Manuela Martín
Sociedad
"La falta de vivienda y la inestabilidad laboral penalizan fuertemente la natalidad"
Expertos reclaman políticas públicas integrales frente al individualismo creciente
La Fundación Cruz Roja Española ha abierto su ciclo Conversaciones Humanitarias generadoras de Talento con un debate sobre demografía y vulnerabilidad, centrado en el impacto del envejecimiento y la migración en el siglo XXI. Expertas del CSIC, la EAPN-Europa y la ética filosófica advirtieron que la falta de vivienda asequible y la inestabilidad laboral penalizan la natalidad y amplían la exclusión, mientras reclaman políticas públicas integrales frente al avance del individualismo.
Envejecimiento, familias y cuidados
Diego Ramiro Fariñas (CSIC) habló de una “revolución reproductiva”: España se sitúa entre los países con menor fecundidad, con tasas que equiparan a las de Corea del Sur, y una combinación sin precedentes de baja natalidad y alta esperanza de vida. Ese escenario genera familias más estrechas y alargadas en el tiempo, con menos hermanos y primos, y mayores responsabilidades de cuidados entre generaciones muy longevas.
Alrededor de un 25% de las parejas llegará a la edad adulta sin descendencia, lo que incrementa la dependencia del cuidado formal y la vulnerabilidad de las personas mayores. Las personas expertas coincidieron en que la respuesta debe ser sistémica: pensiones y salarios dignos, salud accesible, educación inclusiva, servicios sociales que vayan más allá de la dependencia y políticas fiscales progresivas que sostengan este marco.
Vivienda, juventud y “batalla generacional”
La vivienda emergió como un factor clave de exclusión. Carlos Susías (EAPN) subrayó que muchas políticas habitacionales actuales “se han convertido en un factor de exclusión de mucha población”, dificultando la emancipación, la formación de familias y la planificación de la maternidad o la paternidad. El retraso en la emancipación y el descenso de la natalidad no responden a un mero cambio de valores juvenil, sino a la precariedad laboral y a la falta de conciliación.

Fátima Álvarez lamentó el individualismo creciente y recordó que la ética obliga a repensar la justicia distributiva y entre generaciones: “para mitigar las desigualdades a veces hay que ser desigual”, defendió, aludiendo a medidas de discriminación positiva que garanticen oportunidades reales a quienes parten en desventaja. La supuesta “guerra” entre jóvenes y mayores fue rechazada por las tres ponentes, que insistieron en que el problema son las condiciones estructurales, no las generaciones.
Migración, sostenibilidad y xenofobia
La migración apareció como pieza central para sostener el sistema social y económico. Susías recordó que, sin la población migrante, España necesitaría decenas de miles de nacimientos adicionales al año, algo demográficamente inviable. La inmigración es, por tanto, uno de los motores que explican que el país siga creciendo.
Se desmontaron bulos como el de que las personas migrantes se desplacen por las ayudas sociales, al señalar que comunidades con altos niveles de protección no concentran más población migrante que otras con menos recursos. Álvarez apeló a la memoria colectiva: “hemos sido un pueblo migrante”, subrayó, y defendió que la lucha contra la xenofobia pasa por “poner cara” a las personas y crear espacios de encuentro que rompan el aislamiento. Ramiro advirtió de que España ya compite por atraer flujos migratorios y que, si pierde atractivo, sectores como los cuidados de larga duración o la agricultura podrían sufrir graves carencias de mano de obra.
El debate también tocó la vulnerabilidad del medio rural, donde generar empleo no es suficiente si no se acompañan “calidades de vida y expectativas de vida” que hagan deseable permanecer en esos territorios. La jornada cerró con un llamamiento al “realismo activo”: reconocer los riesgos, pero aprovechar los logros de la alta esperanza de vida y la mejora educativa para impulsar cambios sociales justos.



