Porqué

¿Por qué tiene tan mala fama el aceite de palma?

Mariola Báez

Viernes 29 de marzo de 2019

2 minutos

Este aceite presente, sobre todo, en productos procesados debe figurar en el etiquetado

aceite de palma (Bigstock)

El aceite de palma está presente, sobre todo, en productos procesados y debe figurar en el etiquetado. Así lo establece el Reglamento del Parlamento y Consejo Europeo 1169/2011 sobre información alimentaria que debe facilitarse al consumidor, precisamente para que cada uno decida si incluirla en su dieta o no.

El aceite de palma procede del fruto de la planta Elaeis guineensis, también llamada palma africana. Se ha utilizado durante décadas en el sector de la alimentación y también en el cosmético. En los últimos años parece haberse convertido en "lo peor" y su mala fama crece día a día. De hecho, numerosas marcas ya especifican en sus productos alimenticios “libre de aceite de palma”

Las características y las propiedades del aceite de palma

Es un aceite vegetal, económico y versátil, de ahí su uso en productos muy diversos, especialmente bollería industrial, pizzas, coberturas de chocolate, margarinas, helados, salsas elaboradas…

La Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) explica que, aunque se trata de un aceite vegetal, el 50% de su composición de lípidos se corresponde a ácidos grasos saturados, predominando el ácido palmítico. El aceite, una vez refinado, no aporta sabor, es estable y no se oxida fácilmente.

A través de la Agencia, el Ministerio de Sanidad considera este tipo de grasas no recomendables en el contexto de una dieta saludable porque eleva el colesterol y puede favorecer la aparición de enfermedades cardiovasculares y de arterioesclerosis. Tal como indica el propio Ministerio, esto no quiere decir que tengan que estar prohibidas, porque no existen motivos de seguridad alimentaria que lo justifiquen.

Ácidos grasos saturados

En el mismo sentido se manifiesta la Federación Española de Nutrición (FEN) que recuerda que son muchos los estudios que comparan los beneficios de una dieta que incluya ácidos grasos poliinsaturados con otra en la que predominen los saturados, estos últimos siempre relacionados con el aumento de peso, el incremento de la cantidad de lípidos en el hígado (hígado graso) y el aumento del colesterol “malo” en sangre.

No todo es malo en este aceite que se ha convertido en un "enemigo público”. En crudo, aporta carotenoides, tocoferoles y otros poderosos antioxidantes pero es su contenido graso específico y el proceso de refinado al que se ve sometido, lo que hace que el consumo de este aceite deba, si no suprimirse, al menos limitarse. 

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