Fernando Ónega
Opinión

Campo, tormenta perfecta

Fernando Ónega
Campo, tormenta perfecta

La revuelta campesina nos despertó como un sobresalto. Estábamos entretenidos con la política, los titulares de escándalo, el deporte nacional de especular sobre la duración del gobierno, el poder de Rufián o el veto parental. Y de pronto hemos vuelto a ver tractores en las carreteras, la ira del agricultor que no puede con la dictadura del mercado y los intermediarios, la agonía de la España rural… Es como una sacudida a las conciencias. Una sacudida que nos hace preguntar de qué estamos hablando, si no sabemos escuchar la angustia del campo, víctima de una nueva tormenta perfecta en la que se dan cita los precios que les pagamos, los costes de producción que ignoramos, la competencia de países que venden más barato. De qué estamos hablando, si debajo de toda la farfolla política hay una nación que ignora si sobrevivirá. De qué estamos hablando, si el campo está enfermo y lo peor: nadie sabe que medicina lo puede curar. 

 

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