'El Cordobés' presume de vitalidad a los 90 años: "Su edad biológica es de 60"
El mítico torero recibe la visita del doctor Manuel de la Peña, experto en longevidad
El mítico Manuel Benítez 'El Cordobés', distinguido como el V Califa, nació el 4 de mayo de 1936 en Palma del Río. A sus 90 años se ha convertido en un ejemplo de resistencia al envejecimiento, según afirma el doctor Manuel de la Peña, director de la cátedra del corazón y longevidad, que estuvo reunido y almorzando con él la semana pasada durante más de cinco horas. A través de una entrevista clínica, el célebre torero reveló muchos secretos de su longevidad. El doctor afirma que su edad biológica es de 60 años.
Entre sus costumbres sanas destaca que mantiene una actividad física continua a lo largo del día. Hace estiramientos, camina hacia delante y hacia atrás seis metros –como si estuviera delante del toro– hace ejercicios tipo bicicleta en la cama, se hace su automasaje para mejorar la circulación hasta donde le llegan las manos, se levanta y hace bici estática, y a las 10 de la mañana se mete en su piscina de agua fría y después en la de agua muy caliente. Hace pesas todos los días y juega al tenis.
Es delgado, de vientre plano y pura fibra. Consume una dieta mediterránea con productos frescos de temporada, donde siempre está presente el aceite de oliva. Duerme del tirón nueve horas con una dosis mínima de melatonina.
A los 87 años aprendió a tocar la guitarra y le encanta cantar y bailar, hasta tal punto que le cantó al doctor la canción dedicada a la Virgen que él mismo compuso. Es alegre, positivo y muy inquieto intelectualmente. Su mente está activa continuamente, ya que le encanta aprender cosas nuevas y su nuevo propósito es estudiar el comportamiento de los animales.
Además, es un amante de la naturaleza y cuando cumplió 80 años plantó más de 100.000 olivos en su hacienda de 90 hectáreas en el corazón de Sierra Morena, porque le gusta "respirar el oxígeno filtrado por los árboles".
'El Cordobés' se pasa la vida aprendiendo. Aprendió inglés en pocos meses, se hizo piloto y llegó a tener siete aviones para ir a las plazas de toros sin perder tiempo. Deslumbraba por su valor y coraje, dio varias veces la vuelta al mundo como una verdadera leyenda del toreo. Estuvo expuesto dos años en el museo de cera de Londres junto a su amigo el boxeador Cassius Clay. Fue recibido en la Casa Blanca por el presidente de EEUU Gerald Ford, se hizo íntimo amigo de Robert Kennedy, de Dalí y era inseparable del actor Cantinflas. Los Beatles querían ser sus socios y llegaron a desplazarse a Córdoba para proponerle acuerdos. También fue actor de cine y su película Aprendiendo a morir fue todo un éxito.
Al igual que todos los toreros recuerda con una sonrisa carismática que tuvo ocho cogidas graves, una de ellas por debajo de la mandíbula, otras por las ingles y piernas, entre otros muchos remolcones y volteretas que recibió. De hecho, afirma que "el miedo se quita con valor y ovaciones del público". "Disfrutaba mucho cuando salía a hombros después de cortar dos orejas y el rabo y todo ello me permitió hacer inversiones muy sensatas que le permiten vivir muy bien", le contó al doctor.
Su historial médico
Como es habitual en sus entrevistas clínicas, el doctor Manuel de la Peña, prestigioso cardiólogo, observó que su colesterol LDL estaba perfecto, por debajo de 70, su tensión arterial normal en 130/70 y su frecuencia cardíaca era normal, en 67.
A los 86 años sufrió algún síncope, motivo por el cual se le implantó un marcapasos en 2025, cuya batería tiene que reemplazar a los 96 años. Se quedó muy tranquilo cuando el doctor le contó que el marcapasos es un seguro de vida y que de hecho en su día también se le implantó a Servando Palacín, que tenía 109 años.
En 2022 sufrió una obstrucción severa de una arteria coronaria y se le implantó un stent y, en la actualidad, mantiene una disciplina férrea con su medicación. Con gran generosidad accede a autorizar al doctor De la Peña a revelar sus datos clínicos si con ello ayuda a la comunidad científica a demostrar que la edad no es un obstáculo para curarse ni mucho menos para operarse. Nunca fumó ni bebió alcohol, pero de forma ocasional le encanta tomarse su copa de champán, acompañado de unas gambas de Huelva, como lo hizo para celebrar su encuentro con el doctor.
El doctor De la Peña le regaló un rosario bendecido en el Vaticano por el cardenal Angelo Acerbi, que tiene 100 años, y le aseguró que, si se lo propone, podría entrar en el club de los supercentenarios, ya que tiene el mismo patrón de conducta y denominador común de todos ellos, gracias a su fuerza de voluntad, disciplina y costumbres sanas y, por ello, constituye un modelo de resistencia al envejecimiento. Al igual que la francesa Jeanne Calment, que a sus 122 años batió el récord mundial de longevidad.

