El estrés silencioso del peatón: cuando la acera deja de ser un refugio

El estrés silencioso del peatón: cuando la acera deja de ser un refugio Miia

Durante generaciones, la acera fue el espacio más seguro de la ciudad. Un lugar donde caminar, conversar o simplemente pasear sin preocupaciones. Sin embargo, muchos peatones sentimos hoy que esa tranquilidad se ha ido perdiendo.

La presencia de bicicletas y patinetes circulando por espacios reservados para peatones ha introducido una sensación de inseguridad que va más allá del riesgo de sufrir un accidente. El problema no es únicamente físico; también es emocional.

Cada vez más personas afirman caminar pendientes de lo que ocurre a su alrededor, vigilando constantemente para evitar un sobresalto. Lo que antes era una actividad relajante y beneficiosa para la salud se convierte, en ocasiones, en un ejercicio de atención permanente.

Esta situación afecta especialmente a las personas mayores. Para ellas, pasear representa autonomía, bienestar y contacto social. Pero cuando aparece el miedo a ser arrolladas o a sufrir una caída, muchas reducen sus recorridos o dejan de salir con la misma frecuencia.

No se trata de enfrentar a peatones, ciclistas o usuarios de patinetes. Todos tienen derecho a desplazarse por la ciudad. La cuestión es recordar que la acera nació para proteger al peatón y ofrecerle un espacio de calma.

La calidad de una ciudad no se mide únicamente por la rapidez con la que nos movemos, sino también por la tranquilidad con la que podemos caminar. Creo que recuperar esa confianza es un reto de convivencia, respeto y sentido común.


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