Viernes 17 de abril de 2026
3 minutos

Como tantos de mi generación, comencé a trabajar a los 15 años y, al acceder a mi vida laboral en internet, me encontré con que no me cotizaron hasta los 20 años, además de otros pequeños periodos de doble cotización.
Me he pasado la vida como fontanero y calefactor, de rodillas muchas horas y cargando pesos, lo que me ha llevado a sufrir de las extremidades y de la espalda en numerosas ocasiones.
Tras pasar por varias situaciones como autónomo y más de 20 años en una empresa, tuve que ser operado de una rodilla con 59 años. Tras unos meses de baja, recibo una carta de despido por "ineptitud sobrevenida", dado que hacía tiempo que necesitaba que algún compañero me ayudase habitualmente por mis limitaciones de movilidad por las rodillas y las lumbares.
Al paro y de baja. Nueva sorpresa, tras mantenerme el INSS en situación de estudio de incapacidad, a falta de dos semanas para el plazo máximo de dos años, recibo SMS con la denegación.
Tras la operación, el doctor pidió traslado. A fecha de hoy, llevo 27 meses sin conseguir que me vea un traumatólogo, a pesar de haber reclamado en todas las instancias posibles. Se escudan en que en mi hospital de referencia solo hay uno y no me dan opción a ir a otro. Aragón es así, y Zaragoza lo copa todo.
En resumen, con la Administración hemos topado.
El despido evidentemente es involutario, pero no entra en las opciones de jubilación a partir de los 61 años. ¿Me lo pueden explicar? El INSS dice que no es fuerza mayor, ERE, causas económicas etc.
¿Sabe una señora en un despacho lo que tiene que hacer un fontanero para decidir denegar la incapacidad para la profesión? La invito a meterse debajo de una fregadera a sustituir el grifo, en un ejercicio de contorsionismo como pocos. Subir a un andamio, tratar con productos tóxicos, cargar con un radiador por las escaleras de una obra, y multitud de trabajos que ni se le ocurren, pero que a mis casi 62 años, conozco perfectamente y que, gracias a ella, que ni siquiera se ha dignado a una entrevista personal, y a nuestros queridos políticos que no trabajan en el asunto ya votado de las largas cotizaciones de más de 40 años, me llevan a tener que solicitar el exiguo subsidio para mayores de 52 y tener que esperar a los 63, casi dos años y perder buena parte de mi jubilación.
A raíz de todo esto, me he encontrado con intentar pedir una cita en el INSS, para la que lo más pronto eran 12 días desplazándome a 50 kilómetros, habiendo oficina en mi ciudad, 16 días para el SEPE, esta vez aquí.
Lo más sangrante es acercarte al INSS para preguntar y encontrarte a un guardia de seguridad que no te deja pasar sin cita, una funcionaria tras una mampara sin atender a nadie y dos más de charla apoyadas en una mesa del fondo. Pero hay que pedir cita.
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