Sociedad

Se jubila Juanjo, el español que más tiempo ha cotizado: "Han sido 70 años de trabajo e ilusión"

Marta Jurado

Foto: Isabel Fernández

Domingo 7 de marzo de 2021

5 minutos

El propietario de la peletería Siber echa el cierre a sus 85 años tras haber trabajado desde los 13

Se jubila Juanjo, el español que más años ha cotizado: "Han sido 70 años de mucho trabajo e ilusión"
Marta Jurado

Foto: Isabel Fernández

Domingo 7 de marzo de 2021

5 minutos

Juan José Fernández Arias (Madrid, 1935) o Don Juanjo, como le llaman sus empleados de la peletería Siber, ha tenido una vida de película. De niño de la guerra trasladado durante un tiempo a Lugo, a montar su propio negocio junto con su hermano en el centro de Madrid en los años 60. El mítico taller de pieles y abrigos de alta costura ubicado en la calle Preciados durante más de 50 años, Siber, le ha permitido tener una vida que jamás pensó. "Crecer como persona, viajar y conocer el oficio de artesano", cuenta Juanjo a 65Ymás en una entrevista telefónica. Un trabajo que hubiese seguido manteniendo si no llega a ser porque la salud a sus 85 años "ya flaquea". "Yo me veía trabajando hasta los 90, pero no ha podido ser", nos relata.

"Toda una institución del comercio madrileño", decía hace unos días Fernando Ónega al enterarse de su retirada. "Gracias a gente como Don Juanjo, el déficit del sistema público de pensiones es un poco más pequeño", comentaba. Entre las clientas de Juanjo de toda la vida han pasado más de tres generaciones de mujeres. Entre ellas, famosas de todo tipo, desde Carmen Sevilla a Norma Duval, pasando por artistas internacionales e incluso el expresidente Adolfo Suárez. Ahora, echa el cierre definitivo tras más de 70 años en activo, lo que le convierte en el hombre de España con más años cotizados, que según relata a este diario, han sido "unos años de mucho trabajo e ilusión".

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Trabajando desde los 13 años

"Empecé a cotizar en en 1948 en mi primer trabajo a los 13 años en una mercería que todavía existe en la calle Conde Peñalver de Madrid. Falleció mi padre y teníamos que sacar la familia adelante. Y así empecé con la ilusión que creo que le falta a la gente joven de hoy. Entonces te ayudaban mucho tus mayores y tenían un proyecto de vida que era aprender un oficio", recuerda Don Juanjo. 

En pocos años, en 1963, decidió montar junto con su hermano su primer taller de peletería en la Calle Preciados convirtiéndose en un joven emprendedor a su 27 años. "No quedaba otra, teníamos que ganarnos la vida y pusimos el taller donde hoy está el Hotel Preciados", relata un Juanjo que por su voz todavía mantiene la vitalidad de entonces. Allí desarrolló la mayor parte de su carrera, entre tijeras y patrones de confección, con un equipo de trabajadores que él considera su familia. "Si he trabajado tantos años ha sido por ellos", señala. 

Un equipo, del que también formó parte la mayor de sus tres hijos, Consuelo y que todavía hoy ayuda a su padre en los trabajos que hace desde casa pese a haber cerrado la peletería. "Yo sigo haciendo cosillas, voy a la tienda de un amigo en Ríos Rosas donde todavía me llegan pedidos de clientas, que quieren que sea yo quien haga los arreglos. La gente ha sido muy agradecida conmigo, por lo que elegir un momento con el que quedarme de mi vida sería difícil, me quedo con todos". 

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Pese a todo, "un desastre" de pensión

"Yo hubiese seguido trabajando, porque soy muy bruto, pero hace 3 años me dio un ictus y qué le vamos a hacer, la salud manda", comenta entre risas y reconociendo que pese al contexto de coronavirus que vivimos él no lo ha pasado y sigue saliendo a la calle para seguir activo "de otra forma", nos cuenta. Entre sus proyecto futuro está el de crear un museo de peletería en su casa, "como lo que hizo Chicote con el vino". Y se lamenta de la pensión que le ha quedado tras tantas décadas trabajando. "Es un desastre, tendré uno 1.700 euros al mes, mucho para lo que he cotizado".

"Pero me quedo con el legado que he dejado y espero que mi familia siga valorando mi oficio de artesano", desea. "Desgraciadamente la sociedad no valora ya a los mayores, y menos a los que hemos sido emprendedores, maestros y hemos enseñado el oficio a muchos jóvenes", se lamenta. "Por suerte sigo teniendo clientas de varias generaciones, madres, abuelas y hasta bisabuelas de 103 o 104 años, de toda la vida, porque el negocio ha perdido mucho de lo que fue. Antes una niña llevaba una chaqueta de piel con mucho gusto, pero bueno, las cosas cambian y yo seguiré con mi nueva etapa con la misma ilusión que un chiquillo".