Sociedad

Nadine, el robot que muy pronto estará presente en residencias del mundo entero

Pablo Recio

Domingo 9 de junio de 2019

3 minutos

Su creadora desvela a 65Ymás los secretos de este robot social capaz de interactuar con los mayores

Nadine, el robot que muy pronto estará presente en residencias del mundo entero

"La finalidad de este proyecto es llegar a casa y que haya un robot que no sólo sea capaz de socializar sino que también ayude en tareas domésticas", afirma a 65Ymás la directora del Instituto para la Innovación de la Universidad Tecnológica de Nanyang (Singapur), Nadia Magnenat Thalmann. Esta frase, puesta en boca de otra persona, podría ser calificada como demasiado aventurada o propia de un capítulo de Black Mirror pero, dicha por Thalmann, adquiere una dimensión diferente ya que se trata de una de las expertas más competentes a nivel mundial en "robótica social". 

Esta investigadora, que lleva media vida dedicada al estudio de la inteligencia artificial, diseñó en 2016 el prototipo Nadine, un robot de aspecto humano hecho a su imagen y semejanza (se podría personalizar para que se pareciese a cualquier humano) que es capaz de entablar conversaciones complejas e incluso dar consejos. 

"Emprendí este proyecto basándome en un modelo de cabeza humanoide que teníamos en la Universidad de Ginebra que se llamaba Eva. El siguiente paso consistía en crear un robot que diese la impresión de que estás al lado de alguien y así nació Nadine", recuerda.

Desde que lo crearon, este prototipo, que puede hablar en inglés, francés, alemán, japonés, hindi y chino, ha sido expuesto ya en un museo de ciencia donde ha interactuado con más de 100.000 visitantes y ha "trabajado" durante seis meses en Singapur, "en una compañía de seguros dando información a los clientes y haciendo pólizas". 

Un robot para cuidar emocionalmente

Pero Nadine fue concebida con una segunda finalidad que no era la de asistir a clientes de una oficina: lo crearon para acompañar a personas mayores en las residencias. "Esta tecnología puede ayudar a dar conversación y escuchar a los residentes, poner música, leer si la persona no ve bien o ser su acompañante cuando el personal auxiliar está desbordado", sostiene la científica. Y señala: "Nadine es capaz de acordarse de hechos y emociones. Gracias a eso, puede entablar relaciones a largo plazo. Sabe lo que te gusta e incluso puede hacer de coach".

Además, este prototipo puede ser muy útil para las personas con demencia grave que necesiten estímulos constantes. Según Thalmann, sería positivo que hubiese un robot en cada una de las habitaciones dando continuamente conversación y ayudando a los residentes. "La idea es que asista al personal sanitario, que esté allí cuando no haya nadie, por las noches por ejemplo, para evitar posibles sensaciones de angustia", explica.  

"Son robots de compañía pero también pueden monitorizar al paciente y avisar a la familia del estado de su ser querido a través de emails, sms o llamadas", añade. "Puede controlar las calorías consumidas, incitar a hacer ejercicio, controlar lo que se come o si se bebe demasiado. Es una presencia humanoide que estimula y observa. Hay que verla de forma positiva. Las hemos creado para este fin", defiende. 

De momento, ya hay varias residencias suizas y asiáticas interesadas en contar con "un Nadine", aunque "el problema son los costes". "Habrá que esperar unos años para que baje el precio y sean más potentes", reconoce. 

Nadine.

Reacción de los mayores ante estos avances

Algo a tener en cuenta también, es que la buena o mala acogida de estos robots depende del continente en el que se viva. "En Asia hay muchos menos problemas que en Europa, la tecnología es apreciada. En países como China, Singapur o Japón los mayores podrían tener uno y todo el mundo estaría de acuerdo", sostiene. Sin embargo, en Europa aún quedan reticencias culturales que impiden que se incluyan ciertos robots inteligentes. 

"La sociedad europea está menos a favor de la tecnología. Dirán que no es humano, ni moral. Además, los sindicatos protestarán y dirán que van a quitar empleos", asegura Thalmann. No obstante, la experta entiende que no tiene por qué ser así puesto que estos robots pueden desempeñar labores de apoyo a los humanos y no necesariamente competir con ellos. "El problema no está en estas máquinas sino en lo que la gente haga de ellas", concluye.

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