Sociedad

¿Por qué nadie quiere ser mayor?

Marta Jurado

Martes 12 de marzo de 2019

3 minutos

Expertos profundizan sobre el tránsito a la jubilación y la convivencia entre mayores

¿Por qué nadie quiere ser mayor?

Hay temas que provocan incómodos silencios, tabúes inconscientes que nos plantean por qué nadie quiere hablar de “la última etapa de la vida”. Como decía José Saramago en su poema sobre la vejez “¡No quiero pensar en ello!”.

Pero hay una realidad evidente, se envejece día a día. “Cada día estamos un día más cercanos a la muerte y hay que aprender a vivir con ello”, afirma Rubén Estandía, psicoterapeuta  de la AEP especializado en el tránsito a la jubilación y participante junto con otros expertos de psicoterapias en grupo de la mesa redonda “Trabajando por un envejecer saludable” de las jornadas sobre ciclo vitales, organizadas por la Federación Española de Asociaciones de Psicoterapeutas (FEAP) en el Ateneo de Madrid.

Lidiar con la pérdida es otra de las características comunes de la vejez a partir de los 80 años”, explica Yolanda Pecharromán, formadora socio-sanitaria en el Instituto de Psicología Asesores (IPA) que ha mostrado en las jornadas su experiencia de apoyo a grupos en instituciones como residencias de ancianos.

Desde la práctica en grupo del psicodrama, Juan Antonio Hungría, del ITGP resalta la importancia de llevar el teatro de la espontaneidad a los centros de mayores. Con esta técnica dramática se consigue “hablar de cosas que nadie quiere hablar”. Igual que propone en sus asambleas, el sociólogo jubilado Máximo Díaz Casanova, portavoz de Trabensol, una de las iniciativas pioneras en España de envejecimiento comunitario o cohousing que se mostró en la mesa redonda.

Residencia y cohousing, dos visiones contrapuestas

Los mayores necesitan que se les mire con otros ojos. Este fue el punto de partida de Yolanda Pecharromán para desarrollar su trabajo en grupo sobre la vejez en las residencias. “Es necesario sacar afuera las emociones ya que ingresar en una residencia supone un camino de pérdida que no siempre se sabe gestionar. Una pérdida de casa en primer lugar, pero también pérdida de salud, de relaciones sociales y familiares, de independencia…”, explica Pecharromán.

Para ello creó un grupo voluntario de personas alrededor de los 80 años que se reunían cada semana en una residencia de Zaragoza con ella como supervisora. “Son grupos abiertos porque el cuerpo no lo pone fácil. En ellos se alientan los recuerdos, canciones de un pasado, viajes o memorias de la Guerra Civil. Existe una necesidad especial de recuperar el aspecto sano de la persona y compartirlo”, cuenta la psicóloga.

Una situación, la de las dinámicas en una residencia de ancianos institucional, que contrasta enormemente con el proyecto de la cooperativa de vivienda autogestionada de Trabensol en Torremocha del Jarama (Madrid). En ella viven más de 80 personas alrededor de los 70 años en 54 apartamentos, según cuenta Máximo Díaz Casanova.

El proyecto surgió en 2002 impulsado por un grupo de excooperativistas que se plantearon “cómo afrontar el problema de la vejez desde una óptica solidaria al constatar la carencia de servicios sociales. “Tras más de 5 años de convivencia, la organización ha ido superando las dificultades de la convivencia en grupo a través de comisiones de trabajo y dinámicas de grupo, pero ahora el reto que se nos plantea es “qué hacer cuando seamos más mayores y tengamos más problemas de salud”, reconoce Casanova.

Feap
De izquierda a derecha: Virginia Alonso, moderadora; Máximo Díaz (Trabensol); Yolanda Pecharromán (IPA); Juan Antonio Hungría (ITPG); Rubén Estandía (AEP).

El tránsito a la jubilación y la gestión de emociones

Parece que frente a nuestros vecinos europeos que denominan la jubilación como retiro (retirement en inglés o ritiro en italiano), en España nos empeñamos en rodearla de una halo de “alegría” (del latín iubilatio). “Pero esto no es más que la negación de una parte no tan alegre de la jubilación que supone en muchos casos pérdida de poder adquisitivo, soledad o incluso depresión”, reclama el experto Rubén Estandía en su ponencia.

Este mito, según Estandía “tapa otras cosas de las que no se habla, a las que cuesta adaptarse y que olvidan que el conflicto es inherente a la vida. Y eso es irresoluble”. En un intento de adaptación saludable a la jubilación, este psicólogo organiza en Santander encuentros de personas mayores para reflexionar sobre el tema a través de diferentes técnicas como el psicodrama.

También sobre la base de esta técnica teatral para explorar las emociones, trabaja el gerontólogo Juan Antonio Hungría en tres centros de mayores en Madrid. “Yo considero que las personas mayores, como mi abuela, son el centro neurálgico de la familia. Ella me crió en el amor hacia las personas mayores”, cuenta.

Pero en estas dinámicas experienciales no todo es un éxito. “Hay momentos difíciles ya que en ocasiones a las personas mayores de 80 años les cuesta asumir reflexiones. Les cuesta mucho hablar de sus emociones ya que todo lo racionalizan”, explica. “Y hacen juicios. Pero eso no es sentir, eso es pensar”, concluye el psicoterapeuta de la escuela de Pablo Población y Elisa López Barberá. Una manera diferente de enfrentarse a esos temas olvidados y, consciente o inconscientemente, descuidados.

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Mike Hace 3 meses
Hola buenas tardes en primer lugar saludar a Yolanda Pecharroman.Tuve el privilegio de conocerla,conocer su enfoque profesional. En segundo y no menos importante comentar lo siguiente: Ser mayor,en mi humilde opinión es crecer,sumar experiencias....No debería ser una sensación de vacio,de finalización porque ¿quién o qué debería decidir eso.Todos tenemos,somos una "caja de herramientas" abierta...etc,etc es una pregunta abierta... Os mando un agradecimiento por este blog...y un salud
Elisa lopez Hace 6 meses
Conozco la profesionalidad de Juan Hungría y me cuesta creer que haya emitido alguna de las opiniones que se le adjudican, como por ejemplo que los mayores "...les cuesta.mucho hablar de sus emociones ya que todo lo racionalizan" Y hacen juicios pero eso no es sentir,es pensar.." .
Diego Dobal Hace 6 meses
Muy interesante! Me parece genial la idea de gente mayor conviviendo de forma solidaria y explotando al máximo posible la independencia. Una manera de reducir esas pérididas dolorosas...
Mari Carmen Hace 6 meses
De acuerdo con el artículo, hace 7 meses falleció mi marido, desde ese momento me he dado cuenta de que soy mayor, 84 años, me siento, mal físicamente y a eso se une la tristeza, la añoranza, he entrado en un mar de confusión, de apatía, de dudas, de desesperación, he comprendido que soy mayor y no tengo motivación para vivir lo que me quede.
Margarita Hace 6 meses
Buenas reflexiones sobre el tránsito de vida hacia otras formas de solidaridad entre mayores