Paco Sayáns, el hombre que ha dado la vuelta al mundo a los 85 años para dar ejemplo a sus nietos
Ha viajado con la única compañía de su bastón
Paco Sayáns se ha convertido en todo un ejemplo, y es que a sus 85 años ha dado la vuelta al mundo solo con su bastón.
Todo comenzó el pasado mes de septiembre, cuando se embarcó "en una aventura alrededor del mundo… con mi bastón". Comenzó en el Queen Mary 2 en su primera etapa de recorrido equipado únicamente con "una maleta de fin de semana, un solo par de zapatos y su bastón". Así, durante tres meses, viajando en tren, autobús, barco y avión, ha pisado suelo estadounidense, japonés, surcoreano y chino. También ha pasado por países como Kazajistán, por Rusia, Estonia, Lituania, Berlín o Bruselas.
La primera vez que Paco realizó un viaje de estas características fue en 1962. Lo hizo como guardiamarina en el Juan Sebastián Elcano, explica, y fue esta experiencia la que "seguramente sembró en mí el deseo de viajar".
"Aunque es verdad que la primera idea de un viaje como el que estoy realizando la tuve con 25 o 26 años. Ya era oficial de marina y tenía el sueño de dejar la Armada durante un par de años y dar la vuelta el mundo a vela… incluso tenía a un compañero que había engañado para que se apuntase a hacerlo conmigo. Al final no pudo ser", ha contado. No fue hasta hace un par de años cuando finalmente comenzó a organizar esta vuelta al mundo, la cual nació de "tres impulsos".
"Un primer impulso es de ver, de curiosidad. Cómo son las cosas y las gentes sobre las que he leído… Y lo que más curiosidad me genera de este viaje es la parte religiosa. Es un viaje que tiene como centro principal Japón, Corea, China y Samarcanda donde pretendía visitar las zauías de un par de sufíes de influencia persa importantes, pero al final no ha podido ser. Otro impulso es de sensaciones, de percepciones. ¿Qué sentiré al estar donde estuvo o por donde pasó fulano o mengano? O gente que he estudiado o gente que me ha interesado, sobre la que he investigado... Y, por último, el más extravagante, el impulso de vivirlo como reto de carácter casi físico, de esfuerzo y de prueba. Y por supuesto, superarla. Porque estoy viejo, porque puedo andar regular, porque ya no soy el que fui… lo que he querido plantearme es un reto que no pueda hacer un tío que tenga 85 años…".
Su bastón ha sido un compañero inseparable en su viaje, aunque estuvo a punto de perderlo. "He creído que ayer era el último día de mi aventura y que tendría que abandonar mi propósito y volverme a casa. El corazón se me paró cuando en el hall de la estación me di cuenta de que había dejado el bastón en el tren. Al abandonar el coche, guiando la maleta con ruedines y con prisa, no me di cuenta que había dejado el bastón en mi asiento", contó. No obstante, la suerte le sonrió y consiguieron recuperarlo, "el objeto cuya pérdida me hubiera hecho considerar la oportunidad de seguir con esto". Y es que necesita su bastón desde que hace 10 años perdió el sistema vehicular, lo que le dificultaba mantener el equilibrio por sí mismo.
Este no ha sido el único reto al que se ha tenido que enfrentar, pues aunque se maneja "relativamente bien con la tecnología", tal y como ha asegurado, y de que habla "un inglés que me ha permitido viajar y trabajar sin problema, perfeccionado en los 80 con aquella colección de Salvat de la BBC que aprendías con casetes", tuvo que ingeniárselas para el resto de idiomas y situaciones.
Lo que hizo fue utilizar una máquina de traducción simultánea, también llevó consigo tres localizadores GPS o airtags "que mis hijos, que no se fían de mí, me pusieron en maleta, mochila y faltriquera. Será para que no me pierda", tarjetas de pago y un ordenador pequeño para "poder ir tomando notas y haciendo las fichas para hacer de mi viaje algo provechoso", una tarea que tuvo que continuar en un cuaderno después de que dejase de funcionar.
"Viajar no tiene nada que ver con hacer turismo. Una vez probada la fruta del viaje ya no se quiere otra cosa. Digo esto porque viajar es andar despacio, impregnándote de todo lo que te rodea y extrayéndole su jugo. Es entonces cuando suceden cosas", ha reflexionado en su largo viaje.
Seguramente, la cantidad de experiencias que Paco ha vivido en este viaje no le quepan en un solo cuaderno. Lo que tiene claro es el motivo que le ha llevado a realizar esta aventura, así se lo explicaba a su nieto, al que visitó en su última parada en Bruselas. Lo ha hecho "por varias cosas, pero la primera para dar ejemplo a mis nietos de que con el tesón suficiente se alcanzan todos los objetivos que te propongas", ha explicado.
Paco volvió en diciembre, tras casi 3 meses de viaje, a casa, "con la libreta llena de experiencias, pensamientos y reflexiones". Fue recibido por dos de sus hijas, su yerno y su nieto Juan en una bienvenida que consiguió emocionarlo. "Vuelvo a Madrid y no pienso salir de mi casa en una semana", ha bromeado, y no es para menos pues este ingeniero naval ha logrado algo que parecería casi un imposible a su edad, algo que, sin embargo, ha demostrado que es bien posible.


