Pensiones

Formas de estirar la pensión: cambiar la ciudad por el campo

Anna Blanco

Foto: bigstock

Sábado 10 de octubre de 2020

2 minutos

En la jubilación podemos necesitar fórmulas, como irse al pueblo, para sacar partido a la pensión

Formas de estirar la pensión: cambiar la ciudad por el campo

La reforma de las pensiones aprobada en 2011, que entró en vigor el 1 de enero de 2013 y que se aplicará de forma gradual hasta 2027, retrasó la edad de jubilación hasta los 67 años. Para la gran mayoría eso ha supuesto o supondrá retrasar el ansiado momento de dejar de trabajar, pero, también es cierto, que a veces miramos ese momento con preocupación porque puede significar que nuestro poder adquisitivo se reduzca. 

En estos casos es normal buscar fórmulas para reducir, a su vez, los gatos mensuales y adaptarse económicamente a la nueva situación que nos trae la jubilación. Una de las opciones que se plantean algunos pensionistas urbanitas es cambiar la gran ciudad por el campo para vivir en un entorno donde el nivel de vida sea más barato, es decir, por menos dinero se disfrute de una buena calidad de vida. Un buen trato, ¿no?

Tomar una decisión así que implique un cambio tan importante en nuestras vidas no es fácil por lo que es bueno ver las ventajas y desventajas de hacerlo para comprobar si es una opción que se adapta a nosotros antes de hacer las maletas para trasladarse al pueblo.

Ventajas del cambio

Según datos del INE de 2017, el 22,42% de las personas jubiladas poseen una segunda vivienda en propiedad y probablemente muchas de estas están en zonas rurales. Suele ser una vivienda que ya está pagada y con un mantenimiento más reducido que la vivienda habitual. Por lo tanto, los gastos asociados a la vivienda bajan, una de las ventajas significativas para optar por el cambio. De esta manera, ya podemos eliminar el gasto del pago del alquiler, si lo hubiera, de la vivienda en la ciudad o vender o alquilarla, si es de propiedad, para obtener un buen complemento a la pensión. 

Este último punto también es un aliciente, aunque no poseamos una segunda residencia a la que mudarse ya que, por norma general, alquilar o vender un piso en la ciudad será más rentable que hacerlo en el campo por lo que saldremos ganando. 

Una vez solucionado el tema de la vivienda, debemos valorar también cuales van a ser nuestros gastos mensuales para mantener el ritmo de vida deseado y cómo varían si tenemos nuestra residencia en la ciudad o si bien decidimos hacer el cambio por el pueblo. En la mayoría de casos, el importe será menor si dejamos la gran ciudad por lo que supone una ventaja para lograr estirar la pensión recibida.

Además, más allá de las ventajas económicas, la vida en el medio rural también puede aportar otros alicientes como disfrutar de un entorno más relajado donde disfrutar de la naturaleza, pero con todas las comodidades de las que disfrutan actualmente la mayoría de pueblos. 

Y, por otra parte, realizar un cambio de vida tan 'radical' puede significar también la oportunidad para empezar o recuperar buenos hábitos y dejar atrás todo aquello que no nos satisfacía de nuestra vida en la gran ciudad. 

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Desventajas de optar por el campo

Por mucho que económicamente salga a cuenta el cambio de la ciudad por el pueblo a la hora de jubilarse, esta no será una buena opción para aquellos que su relación con el entorno rural sea nula o no deseada. Estamos hablando de los cosmopolitas que no disfrutarían de la conexión con la naturaleza o de un ritmo de vida más tranquilo.

Por otra parte, probablemente un cambio de residencia significará alejarse de la familia (hijos y nietos) por lo que hay que asegurarse de que esto no vaya a suponernos un problema a la larga. 

Y es que un cambio de este tipo ha de emprenderse con ilusión, de forma meditada y con un claro objetivo: disfrutar de la merecida jubilación.

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