Miriam Gómez Sanz
Sociedad
Cómo sobreviven los espacios de 'coworking' en las zonas rurales
Un estudio de la UOC analiza cómo se financian y cuál es su viabilidad futura en España y Alemania
Los espacios de coworking son lugares donde varias personas trabajan de manera independiente o en pequeños equipos, compartiendo instalaciones como mesas, salas de reuniones o servicios comunes. Surgieron como alternativa a las oficinas tradicionales y han ganado fuerza tras la pandemia y el auge del teletrabajo. Además de las ciudades, empiezan a expandirse en zonas rurales, con un potencial importante para fomentar la vida comunitaria y la actividad local.
La Universitat Oberta de Catalunya (UOC) ha llevado a cabo un estudio para analizar cómo estos espacios se adaptan a distintos modelos de financiación, cuáles son sus estrategias de sostenibilidad y cómo se integran en la comunidad. Para ello, se centraron en dos territorios muy diferentes: Cataluña y Renania-Palatinado, en Alemania.
"En un entorno urbano, los espacios colaborativos suelen tener mucha rotación; cada día hay nuevos usuarios con distintos perfiles. Eso puede generar oportunidades, pero hace que el espacio sea más impersonal y que sea difícil construir relaciones duraderas", explica Jorge Arturo Villarreal-Valtierra, autor principal de la investigación y estudiante de doctorado de la UOC.
En cambio, los espacios rurales suelen ser más cerrados y cercanos. Los usuarios se conocen entre sí, lo que facilita organizar actividades, colaborar y adaptar el espacio a las necesidades locales. Como destaca Villarreal-Valtierra: "La clave sería conectar más con la comunidad y disponer de gestores capaces de adaptarse a sus necesidades".

Modelos de financiación y sostenibilidad
El estudio incluyó diez casos (cinco en Cataluña y cinco en Renania-Palatinado), combinando cuestionarios a gerentes y entrevistas con asociaciones de coworking. Los resultados muestran que no existe un único modelo ideal.
"Aunque podría parecer que disponer de una gran subvención inicial sería la solución ideal, la investigación muestra que lo que mejor funciona es un modelo diversificado, que combine algo de financiación pública, inversión privada y aportaciones de los usuarios o actividades propias", explica Villareal-Valtierra.
En Cataluña, muchos espacios son privados y buscan diversificar ingresos a través de cooperativas, eventos culturales, coliving o alianzas con asociaciones. En Renania-Palatinado, por el contrario, los espacios dependen en gran medida de subvenciones públicas, lo que genera incertidumbre cuando cambia la administración local.

Espacios más sociales y colaborativos en Cataluña
Otro hallazgo destacado es la integración social de los espacios. En Cataluña, funcionan como comunidades activas: se comparten recursos, surgen amistades y, en algunos casos, proyectos empresariales. En Alemania, esta relación con la comunidad es más limitada, con menor colaboración directa con vecinos y asociaciones locales.
Villarreal-Valtierra subraya que la sostenibilidad a largo plazo depende en gran medida de la capacidad de adaptarse a la comunidad y de mantener modelos financieros flexibles que combinen distintas fuentes de ingresos.
El siguiente paso de la investigación será analizar cuántos de estos espacios siguen activos y qué estrategias han funcionado mejor a largo plazo, incorporando también la perspectiva de los responsables políticos. Esto permitirá diseñar políticas públicas más realistas, incluyendo líneas de financiación que reconozcan no solo el beneficio económico, sino también el valor social y comunitario de estos espacios.


