Antonio Campos
Opinión

No existía para la sociedad

Antonio Campos
No existía para la sociedad. Foto: Europa Press

Ocurrió en Reus, provincia de Tarragona, pero podía haber sido en cualquier otro lugar. Una mujer octogenaria murió en un incendio de su casa provocado por una vela con la que se iluminaba, ya que tenía cortada la luz eléctrica desde hacía dos meses, por impago. Esta señora sí que era pobre de solemnidad, demandada judicialmente de desahucio por impago del alquiler, no podía pagar el agua ni la luz.

Pero ni se sublevaba ni protestaba. No era joven sin ganas de trabajar, ni inmigrante ilegal, ni okupa, ni se manifestaba tirando adoquines a la policía, ni había estado en la cárcel, ni apoyaba el independentismo, ni sabía de leyes más que los abogados como ocurre en este país con todos aquellos que transgreden la ley. Lo que es lo mismo, no existía para la sociedad.

Subvencionamos a facinerosos de todo tipo y de todas partes, vagos, insolidarios con quienes pagan impuestos, que se aprovechan de la idea imperante de igualdad entre desiguales, que reclaman una serie de derechos sin contraprestación de obligación alguna, y nos olvidamos de quienes han vivido para que nosotros tengamos el estado de bienestar que ellos no tuvieron, o no pudieron conseguir.

Deberíamos reconsiderar nuestro concepto de democracia que, al igual que la caridad, empieza por uno mismo.

Sobre el autor:

Antonio Campos

Antonio Campos

Antonio Campos nació en Ciudad Real, en la España del queso amarillo y la leche en polvo de los americanos. Licenciado en Económicas, Diplomado en Humanidades, PDG por el IESE. 

Ha trabajado durante muchos años en un importante grupo multinacional del sector financiero, al que reconoce estar agradecido por haberle dado la oportunidad de desarrollarse profesional, académica, personal y humanamente. 

Conseguida cierta estabilidad profesional y dineraria, volvió a su verdadera pasión de juventud, escribir; desde entonces, han sido cuatro libros y unos dos mil artículos de opinión, económica y política, publicados en diferentes medios de comunicación, pretendiendo conjugar la libertad individual o personal (el progresismo) con la libertad económica (el conservadurismo), elogiando las ideas y no las ideologías.

Y lo hace, dice, pretendidamente independiente, ideológica y socialmente, con la libertad de quien tiene libre el tiempo, el pensamiento y la palabra.

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