fuentes consultadas denuncian que las condiciones de estas trabajadoras están marcadas por bajos salarios, alta temporalidad y jornadas parciales.
Moisés Torres señala que tener "un 'ejército' de mujeres mal pagadas no es casual ni inevitable; es una consecuencia directa de mercantilizar el cuidado". El sindicalista de UGT critica duramente que las propias administraciones públicas diseñan pliegos de condiciones donde los números se cuadran "a la baja", forzando que los inevitables recortes empresariales recaigan sistemáticamente sobre "los salarios, en tiempos efectivos de atención, en ritmos y en organización del trabajo" de las empleadas de ayuda a domicilio o residencias. Y alerta de que esta precariedad terminará condenando a estas mujeres a sufrir, de nuevo, una grave brecha de género en sus futuras pensiones debido a sus bajas bases de cotización. Por ello, reivindica: "Si el cuidado es esencial, el empleo tiene que ser digno".
Comparte esta opinión Concepción Santodomingo de CCOO. "En el ámbito profesional ocurre algo similar. Los sectores vinculados a los cuidados están altamente feminizados porque históricamente se han considerado una extensión del rol tradicional de las mujeres en el hogar. Esto tiene consecuencias claras: son sector peor valorados social y económicamente, son salarios más bajos, mayor precariedad laboral y menor reconocimiento profesional", comenta.
Cabe recordar que, en los últimos años, han sido frecuentes los conflictos laborales para pedir mejoras en las condiciones. Las reivindicaciones más sonadas en ese sentido últimamente tuvieron lugar en La Rioja y Guipúzcoa, con paros, encierros e incluso la interrumpción de un pleno del Parlamento riojano para hacer oir sus reivindicaciones.
Riesgo de un "retroceso"
65YMÁS también ha preguntado a las fuentes consultadas sobre si creen que estamos más cerca de la paridad en el ámbito de los cuidados y sus previsiones no son halagüeñas, teniendo en cuenta, sobre todo, que el progresivo envejecimiento de la población disparará la necesidad: se requerirán más de 250.000 nuevos profesionales en España para el año 2030.
"Si el sistema no se refuerza al ritmo del envejecimiento, el cuidado se 'refamiliariza'. Es decir, vuelve al hogar. Y, cuando vuelve al hogar, vuelve a feminizarse", advierte Moisés Torres.
"La tendencia es hacia mayor igualdad, pero por ahora los datos demográficos y económicos son muy obstinados, la progresión es muy lenta. Las actitudes son más fáciles de influir por educación o campañas de opinión pública: ahora son más aceptables los modelos del cuidado fuera de la familia y la participación de hombres, pero sólo son modelos ideales que en la práctica tienen enormes dificultades para hacerse reales. No hay más que ver el rechazo de las empresas a los permisos por cuidado o por fallecimiento, a pesar de que se refieren a breves períodos de tiempo. Los permisos son transferencias de costes, y el coste real del cuidado no lo quiere asumir nadie, aunque digamos lo contrario", comenta por su parte la socióloga María Ángeles Durán, que avisa de un "riesgo de retroceso" y que lamenta que "la brecha apenas se ha reducido en los últimos años".
"La sociedad española ha disminuido el coste del cuidado reduciendo el número de niños –demandas de cuidado infantil– y contratando mano de obra inmigrante a precios baratos para cuidar a personas mayores. Ambas son medidas que alivian el problema a corto plazo, pero cuyos efectos negativos se ven a medio y largo. El aumento de la proporción de personas dependientes respecto a las de edad activa y las tensiones anti-inmigratorias son dos de estos efectos a medio, y hay otros muchos que llevarían más páginas para exponerlos", añade.
Soluciones
Con todo, las fuentes consultadas, pese a que el panorama no llame al optimismo, dan posibles soluciones que necesitan de la implicación de todos y todas.
Moisés Torres, secretario de Acción Sindical de UGT Servicios Públicos, sostiene que alcanzar la paridad requiere dos cambios simultáneos: una "corresponsabilidad real" en los hogares para que los hombres asuman su parte de forma estable y un "sistema público fuerte y de proximidad" que garantice el cuidado como un derecho efectivo, con recursos suficientes y condiciones laborales dignas para las cuidadoras profesionales.
Concepción Santodomingo de CCOO asegura que "la paridad sólo será posible si se produce una transformación profunda en tres ámbitos: cultura, laboral y político. Necesitamos avanzar hacia un modelo de corresponsabilidad real, donde hombre administraciones públicas, empresas y sociedad, compartan el cuidado. Esto implica fortalecer los servicios públicos de Atención a la Dependencia, mejorar las condiciones laborales del sector y promover cambios culturales que rompan con los roles tradicionales de género".
En esta misma línea, Laura Baena, fundadora de Malasmadres, urge a implementar un plan de medidas públicas que mejore las ayudas y plazas en residencias, reconozca "permisos de cuidados igualitarios e intransferibles para nuestros mayores" e impulse la flexibilidad en las empresas.
Por su parte, desde Cruz Roja, su referente de Inclusión Social, Ana Daza, enfatiza la necesidad de atajar la desigualdad y la "carga mental" educando desde edades muy tempranas para evitar la perpetuación de roles de género tradicionales.



