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¿Eres adicto al agua? Peligros de ser un agualcólico

Anna Blanco

Foto: bigstock

Miércoles 29 de julio de 2020

2 minutos

Beber de forma compulsiva y sin control puede derivar en serias consecuencias para nuestra salud

¿Eres adicto al agua? Peligros de ser un agualcólico

Los beneficios de una buena hidratación son múltiples y conocidos. Por tanto, beber el agua necesaria según nuestra edad, sexo y condición física es un elemento necesario para llevar un estilo de vida saludable. De esta manera, el agua nos aporta, entre otras cosas, la hidratación necesaria para eliminar toxinas, mejorar nuestra memoria y concentración o evitar dolores de cabeza. Pero, además, el consumo de agua también está muy ligado a las dietas para adelgazar o a un buen aspecto de nuestra piel gracias a estar bien hidratada. Esto puede provocar que algunas personas lleguen a excederse en el consumo diario de agua convirtiendo su consumo en una obsesión que puede tener efectos secundarios muy perjudiciales para la salud (además de la posibilidad de padecer una enfermedad conocida como hiponatremia). Estas personas son agualcólicos, es decir, adictas a beber agua en exceso y de forma compulsiva, lo que en el ámbito médico se conoce como potomanía. 

Y es que lo que empieza como una costumbre saludable, pronto deriva en que “no puedan prescindir de sorbos regulares de agua y sientan pánico si no lo hacen incluso en cortos tramos de tiempo”, explica la periodista especializada en salud Mandy Francis en el Daily Mail.

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Síntomas de un adicto al agua

  • Beber cantidades excesivas de líquidos (principalmente agua) de forma compulsiva.
  • La ingesta de agua se convierte en una obsesión y, en casos extremos, un adicto puede llegar a beber hasta 10 litros diarios de agua. 
  • No necesitar tener sed para beber, sino que se bebe compulsivamente. 
  • Y si se da la situación de no poder beber agua, puede llegar a sufrir ataques de pánico.

Consecuencias de ser un agualcólico

Según los expertos existen tres consecuencias principales de beber agua en exceso como son el insomnio (beber grandes cantidades de agua, sobre todo al final del día, puede interrumpir el sueño), sudoración extrema (al beber más agua de la que se necesita, la sudoración es una de las formas con las que el cuerpo trata de deshacerse de este exceso) y, en los casos más grave, el envenenamiento por agua (al beber mucha agua en un espacio muy corto de tiempo, los riñones no pueden eliminar el exceso de líquido de nuestro cuerpo lo suficientemente rápido y nuestra sangre se vuelve más diluida de lo que debería ser con muy bajas concentraciones de sal). Además, si la ingesta de agua excesiva se convierte en una obsesión, empiezan a surgir problemas que se pueden detectar por síntomas como distensión de músculos abdominales, calambres musculares y cansancio, dolor de cabeza, náuseas, agotamiento general y pérdida de agilidad mental.  

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Pautas para detectar si bebemos demasiada agua

Además de controlar los vasos o botellas de agua que bebemos cada día, también es importante fijarse en el color de la orina. Debe ser de color pajizo claro porque si es demasiado clara es señal de un exceso de hidratación. En este sentido, es conveniente poner en cuestión el mito de que la orina incolora es un signo de buena salud porque es falso (la orina ha de tener un color amarillento aunque sea muy suave porque si es transparente es signo de haber bebido demasiada agua lo que impide que los riñones trabajen los suficientemente rápido como para expulsar la orina de nuestro organismo).

Otro indicativo que puede ayudarnos a ver si nos estamos pasando con el agua es controlar el número de veces que orinamos. Lo normal es ir al baño entre seis y ocho veces al día. Si son diez o más o cada cuarto de hora es una mala señal. 

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