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Opinión

Crece la desigualdad en España

Carlos Pereda
pobreza

La desigualdad entre los hogares españoles se puede medir en términos de renta (flujo de ingresos) o de patrimonio (bienes en propiedad menos deudas). Ambos conceptos miden cosas distintas y presentan resultados diferentes. Así, según la última Encuesta Financiera de las Familias del Banco de España, la renta media de la mitad más rica de los hogares fue cuatro veces superior a la de la mitad más pobre (55.120€/14.560€) en 2017, mientras la distancia en términos de patrimonio era trece veces superior (470.000€/36.000€). Sin embargo, las estadísticas sobre desigualdad se basan en datos de renta y no de patrimonio, en cuyo caso el alcance de la desigualdad sería mucho mayor

Cada nueva edición de la Encuesta confirma la tendencia al ensanchamiento de la desigualdad y fluctuaciones particulares asociadas al ciclo económico. Desde la primera Encuesta de 2002 hasta la sexta de 2017, la polarización se ha extremado entre  el 10% de hogares más ricos y el 25% más pobre. En los tramos restantes se reproduce la misma lógica: aumentan su patrimonio los relativamente ricos y lo reducen los relativamente pobres, mientras se estancan los intermedios. Es el carácter cíclico de la lógica capitalista, que ahora entrará en un nuevo pico de endeudamiento y pobreza con la crisis del coronavirus.

Enriquecimiento masivo de un sector menor

La décima parte de hogares más ricos ha incrementado su patrimonio medio un 58% desde 2002, acumulando una riqueza en 2017 de 2,5 billones de euros, más que todo el resto de hogares.  En lo financiero han copado prácticamente todo el mercado empresarial al disponer del 85% de las acciones cotizadas en bolsa, del 97% de las acciones no cotizadas y del 77% de los fondos de inversión. En el plano inmobiliario, el 93% de estos hogares dispone de segundas  y terceras viviendas que a veces arriendan a hogares más pobres. 

Los hogares con renta o ingresos más altos disfrutan de un nivel de consumo superior en todos los órdenes y además tienen más capacidad de ahorro e inversión, lo que les permite incrementar año a año su patrimonio.

Empobrecimiento de la cuarta parte de los hogares

El cuartil de hogares más pobres (12 millones de personas) partía en 2002 de un pequeño patrimonio medio (17.000€ netos) que era 50 veces menor que el de los muy ricos (857.000€). Tan exiguo patrimonio se fue reduciendo hasta pasar a ser negativo en 2014 y 2017, lo que significa que sus deudas han terminado por sobrepasar a sus activos. Se trata de un sector de la sociedad que a duras penas puede hacer frente a sus necesidades cotidianas dando lugar con frecuencia al impago de la vivienda, la luz, el agua o el gas, y el consiguiente problema de desahucio o corte del suministro,  así como a situaciones de insolvencia en la compra de alimentos, vestido, transporte, gastos extraordinarios de educación y salud, etc. 

En 2017 la mayoría de estos hogares empobrecidos vivía de alquiler y sólo el 28% en propiedad (de éstos, tres cuartas partes con hipoteca pendiente).  En 2011 tenía casa propia el 46%, lo que supone una bajada de 700.000 viviendas propias en sólo seis años, una cifra que se corresponde con los desahucios hipotecarios registrados en España en el mismo periodo. Este proceso de desposesión de la vivienda en propiedad ha aumentado el trasvase de renta desde los hogares pobres hacia los ricos a través de los alquileres provocando una sangría de más de 22.000 millones de euros en 2017. 

Más de la mitad de los hogares empobrecidos tiene deudas pendientes, con un nivel de endeudamiento con frecuencia superior a su renta anual. No obstante, las deudas de estos hogares, que habían crecido a un ritmo muy intenso hasta 2014, bajaron de forma importante en los tres años siguientes como consecuencia del incremento de 1,5 millones de empleos que dieron lugar a un crecimiento de la masa salarial del 12%. 

Jóvenes más pobres, jubilados más ricos

Las sucesivas Encuestas del Banco de España permiten conocer la evolución de la riqueza en función de la edad del cabeza de familia. Así,  mientras la riqueza media de los hogares jóvenes se ha reducido en un 59% entre 2002 y 2017, pasando de 114.000€ a 47.000, los hogares con el cabeza de familia entre 55 y 64 años la han aumentado en un 10% (de 288.000 a 317.000€) y los de recién jubilados, entre 65 y 74 años, en un 78% (de 208.000 a 369.000€). Se confirma así una tendencia acelerada a la precarización de las condiciones de vida y de trabajo de la juventud, que se ha agudizó en la etapa posterior a la crisis de 2008.

Política económica antisocial

La evolución patrimonial de los hogares en España lleva a la conclusión de que el modelo social establecido en las últimas décadas no favorece  la cohesión social sino, más bien, una creciente desigualdad y la exclusión de amplios sectores de población. La precariedad laboral y la insuficiencia de una política de garantía de rentas para acceder a la vivienda, a la alimentación y a otras necesidades básicas, son el corolario de una política económica que ha multiplicado por cinco el stock de capital empresarial entre 1994 y 2018 (de 0,5 a 3 billones de euros constantes) a la vez que se reducía el poder adquisitivo de los salarios y se aplicaban reformas laborales regresivas. 

Se podría pensar que la desigualdad y la pobreza son inevitables pero no es así. El problema es el reparto. Tendríamos que lograr que la riqueza se distribuyera con mayor equilibrio, que el sistema de impuestos fuera más progresivo y que los derechos dejaran de ser letra formal de nuestras leyes. Una labor que, en democracia, no puede ser coto cerrado de los partidos políticos sino responsabilidad de una ciudadanía consciente y comprometida.


Carlos Pereda es sociólogo, miembro del Colectivo Ioé, y coautor del Barómetro Social de España. Una versión más amplia de este artículo se puede encontrar en www.barometrosocial.es 

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