Sociedad

¿Recuerdas el accidente de Palomares? ¿Qué repercusiones tuvo?

Carlos Losada

Foto: Wikipedia

Viernes 17 de enero de 2020

3 minutos

Aunque lo más recordado fue el baño de Manuel Fraga, la zona aún está contaminada por la radiación

Bombas caídas en Palomares

Hace 53 años, el 17 de enero de 1966, tuvo lugar en territorio español un importante incidente nuclear que a pesar de la repercusión que tuvo, no trascendió lo suficiente si se tiene en cuenta el peligro al que se pudo exponer a la población local. Hablamos del accidente de Palomares, del que se recuerda más el baño de Manuel Fraga en la playa que de lo que en realidad supuso la caída de 4 artefactos nucleares en nuestro territorio.

El accidente

Todo ocurrió en plena Guerra Fría entre el bloque estadounidense y el soviético, cuando España era un punto estratégico para los primeros. Un bombardero B-52 norteamericano sobrevolaba la costa almeriense a más de 10.000 metros de altura e iba a hacer una maniobra habitual de repostaje con un avión nodriza KC-135 que estaba cargado con 110.000 litros de combustible. Sin embargo, se produjo un fallo y ambas naves colisionaron y cayeron al vacío. Murieron 7 de los 11 ocupantes y los restos cayeron a territorio español, incluidas cuatro bombas termonucleares Mark 28 con una potencia de 1,5 megatones.

Bomba recuperada

Dos de ella tenían paracaídas y cayeron intactas, una en el mar Mediterráneo y otra en los terrenos cercanos a la desembocadura del río Almanzora. En cambio, las otras dos se destruyeron al chocar con el suelo, ya que a la fuerza del golpe que sufrieron en la caída se le unió la detonación del explosivo que contenían. Afortunadamente no se produjo la explosión nuclear, ya que tenían un sistema de seguridad de no detonación cuando se produce un impacto. No obstante, se formó una nube radiactiva con elementos transuránicos y tritio, contaminando todas las zonas aledañas.

Recuperar las bombas

Ante tal accidente, el ejército de Estados Unidos se puso manos a la obra rápidamente para recuperar las dos bombas que no se habían destruido. Si bien la que estaba en tierra no suponía ningún problema, la que se encontraba bajo el mar podría caer en manos soviéticas. Las labores de búsqueda se extendieron durante 80 días y participaron 34 buques y 4 minisubmarinos sumergibles, con un considerable número de buzos. Eso sí, la persona que hizo posible que buscaran en la zona adecuada fue un pescador que había presenciado la caída cuando estaba faenando. Su nombre era Francisco Simó, aunque en España se le comenzó a conocer como Paco el de la bomba. A partir de ese momento, el rescate fue más sencillo y el ejército de EE.UU. consiguió recuperar su bomba a 869 metros de profundidad.

Evaluando los daños

Agustín Muñoz Grandes, vicepresidente del gobierno, ordenó que se realizara una revisión de lo que había ocurrido y qué consecuencias tendría para la zona la radiación generada. Eso sí, no saldría nada a la luz hasta mucho tiempo después. Por un lado, el gobierno de Estados Unidos no quería que los estudios de toxicidad que se realizaron a los guardias civiles -que llevaron a cabo la limpieza junto al personal norteamericano- ya los vecinos de la zona salieran a la luz. Y por otro lado, al gobierno español no le interesaba que se tildara a la zona de peligrosa, habida cuenta de que se estaba en pleno apogeo de situar a nuestro país como zona turística internacional.

La campaña y el baño

En este blanqueo de la situación se llegó a la casi esperpéntica estampa de ver a Manuel Fraga, por entonces ministro de Información y Turismo, y a Angier Biddle Duke, embajador de Estados Unidos en España, dándose un baño en la playa de Quitapellejos, perteneciente a la localidad de Palomares.

El objetivo no era otro que demostrar que no había peligro ninguno en la zona. Eso no era del todo cierto, ya que con el tiempo se ha desvelado que es la zona más radiactiva de nuestro país. Es más, después de que salieran a la luz los informes ocultos en 1986, se demostró que casi el 30% de la población local tenía trazas de plutonio activo en su cuerpo.

Con motivo del 50 aniversario del suceso, el periodista Rafael Moreno publicó La historia secreta de las bombas de Palomares, explicando cómo el ejército estadounidense y la Guardia Civil española (estos sin protecciones frente a la radiación) limpiaron la zona para trasladar todos los restos a EE.UU.: un total de 1.700 toneladas según los documentos a los que accedió el autor. Y es que Moreno buscaba con este libro demostrar cómo durante cinco décadas tanto las autoridades españolas, como las estadounidenses habían estado ocultando lo que realmente supuso el accidente de Palomares.

La historia secreta de las bombas de Palomares
Editorial Crítica

En la actualidad todavía quedan restos de polonio radiactivo tanto en las montañas cercanas a Palomares, como en las tierras de cultivo, las cuales durante mucho tiempo se siguieron utilizando a pesar del peligro. Por eso, y después de muchas idas y venidas durante más de 50 años, está en marcha un Plan de Rehabilitación de Palomares. De hecho, el pasado mes de abril la Audiencia Nacional admitió el informe realizado por técnicos del Consejo de Seguridad Nuclear en el que se mostraba por qué urge limpiar la radiactividad presente en esta localidad almeriense, de cara a evitar efectos inaceptables en las personas y en el medio ambiente.

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