Televisión

El estremecedor testimonio de Eva Fahidi, la bailarina de 94 años superviviente de Auschwitz

65ymás

Sábado 7 de noviembre de 2020

3 minutos

Mercedes Milá conoció su terrible historia en 'Scott y Milá'

El estremecedor testimonio de Eva Fahidi, la bailarina de 94 años superviviente de Auschwitz
65ymás

Sábado 7 de noviembre de 2020

3 minutos

Mercedes Milá cerró esta semana la segunda temporada de Scott y Milá en Movistar+, un particular espacio en el que la presentadora, acompañada por su mascota, realiza un viaje personal para descubrir el mundo y a sí misma.

Esta última entrega estuvo dedicada al baile, el mejor antidepresivo natural. Mercedes Milá, que se ha propuesto incluirlo en su rutina, movió los pies y las caderas a ritmo de swing, conoció el baile como terapia y descubrió a personas increíbles a las que esta actividad les ha cambiado la vida.

 

 

El momento más emotivo de este episodio fue la entrevista que la periodista realizó a Eva Pusztai-Fahidi, bailarina húngara de 94 años, superviviente del campo de concentración de Auschwitz y que perdió a casi toda su familia en el Holocausto. Sin embargo, nada de ello ha sido obstáculo para que haya seguido bailando.

Fahidi cuenta cómo la llevaron a la fuerza a una fábrica de ladrillos y cómo los deportaron en un tren de ganado, donde tuvieron que compartir espacio más de 80 personas varios días y con una única jarra de agua para todos.

 

 

Su terrible historia

Tal y como relató a principios de 2020 en una entrevista en La Vanguardia, Eva Fahidi tenía 18 años cuando fue arrancada junto a su familia de su ciudad natal, Debrecen, después de que las tropas alemanas ocuparan Hungría en la primavera de 1944. Los Fahidi llegaron en junio de ese año al que era ya un vasto complejo de campos, tanto de concentración como de exterminio, con el doble nombre de Auschwitz/Birkenau. En el andén del tren aguardaban hombres de las SS, entre ellos el ­infame doctor Josef Mengele. Era el momento de la selección de los judíos: unos eran enviados direc­tamente a la muerte en las cámaras de gas, algunos considerados aptos para trabajar eran apartados, y Mengele buscaba cobayas para sus experimentos pseudocientíficos.

"Éramos dos familias, la de mi padre y la de su hermano, en total diez personas. Separaron a hombres y mujeres nada más llegar. Fue todo tan rápido; de pronto mi padre ya no estaba. A las mujeres nos pusieron en filas. Yo estaba con mi prima; ella tenía un bebé de seis meses, metido en un capazo que llevábamos entre las dos. Creo que después de tres días de viaje en tren hacinados y con temperatura de más de 30 grados, el bebé ya estaba muerto. Mi prima y yo nos parecíamos mucho. Mengele nos preguntó si éramos gemelas, le dijimos que no, y quién era la madre del bebé; al saberlo, me apartó a mí. Fue la última vez que vi a mi madre y a mi hermana pequeña", explica.

Las mujeres de su familia fueron asesinadas con gas ese mismo día –su padre y los hombres también–, mientras Eva y las demás seleccionadas eran rapadas y despachadas entre gritos a las barracas. “Llegó la noche, y ellas no volvieron. La segunda noche esperamos de nuevo, y no volvieron. Entonces las nuevas nos dirigimos a la kapo encargada, una chica eslovaca de nuestra edad que llevaba allí dos años; la habían deportado en 1942. Yo llegué con tres hermanos y varias primas; están todos muertos, sólo quedo yo. Y cuando vinimos era invierno, no había nada, sólo barracas y nieve, sólo perros ladrando y las SS. Y tuvimos que construir el campo con nuestras manos. La kapo dijo que debíamos creerla, porque era la verdad. ¿Quién podía imaginarlo, y quién podía prepararse para ello?", se pregunta.

Éva pasó ocho semanas en Auschwitz/Birkenau, antes de ser enviada a trabajos forzados en Alemania en un contingente de mil húngaras, que hicieron una parada en el campo de Buchenwald. Casi hasta el final de la guerra trabajó en una fábrica de munición en una localidad que ahora se llama Stadtallendorf. De su familia sólo sobrevivieron ella y una tía, que era médica y a la que Mengele había reclutado para trabajar en el hospital. Pero al volver a Hungría, la tía se suicidó.

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