Fin del ticket en papel: "Digitalizar por defecto es una forma de violencia contra los mayores"
Un estudio de la UOC apunta a que favorecer el ticket digital en los súper refuerza el edadismo
La polémica sobre la posibilidad de acabar con los tickets en papel y optar por el comprobante digital en los grandes supermercados, continúa. Después de que la patronal de grandes supermercados, Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados (ASEDAS) propusiese en febrero cambiar la normativa que obliga a imprimir el ticket por defecto por motivos medioambientales, están creciendo la voces que alertan sobre su posibles efectos de exclusión social, especialmente a personas mayores y vulnerables.
Un nuevo análisis de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) advierte que la digitalización "por defecto", refuerza formas sutiles de "edadismo y desigualdad social" y puede poner en riesgo la autonomía y privacidad de los mayores, en línea con los reportajes ya publicados por el diario 65YMÁS sobre el tema. Aunque de momento es solo una propuesta de la patronal, –sin respuesta por parte del Gobierno–, los expertos señalan que si saliera adelante, el fin del ticket en papel supondría reducir el uso de objetos físicos en la vida cotidiana, como ya ha ocurrido con la libreta bancaria, la tarjeta física sanitaria, los teléfonos públicos o las entradas en papel.
Una forma de violencia estructural
La modificación de la normativa se basa, según ASEDAS, en argumentos medioambientales debido a los miles de ticket de papel que acaban en la basura cada día, suponiendo un ahorro estimado de 4.500 toneladas de papel. Pero los investigadores de la UOC advierten en su estudio que la "digitalización por defecto es una forma de violencia estructural, la haga quien la haga, y afecta más a las personas mayores porque es el segmento de la población que menos digitalizado está", señala Mireia Fernández-Ardèvol, catedrática de Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) e investigadora del grupo CNSC (Communication Networks and Social Change).
A pesar de que los datos muestran que cada vez hay más personas mayores que acceden a internet, todavía hoy los niveles de uso siguen siendo inferiores a los de la población general. A partir de los 75 años, el uso de internet cae drásticamente con la edad; el 49 % de las personas entre 75 y 84 años utiliza internet semanalmente, cifra que baja al 17,7 % a partir de los 85 años, según datos del ONTSI (2025). "Dentro de unos años no será una forma de violencia estructural que afecte más a las personas mayores, pero ahora mismo lo es", pronostica la experta.

Eliminarlo es acabar con una "insfraestructura de confianza"
Más allá de la falta de conocimientos tecnológicos, los expertos de la UOC ponen el foco en que el recibo en papel juega un papel crucial en la vida de los mayores. Daniel López, profesor de la UOC, define el tique físico y otros elementos como la libreta bancaria como una "infraestructura de confianza". Se trata de un comprobante tangible que les otorga autonomía y les permite llevar el control de sus gastos de forma independiente.
Forzar la transición hacia lo digital obliga a estas personas a depender de familiares o de terceros para consultar sus compras, tal como advertía Carlos San Juan en una entrevista a 65YMÁS. Esta dependencia forzada tiene consecuencias muy graves para su privacidad y su autoestima, ya que, como señala Fernández-Ardèvol, "a nadie le gusta no sentirse independiente". La sustitución de elementos físicos familiares genera en los mayores sentimientos de incertidumbre e inestabilidad en su día a día.

El edadismo tecnológico como forma sutil de discriminación
Para Fernández-Ardèvol, las empresas que impulsan medidas o innovaciones orientadas a la sostenibilidad no suelen tener en cuenta la discriminación por edad. "El edadismo está en todas partes y, por tanto, también puede estar ligado a prácticas que lo que quieren es promover la sostenibilidad", indica. A pesar de que estas innovaciones se hacen para ser más eficientes y ahorrar costes, también implican otros gastos asociados, por ejemplo, al mantenimiento del sistema digital, puntualiza la experta.
El informe del ONTSI alerta de que la baja adopción de estos servicios más complejos supone un claro riesgo de exclusión ante la creciente digitalización de los servicios tanto públicos como privados. Es un problema que afecta al conjunto de la sociedad, independientemente de la edad. "Pero en el caso de las personas mayores que no tienen interés en esta dimensión digital, los estamos forzando a unos mayores niveles de dependencia de otras personas", afirma Fernández-Ardèvol.

Diseño universal vs. innovación excluyente
La investigadora alerta de que las consecuencias, cuando esta dependencia digital no es querida, son muy graves para la privacidad y la autoestima de las personas mayores. "Aquellos documentos que querrían que fueran privados dejan de serlo, y obviamente afecta su autoestima. A nadie le gusta no sentirse independiente", ejemplifica.
En plena transición digital, el debate ya no es solo tecnológico o medioambiental, sino también democrático: ¿quién queda fuera cuando el mundo físico deja de ser la norma? "Hay muchos elementos en juego, cuando nos fuerzan a ir a lo digital sin posibilidad de mantener la dimensión analógica. Desde cuestiones vinculadas a la privacidad a temas de autonomía y respeto de nuestros derechos como ciudadanos y ciudadanas", afirma.
De ahí que los expertos de la UOC llaman a integrar una mirada heterogénea en el diseño de masas continúa siendo un reto pendiente. "Quien produce estos productos para consumo de masas considera que no sacará rendimiento de ellos si aplica principios del diseño universal; al final, con algunas excepciones, el mercado responde a las expectativas del propio beneficio económico", concluye Fernández-Ardèvol.
