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¿Es la felicidad una cuestión de genes y moléculas?

Teresa Rey

Sábado 13 de abril de 2019

2 minutos

Carlos López-Otín responde a esta pregunta en su nuevo libro con una fórmula genómica para ser feliz

Es la felicidad una cuestión de genes y moléculas (Ed. Paidós)

¿Qué vínculo existe entre los genes y la felicidad? ¿Se encuentra esta escrita en nuestro código genético? Tales cuestiones son las que han llevado a Carlos López-Otín, catedrático de Bioquímica de la Universidad de Oviedo e investigador de cáncer y envejecimiento, a escribir un libro con sus conclusiones al respecto. En La vida en cuatro letras (Ed. Paidós) expone su “imperfecta fórmula genómica” sobre la felicidad, partiendo del origen de la vida y explicando cómo las adversidades hicieron aparecer las enfermedades convirtiéndose en “una amenaza universal” para conseguir este estado al que todos aspiramos de una forma u otra.

¿Qué es la vida?

López-Otín,parte de una pregunta básica: “¿Qué es la vida?”. Una cuestión que puede tener miles de respuestas, pero que este experto responde desde su conocimiento, el del genoma. De hecho, junto al grupo de investigadores que dirige ha descubierto más de 60 nuevos genes humanos muchos relacionados con el cáncer y otras enfermedades, y otros vinculados al envejecimiento acelerado.

Analiza determinados momentos estelares que han acaecido en la Tierra y que explican el por qué estamos aquí. En este camino surgieron las enfermedades, que alteraron nuestro universo, y a partir de ahí argumenta desde un punto de vista científico su origen y expone las claves de la vida.

Lenguajes moleculares

Para entender mejor lo que plantea, es importante conocer los lenguajes moleculares, asegura el científico. Además de los genes estamos rodeados de numerosos “lenguajes biológicos variables y dinámicos, que derivan en gran medida de nuestra interacción con el ambiente”. El autor desvela que ahora se están empezando a descifrar estos lenguajes ómicos, como el epigenoma y el metagenoma, y de los cuales se están aprendiendo “lecciones insospechadas”.

En este viaje, el experto en bioquímica nos habla de los descubrimientos de Watson y Crick, que revelaron que el origen de la vida se inscribe en la cadena de ADN mediante un código molecular de solo cuatro letras y que designan cuatro componentes químicos: A de adenina, C de citosina, G de guanina y T de timina. De ahí, el título de la obra La vida en cuatro letras.

A través de su disertación llega a plantear el futuro de los seres humanos en este planeta de los genes, abordando cuestiones como la inmortalidad, la perfección, la robótica o la inteligencia artificial. Y, entre sus conclusiones, añade cinco claves generales y catorce breves recomendaciones, de las cuales dice lo siguiente: “A mí personalmente, tras mi particular viaje al centro de la vida, me han ayudado a entender un poco mejor el concepto de felicidad, tanto en la salud como en la enfermedad”.

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