Sociedad

Ana Bella: "Mi marido me pegaba hasta con la correa y yo no sabía que estaba siendo maltratada"

Antonio Castillejo

Lunes 25 de noviembre de 2019

8 minutos

La Fundación Ana Bella ha atendido a maltratadas que van desde niñas de 13 años a mujeres de 81

Ana Bella Estévez: "Mi marido me pegaba hasta con la correa y yo no sabía que estaba siendo maltratada"

Ana Bella Estévez, presidenta de la Fundación Ana Bella recuerda como su marido le decía que le pegaba porque la quería. "Hasta que una noche usé mi fuerza, mi miedo y mi valor, no para seguir aguantando once años de insultos, correazos, humillaciones, palizas y malos tratos, sino para coger a mis cuatro hijos, meterlos en el coche e ir a denunciar”. La mayoría de las mujeres maltratadas son invisibles porque no se atreven a romper el silencio. De hecho, de 62 millones de mujeres maltratadas por sus parejas en Europa sólo el 14% piden ayuda. Para animar a otras mujeres a romper ese silencio, Ana empezó a salir en televisión sonriendo y a cara descubierta contando su historia de superación. "Más de 1.000 mujeres me llamaron en mi primer programa, la primera que ayudamos se quedó en mi casa, luego ella ayudó a otras mujeres y así es cómo nació la Fundación Ana Bella”.

PREGUNTA: ¿Cuántos tipos de violencia machista sufren las mujeres?

RESPUESTA: Yo puedo hablar del maltrato que sufrimos las mujeres por parte de nuestras parejas o exparejas. Una relación de violencia de género se basa en el dominio y la sumisión. Mi marido me pegaba porque yo aún tenía personalidad suficiente para rebelarme y él tenía que usar la violencia física para doblegarme. Pero son tantas y tantas mujeres a las que no hace falta pegar para tenerlas dominadas y maltratadas... Utilizan castigos de silencio, incumplimiento de promesas, insultos, desprecios, humillaciones, celos, sometimiento a pruebas imposibles, control del dinero, de las redes, de la forma de vestir o relacionarse con familiares y amistades, rompen objetos de valor sentimental para ellas, pegan puñetazos a paredes o puertas, demandan que la mujer esté siempre disponible para ellos, las someten a actos sexuales indeseados, …. Son mujeres sin cardenales, las más invisibles, pero a mi entender las más maltratadas. No hay que ser asesinada para ser una víctima de violencia de género, una vida de maltrato es una vida perdida y todos y todas tenemos la responsabilidad de detectar estos casos invisibles y ayudarles a romper el silencio.          

P.: ¿Cuál es el perfil de la maltratada? ¿Y de su maltratador?

R.: Desde que empecé alojando a una mujer en mi casa, en la Fundación Ana Bella ya hemos apoyado a más de 28.000 mujeres, sobre todo a las invisibles que no piden ayuda, entre ellas a cirujanas, policías, abogadas, presentadoras de televisión, CEOS de multinacionales, porque mientras más alto es el nivel social, educativo y económico, más difícil es pedir ayuda, ya que la sociedad en vez de recriminar el comportamiento del que ejerce la violencia, suele poner en cuestión la profesionalidad de la mujer que ha sido maltratada. ¿Cómo se ha dejado maltratar si es ingeniera? ¿Cómo no se dio cuenta antes? Pero las mujeres no somos el problema, son los hombres que maltratan a sus parejas los causantes de que exista violencia de género. Y puede ser un juez, un arquitecto, un médico, un ministro, un policía, un agricultor, no existe un perfil, existen rasgos comunes, son posesivos, celosos, manipuladores, controladores y a la vez encantadores y son 1 de cada 10 hombres en España los que continúan maltratando a sus parejas.

P.: ¿Por qué habla de supervivientes en lugar de víctimas?

R.: Porque las mujeres que hemos sido maltratadas y lo hemos superado no somos víctimas. Si hemos sido capaces de superar los malos tratos es porque somos mujeres muy fuertes, mujeres acostumbradas a trabajar bajo presión, mujeres que sabemos reinventarnos cada día para salir adelante, mujeres que nos reponemos rápidamente a la frustración, que tenemos una gran tolerancia al fracaso, que somos perseverantes y seguimos intentándolo a pesar de las dificultades, por lo que somos mujeres de éxito. Estas cualidades, que nos hicieron resistir y superar el maltrato, si las enfocamos en el mundo laboral, hacen de nosotras trabajadoras muy eficaces y comprometidas con el desarrollo económico y social de las empresas. Si las enfocamos en nuestra transformación personal, nos convertimos en mujeres supervivientes líderes de nuestro futuro. Si las enfocamos en transformar nuestro entorno somos agentes de cambio social. Las mujeres no somos el problema, somos parte de la solución.

P.: ¿Cómo se identifica, se previene y se combate la violencia de género?

R.: No hay que ser experta o superviviente para ayudar a una mujer que está siendo maltratada, cualquier persona puede hacerlo. Las leyes han cambiado, ahora es el turno de que toda la ciudadanía actúe como agente de cambio social y para acelerar este proceso estamos trabajando con grandes empresas. Sólo 2 de cada 10 mujeres maltratadas recibimos ayuda porque el resto no la piden, generalmente porque no se dan cuenta de que están siendo maltratadas. Sé que parece surrealista, pero a mí me pasó. Era una empresaria de éxito con un negocio millonario en Puerto Banús, saqué todo matrículas de honor en mis estudios, hablo idiomas, soy inteligente, mi marido me pegaba hasta con la correa y yo no sabía que estaba siendo maltratada, veía las noticias de mujeres asesinadas y me preguntaba por qué esas mujeres no huían antes de que las mataran, sin darme cuenta que yo era una de ellas. ¿Pero quiénes pueden darse cuenta? Sus compañeros/as de trabajo que pasan con ellas ocho horas al día. Gracias a empresas comprometidas como la Manufactura de Louis Vuitton, Damm, Boehringer, Pronovias, IKEA, Mullor, Sephora, Seat, Día, Benefit o Cobre Las Cruces estamos sistematizando la formación en prevención de violencia de género al igual que lo es la de prevención en riesgos laborales y creando protocolos de actuación para detectar y apoyar a las víctimas que suelen pasar desapercibidas. Formamos a las plantillas valiéndonos del relato personal en positivo de una mujer Superviviente y vamos detallando con ejemplos concretos qué es la violencia de género, cómo es ejercida y las señales de alarma para aprender a detectarla a tiempo en una misma o en una compañera. Aconsejamos cómo ayudar a una compañera si está siendo maltratada y cómo actuar si alguna persona identifica que su relación es abusiva. Colaboramos además con el Colegio Oficial de Enfermería en sus programas de formación, ya que el personal sanitario formado, detecta cuatro veces más casos de mujeres maltratadas que el no formado. También formamos a las mujeres de diferentes asociaciones de muchos pueblos para que aprendan a actuar como agentes de cambio, detectando si sus hijas, nietas, sobrinas, vecinas necesitan el apoyo de la Fundación Ana Bella

P.: Hace unos meses el Encuentro Internacional de Mujeres elaboró un decálogo de cómo ayudar a la mujer maltratada...

R.: En Febrero 2019 celebramos el primer Encuentro Internacional de la Red de Mujeres Ana Bella en Madrid. Nos reunimos 300 supervivientes de más de 20 países para elaborar conjuntamente un decálogo de cómo ayudar a una mujer que está siendo maltratada. Las diez claves son:  Pregúntale cómo está, escúchala sin juzgar. Hazle sentir que no está sola, que tiene una amiga o un amigo con quien puede contar. Créela aunque lo que te cuente suene a ciencia ficción. No le digas lo que tiene que hacer, pregúntale ¿Cómo te puedo ayudar?. Explícale con mucha paciencia por qué crees que está viviendo en una relación tóxica. Empatiza, ponte en su lugar, involúcrate sin decidir por ella. Respeta su ritmo, su tiempo para decidir, aunque necesite varios intentos antes de dejar la relación definitivamente. Comparte tu historia de superación para que utilice tu ejemplo en positivo. Acompáñala a buscar ayuda profesional y a acercarse a los recursos disponibles. Recuérdale lo mucho que vale, lo valiente que ha sido por romper el silencio y agradécele que haya confiado en ti. En definitiva, actuar como una amiga o amigo que la apoye incondicionalmente y que la acompañe en todo el proceso para que no se eche atrás. 

P.: ¿En qué difiere la problemática de las mujeres jóvenes víctimas de violencia y la de las mujeres mayores?

R.: En la Fundación Ana Bella hemos ayudado a niñas de 13 años, a la que el novio le había pegado sus partes con pegamento porque la vio hablando con otro chico, y a mujeres de hasta 81 años para que se divorciaran de sus maltratadores. Recuerdo a una mujer de 68 años que su marido la obligaba a comerse sus heces. La recuerdo en el juicio, tan serena y fuerte, tan feliz cuando logró su divorcio. No miramos dónde han nacido, ni la edad que tienen, cada mujer es diferente y cada proceso es único, cada circunstancia requiere de una estrategia personal para que el apoyo resulte eficaz. Cuando las mujeres están ya jubiladas, generalmente son sus hijos o hijas los que nos llaman porque no pueden soportar que sus madres sigan siendo maltratadas por sus padres, que al dejar de trabajar pasan más tiempo con la víctima y la violencia se intensifica. En estos casos es crucial la ayuda de la familia, para que apoyen incondicionalmente a la víctima y rechacen al maltratador. Y si por circunstancias económicas se hace difícil el divorcio de forma rápida, empezamos ofreciéndole una terapia para que la mujer se empodere y comience a llevar las riendas de su vida, poniendo límites al maltrato que está sufriendo y tomando conciencia de que esos abusos no se los merece, sino que se merece ser feliz. Recuerdo una mujer que me dijo “me he divorciado con 81 años pero ha merecido la pena porque aún me quedan algunos años de libertad y felicidad”. Sus hijos eran los que le querían quitar la idea del divorcio “si ya has aguantado a papá toda la vida, aguanta un poco más”, le decían.

P.: ¿Las mujeres mayores y educadas en el machismo lo callan todo?

R.: En 2019 aún existe machismo, no lo sufren solo mujeres nacidas en el siglo pasado. Tengamos la edad que tengamos, siempre puede haber alguien con quien hablar, por ejemplo compañeras de asociación, a las que acuden muchas mujeres jubiladas. Nos llaman muchas asociaciones pidiendo ayuda para alguna de sus miembros. Desde aquí hago un llamamiento a todas las asociaciones de mujeres para que cuenten con Fundación Ana Bella para formarlas en cómo actuar como agentes de cambio frente a la violencia de género. Gracias a mi peluquera hemos ayudado a varias mujeres ya jubiladas y nos dimos cuenta que las mujeres nos abrimos más a nuestras peluqueras que incluso a psicólogas o médicas, por lo que estamos formando también a peluqueras para que sepan actuar como agentes de cambio y nos pongan en contacto con las clientas que creen que pueden estar siendo maltratadas para que las ayudemos.

P.: En este 25 de noviembre, ¿cuál es su mensaje para esa mujer de cada diez, 2.150.000 mujeres en nuestro país, que es o ha sido maltratada?

R.: Hay que ser más fuerte y tener más valor para dormir cada noche con el hombre que te está maltratando a ti y a tus hijos e hijas que para pedir ayuda y empezar una vida nueva en la que vas a ser muy feliz. No estás sola, podemos ayudarte. Llámanos 667233133 / 691669095. En octubre de 2017 conté mis historia en un vídeo en facebook 'Amor o Muerte' que se hizo viral con 92 millones de views y recibimos 3 millones de peticiones de ayuda. Estamos desbordadas y por eso os necesitamos. Nosotras usamos nuestro amor y nuestra experiencia para acompañar a las mujeres, pero una vez que salen de las casas de acogida, 426 euros de una Renta Activa de Inserción (RAI) no es suficiente para salir de la exclusión, necesitamos medios económicos para que recuperen sus vidas no como víctimas dependientes de un subsidio, sino como mujeres supervivientes y felices. A veces es cuestión de un euro más para un billete de metro para acudir a una entrevista de trabajo, 30 euros para llenar el coche de carburante con el que nuestras voluntarias acuden a rescatar a las mujeres de sus casas o acompañarlas a la policía ya los juicios, 350 euros para que realicen una formación que las capacite para volver a trabajar o 600 euros para la fianza del alquiler de un piso lejos del maltratador.

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